LEYENDAS DE GRECIA
Por Cristian Pérez
Para muchos historiadores, los principios de la civilización occidental
tuvieron su origen en Grecia, tales como la democracia, los ideales de belleza,
los métodos científicos... llegando a afirmar sin titubeos que ésta fue y es
“la cuna de la civilización occidental”. En este número, en este primer
reportaje de “Leyendas Universales”, queremos por ello acercarnos a los
mitos más importantes de este país, de esta gran cultura, a través de un
viaje casi mágico que, de buen seguro, no le dejará indiferente.
Conocemos como mitología griega
al conjunto de leyendas y mitos que la Antigüedad clásica, es decir, los
griegos y romanos, elaboraron con cierto fervor religioso.
Esta misma religión se caracterizó por su politeísmo (culto a varios
dioses), y también por su antropomorfismo cuyo apartado lo trataremos en las
siguientes líneas.
En un primer momento, cabría destacar que las conocemos a través de las
obras de Hesíodo y Homero, pero que éstos a su vez nos ofrecen ya el resultado
de una larga evolución, patrimonio de los pueblos que durante el II milenio
a.C., descendieron del norte y se establecieron en las regiones meridionales de
la península balcánica. En parte, éstas también provienen de la rica cultura
cretense que, por aquellos tiempos, dominaba el mar Egeo y con la que, los
invasores griegos, estuvieron en contacto.
Con todo, en todas las religiones de este mismo tronco, tienen una
relevante importancia dos divinidades, una masculina y una femenina, en donde,
el hombre, a través del descubrimiento de la técnica y el trabajo agrícola,
comienza a dominar la tierra, exigiéndole así los frutos necesarios para su
subsistencia; mientras que, la mujer, exige también una total dependencia del
hombre respecto a los frutos espontáneos de la hacienda, apareciendo de ahí el
mito de la Gran Madre Tierra, destacando la fecundidad, su principal atributo benéfico
y, quizá, el más importante.
En su mayoría, igualmente, la primera divinidad, es decir, la masculina,
dedicada al cuidado de la tierra, depende de los fenómenos meteorológicos, de
ahí el mito del Padre Cielo,
señor de la lluvia y de los rayos, adorándolo para que, a su vez, le ofreciera
esas gotas de agua que caían de los cielos como regalo especial del dios o
dioses celestiales.
Con la evolución de la opulenta civilización griega, sus divinidades
(Zeus y Rea), fueron perdiendo la importancia y el significado que anteriormente
poseían, ya que éstos comenzaron a rodearse de dioses que respondían a las
nuevas actividades que iba realizando el hombre, adquiriendo así una forma
mucho más humana, contando de igual manera las virtudes y vicios, tan sólo
destacando del resto de los mortales no sólo por su “clase social”, sino
también por su fuerza, su inmortalidad y poder sobrehumano.
Así, el pueblo griego les ofreció un lugar altamente importante y
significativo: la cumbre más alta de Grecia, el monte Olimpo, en la ciudad de
Tesalia.
Pero no satisfechos con esa nueva creación, es decir, que destacaba por
encima de ellos, Hado, un ser sin figura, más fuerte que los hombres,
misteriosa, omnipresente y a la cual todos debían obedecer.
Para un ciudadano ateniense de la época clásica, la vida política y
social era incluso más importante que la vida privada, reflejándose esto último
en el contraste entre la riqueza de los edificios públicos y la modestia o
pobreza de las casas privadas.
Caos
y Gea, el principio de los tiempos...
Al principio de los tiempos, se formaron, sin que nadie los crease, Caos
y Gea, dos entidades naturales. Éstas eran una masa uniforme de materia y la
Tierra, respectivamente.
De Caos provienen todas las fuerzas incomprensibles, enigmáticas,
oscuras: la Ultratumba, la Noche, la Angustia... mientras que, de Gea, proceden
las estirpes de las divinidades que representan todo lo claro y manifiesto, a
veces atroz y monstruoso. En un primer lugar destacan Océano, el mar, y Urano,
el cielo, que, uniéndose con Gea, procreó linajes monstruosos: los cíclopes
con un solo ojo, los gigantes hecatonquiros y los titanes. Entre estos seres
siempre habían luchas terroríficas, cuyo significado podría ser la
representación mítica de los cataclismos que trastornaron la Tierra hace
muchos milenios, hasta que Urano, intentando así poner orden en el Universo,
los encadenó sumergiéndolos en el lugar oscuro de castigo, Tártaro.
Fue entonces cuando otro hijo de Urano, Cronos (llamado más tarