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ARTE Y EROTISMO EN LA HISTORIA La sensualidad al servicio del artista José Manuel Frías Diferentes artistas a lo largo de la historia de la humanidad, han descubierto en el erotismo algo más allá de la mera representación del sexo, aplicando sus múltiples y a veces desconocidas proyecciones al campo de la pintura, la escultura y la cerámica. Un arte que ya era representado por el hombre prehistórico, y que hoy día tiene su máximo exponente en la fotografía. Aunque algunos se empeñen en lo contrario, el erotismo (en griego, “amor apasionado unido al deseo sensual” y personificado por Eros, Dios del amor y el sexo), como cualquier otra faceta de nuestra vida cotidiana, puede ser transformado en arte. La idea no es nueva. Dicho estilo artístico es tan antiguo como el hombre. El popular “Adonis de Zschernitz”, con una antigüedad de siete mil años, es una pintura rupestre alemana que nos ofrece una curiosa situación plasmada en el interior de una cueva: un hombre sobre una mujer en pleno acto sexual. Pero esta primigenia postura “del misionero” tenía sus antecesores en otros “graffiti” del paleolítico aun más antiguos, de hace doce mil años, con representaciones de genitales femeninos. Y es que nuestros ancestros ya mostraban interés por realizar pinturas y grabados con motivos sexuales, aunque la finalidad era más religiosa y simbólica que estimuladora. La antigua Grecia iba más allá, mostrándonos los más antiguos perfiles de inclinaciones sexuales lésbicas y homosexuales en su arte cerámico. Nada de ello era considerado inmoral, y tales elementos aparecían esparcidos por los enclaves comunes en la vida diaria, entre ellos los templos y viviendas, donde los enormes falos o “hermas” eran considerados fiables amuletos. Algo similar ocurrió en el Imperio Romano, donde dichos miembros masculinos proporcionaban suerte y prosperidad a la familia si se colocaban en las entradas de las casas. Eran sin duda alguna figuras y grabados usados para la decoración y considerados de buen gusto. El sexo explícito romano se relacionaba también, en ocasiones, con la prostitución. Además de servir como reclamo en las puertas de los burdeles, servían de guía para llegar a ellos, encontrándose en las calles imágenes grabadas de de penes y testículos guiando al visitante a aquellos centros de intercambio carnal. En otras épocas y culturas también encontramos ricos exponentes de arte erótico y sexual. La civilización mochica de Perú, a través de sus cerámicas, mostraban actos tan llamativos como la felación, el sexo anal o el onanismo. Y las culturas orientales, principalmente la japonesa y la china, usaban el arte para representar relaciones tanto heterosexuales como homosexuales. El estilo japonés shunga, de mediados del siglo XIII, nos mostraba tales actos mediante la impresión de bloques de madera, mientras los chinos, por aquel entonces, ganaron fama con las novelas de alto contenido sexual, siendo algunas de ellas prohibidas por considerarse pornográficas, como son los casos de “Historia de Genji” y “Ciruelas en una vasija de oro”. Dichas escenas eróticas aparecerían también impresas en llamativos manuscritos medievales. Erotismo al alcance de todos Pero lo que hasta entonces no había pasado de ser un arte al alcance solamente de personas adineradas y de alta condición social, pasó a formar parte de la cotidianidad occidental tras la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg. A su vez, lo que había sido considerado un arte por nuestros ancestros, comenzó a sufrir una incomprensible persecución por parte de la más rancia y cristalizada sociedad. Uno de los primeros casos de arte erótico impreso fue el “Kamasutra” editado por Marcantonio Raimondi en el año 1524, llegando a causar tanto revuelo que todas sus copias fueron destruidas y su autor encarcelado por orden del pontífice Clemente VII. Un siglo después la censura no había disminuido, y tras la publicación de “L´Ecole desde Filles”, buena muestra del erotismo literario francés, sus posibles autores sufrieron igualmente penas de prisión. Mayor empuje tuvo el arte erótico durante la Ilustración, momento de fuerte represión sexual, donde el sexo era usado como arma arrojadiza contra la Iglesia Católica, por medio de la sátira social. Tras la Revolución Francesa se harían populares los escritos del Marqués de Sade, teniendo estos su secuela en la obra de John Cleland “Fanny Hill”, la cual en 1748 causó estragos entre los más conservadores. Tanto es así que el obispo de Londres atribuyó a su publicación los pequeños terremotos que se dieron por aquel entonces. Y tal censura duró prácticamente hasta nuestros días más recientes, ya que la posesión del libro de Cleland no sería legal hasta mediados del pasado siglo en lugares como Inglaterra o Estados Unidos. El pistoletazo de salida de la fotografía sexual nace a la par que la propia fotografía. Louis Jacques Mandé Daguerre, en el año 1839, presentó a la Academia de Ciencias Francesas el proyecto de los “daguerrotipos”, el primer exponente de la fotografía de calidad. Aunque en un primer momento se usó para representaciones anatómicas humanas, pronto esas fotografías de desnudos masculinos y femeninos comenzaron a ser usados como motivo de erotismo, lo que se vio ampliado en 1841 con la patente, por parte de William Fox, del proceso de negativo. A partir de entones los desnudos, fotográficos o en pinturas, se convertirían en uno de los temas favoritos de los artistas, entre ellos Toulouse Lautrec, Edvard Munch, Eugene Delacroix, Fernando Botero o Pablo Ruiz Picasso. Historia de las revistas eróticas Fue a finales del siglo XIX cuando nacen en Francia las primeras revistas enfocadas a ofrecer un sutil panorama erótico. Algunas como Nud Living y Body in Art resultaron bastante escandalosas para la época. A ellas les seguiría en Gran Bretaña la publicación Health and Efficiency, la cual en 1900 se presentó como publicación naturista. Pero habría que esperar hasta 1950 para que naciera la popular Playboy, seguida por la inglesa Penthouse quince años después, donde ya aparecían desnudos integrales con más descaro. Superada la censura de aquellas décadas, vendrían después revistas como Hustler, donde ya se incluía directamente prácticas sexuales de manera explícita. Inicios del cine erótico Parece claro que la primera película erótica de la historia es obra del francés Eugéne Pirou bajo el título de “Le Coucher de la Marie”, donde aparece unos de los primeros streptease conocidos, en 1896. Donde no hay un consenso es a la hora de señalar en qué momento entra la pornografía, nunca mejor dicho, en escena. Mientras que unos se inclinan por la francesa “A L´Ecu d´Or ou la bonne auberge”, donde un soldado mantiene una relación con la sirvienta de una posada, otros lo hacen por la argentina “El Sagitario”. Y es que ambas grabaciones están fechadas de manera confusa pero similar, alrededor del año 1907. ¿Sabías qué entre los descubrimientos arqueológicos en el complejo de Pompeya, se halló una estatua de mármol del Dios Pan manteniendo relaciones sexuales con una cabra, y ha sido considerada tan obscena que aun se mantiene oculta al público en el Museo Arqueológico de Nápoles?
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