LA GRAN HERMANDAD

POR ROSALÍA PADRÓN

            El conocimiento, en forma de leyenda, de que existe un gobierno secreto del mundo en Asia central, formado por seres sobrehumanos ha pervivido durante cientos de años. En algunos círculos de influencia occidentales se les conoce como “La Gran Hermandad”.

            Los Cruzados, al retornar a Europa, ya se referían a ellos al igual que los Rosacruces en el Siglo XVII; la Teosofía en el Siglo XIX, y ya en el Siglo XX encontramos ligeras referencias a ellos en Ossendowski, un aventurero mongol, entre muchos varios autores que han intentado llamar la atención general sobre su existencia.

            Diversos personajes y movimientos nos han hablado y escrito sobre hombres que han traspasado la fase humana común y han pasado a formar parte de esa Hermandad para regir nuestro planeta, actuando en momentos y situaciones clave para el devenir humano. Serían los garantes para que el “Plan Divino” se realizase, con lo cual, la libertad y el libre albedrío de los que parecemos gozar sufre un serio menoscabo.

            J. E. Gurdjieff en sus obras: “Todo y todas las cosas” y “Encuentro con hombres notables”, muestra la existencia de personajes y centros ocultos donde se opera desde la más pura clandestinidad, dirigiendo las diversas corrientes de pensamiento y los grandes acontecimientos de la Historia del Hombre.

            Contemporáneamente otro autor versado en ocultismo, René Guenón, comenta en varios artículos publicados en “Cuadernos Tradicionales” y en su obra “El Reino de la Cantidad y los signos de los Tiempos”, la existencia de la contrainiciación, yendo en su última obra reseñada, más allá de lo que cualquier otro autor había realizado hasta ese momento en Occidente. Hace referencias explícitas a ese Poder Oculto dividido en dos facciones, una dirigida hacía adelante, hasta agotar todas las posibilidades de desarrollo de la Humanidad actual y otra que se opone tenazmente, que busca la disolución de la realización del Ser Humano con la solidificación de la materia, de forma cada vez más acelerada, como una espiral vertiginosa. Durante el proceso reinaría el caos y se renovaría el periodo ya consignado en la historia sagrada como la “Torre de Babel”.

            En la actualidad y desde hace varios miles de años, existen las denominadas Torres de Shaytan, centros de poder, tanto de la contrainiciación guenoniana como del Directorio y de la Gran Hermandad para dirigir desde y a través de ellas a la presente humanidad hacia el caos y la solidificación. Las siete torres del Diablo, como se las denomina en algunos círculos herméticos, se encuentran en diferentes países, formando un arco que se extiende desde Sudán hasta Siberia. Una en el Níger, otra en Sudán, dos en Asia Menor, una en Siria y otra en Mesopotamia, al este de Mosul, en Irak; otra en Turkestán, una en el desierto de Gobi y la última en la zona del río Ob.  Su posición geográfica en forma de arco, por otra parte, haría referencia así mismo a la Bestia del Apocalipsis coronada por 7 estrellas o faros... las siete torres del diablo.

            Sus afiladas antenas apuntan en cada periodo histórico hacia una misma zona. En la actualidad están en plena actividad y es tal su poder realizador que la esfera de influencia más próxima está siendo devastada a todos los niveles, tanto geológicos como humanos. La estructura externa de una Torre de Shaytan es un cubo cuya parte superior está rematado con una semiesfera y ésta por dos antenas largas y afiladas que utilizan las corrientes eléctricas y electromagnéticas, de forma que son capaces de influir en el comportamiento y pensamiento de las personas que se encuentren en el campo geográfico hacia el que estén dirigidas dichas antenas.

            Se cree que las Torres son las causantes de los cambios producidos en la mentalidad occidental de los últimos siglos. Para desarrollar ésta actividad necesitan poca asistencia humana, sólo se sabe que un iniciado de la Hermandad visita cada Torre en ocasiones especiales.

            Considerando que en las épocas “constructivas”, las torres trabajan al unísono y con un fin específico y concreto, en una etapa contiguo al caos y disolución, como la actual, según algunos autores, entre ellos René Guenón – por ejemplo – las torres estarían en lucha a su vez entre sí, a causa de que lo que prima en este estadio es la oposición. Se echa de ver en los autores que analizan el tema, la gota de realismo que sitúe los fenómenos derivados en un punto realista. Está presente, casi indefectiblemente, la esperanza de que el poder que poseen sólo puede alcanzar un nivel que colocan bastante por debajo del vértice, de la cima. Como si el conocimiento del poder de las torres y similares estuviese subordinado al temor de que la realización pudiese efectuarse realmente.

            Ningún autor se desembaraza del miedo lo suficiente como para enfrentarse a la posibilidad de un fin similar al de la Atlántida, por ejemplo. El camino que debemos dirigir nuestros pasos investigadores, conduce por senderos en los que debemos encontrar las herramientas necesarias para conocer las trampas que todas las grandes civilizaciones han hallado en su desenvolvimiento. Los secretos, como el de las 7 torres de Shaytan  y sus satélites repartidos por nuestro planeta no ayudan precisamente, en algún momento deben salir a la luz. Todo ser humano tiene derecho a saber de lo que tiene que defenderse, con todas las consecuencias. Sin miedo, sin temores reales o ficticios, pues siempre, aún en medio del torbellino caótico, hay un punto por el que pasar sin ser excesivamente perjudicados, el temor no ayuda precisamente a localizarlo, en este punto, insisten muchos esoterístas.

            Al mando del Directorio estará un Ser que encarnará en sí mismo todo lo que ese poder oculto posee y lo proyectará sobre el mundo. Este personaje, en palabras de René Guenón: «cuyo vértice será ocupado por el Ser que, en realidad, habrá de tocar más de cerca que cualquier otro el propio fondo de los “abismos infernales”...», puede ser considerado como el Jefe de los AWLIYÀ esth – Shaytan (Los santos de Satán). En el Siglo XX sobretodo, ha saltado a los Medios de Comunicación ese poder oculto como  el Grupo de los Setenta y Dos.

            Jean Robin en su obra “Hitler, el elegido del Dragón”, apunta que el grupo que forma el edificio de la contrainiciación guenoniana son setenta y dos, y cita a Harold Beckett declarando al lama que había “solamente setenta y dos hombres Verdaderos por generación”. Siguiendo el rastro al gran grupo logra entroncarlo con los misterios del Asno Rojo, el Dios Egipcio Set, origen místico de los Setenta y Dos desconocidos, y cuya influencia ha permanecido como vemos, hasta la actualidad. Jean Robin cita la descripción de una logia muy especial, La Logia del Dragón, hecho por Clotilde Bersone, alias Condesa de Contanceau, cuyo padre llegó a ser Presidente de los EE.UU., en 1.880 y asesinado en 1.881. La cita que hace Robin es extensa pero lo que nos ocupa es la presentación del dios que presumiblemente se encuentra detrás del objetivo de este trabajo: «... en la mitad de la logia, me detuve súbitamente, a pesar de que mi padre se esforzaba por apartarme de él, frente a un animal extraño, de mármol blanco, tendido sobre un pedestal en una actitud amenazadora. Con un cetro y una corona rotos bajo las patas delanteras, una tiara bajo las patas traseras, tenía siete cabezas, de rostros casi humanos. Algunos me parecieron de León, aunque no se parecían a la de este animal, y otras estaban provistas de cuernos (una efigie de la Bestia del Apocalipsis, presumiblemente)...»

            Cito éste relato de Jean Robin porque puede ser la única descripción que haya de uno de los templos utilizados por los setenta y dos desconocidos que conforman La Gran Hermandad contrainiciática, llamada en algunos círculos El Dragón Verde, para adorar al Dios Set y trabajar con sus misterios.  

            A propósito de las torres, J. Robin discípulo de René Guenón cita a éste, localizando dos de estas torres «hacia el Ural o la parte occidental de Siberia». Otras fuentes le llevan a ubicar una muy importante, por ser, según mis investigaciones, el extremos del arco que tiene su otro extremo en Sudán, en la región del río Ob, zona que era considerada en otra época como “la Tierra de los Vivos”, y considerada hoy “Tierra de los Muertos”. Siguiendo por otra parte la Ley Cíclica, según la cual, un lugar sagrado pasa a ser uno maléfico, sirviendo de base en este caso para que actúen las fuerzas demoníacas. El reflejo análogo físico se confirma por la existencia de un virus que ha infectado los peces y diezmado a la población de la zona. En este punto podemos citar a René Alleau: «El tiempo mítico transcurre paralelamente al tiempo histórico, pero con otro ritmo. Lo que llamamos “acontecimientos” no son quizás más que múltiples advenimientos, internos y oscuros, que se vierten a la luz del día, cristalizados y formando de pronto una masa».

            Y es que no ha habido ningún gran acontecimiento, ni cambio sustancial en el Siglo XX, tras el cual no esté la pista de la influencia de ese Gran Grupo Secreto que se esconde detrás de múltiples nombres, si tenemos la sagacidad y la paciencia para buscar.

            Federico Nosam decidió comprobar in situ la realidad de la existencia de éstas torres en 1.978, para lo cual aprovecha la Feria Internacional celebrada en Las Palmas de Gran Canaria y a la que asisten delegaciones de varios países africanos, entre ellos Sudán, país en el que tenía referencias de que existían dos Torres.  Por la módica cantidad de 2.800 pesetas, consigue un vuelo que iba de vacío a Sudán y se desplazó hasta la ciudad de El – Obeid, luego de llegar, emprende la búsqueda por carreteras polvorientas, llegando por fin al lugar que según me describió: «...era un paraje totalmente asolado, donde hasta las piedras parecían estar muertas.  El polvo no se movía y el aire estaba tan enrarecido que me produjo espanto...», el guía que le acompañaba le marcó un límite a partir del cual no podrían continuar, pues las emisiones malignas de la construcción les matarían.

            Los habitantes de los pueblos limítrofes conocían la malignidad del lugar, aunque no su repercusión a nivel mundial.

            En numerosas ocasiones, el investigador desea que el resultado de sus pesquisas no se confirmen, y éste es uno de ellos”, me dijo Federico cuando hablamos sobre las Torres del Diablo y compartió conmigo esta constatación de su realidad en Sudán.

Por su parte, William Seabrook relata en “Aventuras en Arabia”, que en las estribaciones de las montañas del Kurdistán, en Cheik Adi, país de los Yezidis, vio personalmente una de estas torres y aunque es un poco extensa su descripción, vale la pena incluirla para comprender la sensación que ellas trasmiten:  «Detrás, coronando otra eminencia más elevada, había una torre blanca y puntiaguda, parecida a la punta afilada de un lápiz y de la que partían rayos de una luz cegadora que venían a herirnos los ojos. Su vista me produjo un escalofrío de entusiasta curiosidad, ya que, cualquiera que fuese exactamente su objeto, sabía sin la menor sombra de duda que se trataba de una de las “Torres de Shaytan”»

            William Seabrook, y Arkon Daraul encontraron referencias de las Siete Torres de Shaytan como casas de poder, al buscar información sobre la secta de los Yezidi y sus creencias. Ésta secta cree en un Espíritu de Poder que es el Jefe del Mundo, le llaman Malek Taos; “El Ángel Pavo Real”.

            Si efectivamente la Secta Yezidi está en estrecha relación con el Círculo de Poder que utiliza las Torres y dirigen en la sombra los acontecimientos, es algo que continúa oculto, aunque René Guenón opina que esto no puede demostrar que sean satanistas, sino más bien que pueden ser utilizados sus miembros por fuerzas desconocidas incluso por ellos. Todas las pistas terminan en la facción de esa secta sufí que parece tener su centro de operaciones en Afganistán.

            Lo que sí se manifiesta cierto es que Afganistán ha sido el centro de algo muy importante. E. Scott lo expone muy escueta y claramente: “En la enseñanza islámica se dice que durante la vida del Profeta, él recibió delegaciones provenientes de Afganistán. El mismo Mohammed dio el título de «El Timón» a éstas delegaciones . Se dice que sus visitantes impresionaron al Profeta como representando una enseñanza muy antigua. Así, aunque los afganos no fueron convertidos al Islam hasta siglos más tarde, algo vino de Afganistán y jugó cierto papel en la temprana tradición musulmana.  Detrás de tales leyendas parece inevitable la siguiente insinuación: desde tiempos muy remotos, una influencia misteriosa ha estado centrada en Afganistán, y emerge a intervalos regulares para ejercer un insospechado, pero al final, significativo efecto en ciertos puntos críticos de La Historia”.

            Tiene muchos nombres: Directorio, Hermandad, El Timón, los Setenta y Dos, El Dragón Verde y varias formas de utilizar el poder sobre la sociedad. Uno: Las siete Torres de Shaytan y otro que consiste en infiltrar información reservada en diversos círculos científicos, filosóficos, etc., en ocasiones puntuales conocidas por el grupo, para los que el tiempo parece moverse a otro ritmo.

            En el Siglo XX, vivió un personaje que parece responder a la actuación de este misterioso grupo: Nikola Tesla, quien a comienzos del siglo trabajó con torres rematadas con antenas y conectándose a una bobina secundaria generaba una serie de ondas de radio; en este caso, de alta frecuencia que daba la vuelta a La Tierra, regresando al mismo lugar de emisión, haciendo que el planeta sirviese de circuito secundario.

            Para lograrlo, lo único que necesitaba era sintonizar con la frecuencia natural de oscilación de las corrientes eléctricas de La Tierra. Ésta teoría explicaría el funcionamiento de las Torres de Shaytan, cuyas antenas estarían perfectamente sintonizadas, y utilizando ondas de baja frecuencia; “alfa”, por ejemplo, estarían dirigidas a influir en la mente humana a un nivel subconsciente. El experimento ARPA estaría utilizando, por otra parte, algunos de los Descubrimientos de Tesla, llevándolos a la práctica en la actualidad.

            Todo es cuestión del tipo de frecuencia utilizada. En el caso de influir en el hombre, debe ser baja, y por el contrario, si lo que se quiere es influir en las condiciones climáticas o eléctricas, deben ser altas.

            La posibilidad última, que ya fue expuesta por el Director del Departamento de Comunicaciones de Canadá en los años 70, Watson W. Scott: “... ello parece sugerir que ha sido alcanzado un nuevo e importante nivel de competencia en el control de fuerzas físicas muy poderosas. Según algunos, puede tratarse de una aplicación, por fin, de las frecuencias exactas utilizadas por Tesla en sus trabajos. A quienes están enterados de ello se les paga buen dinero para que guarden silencio”.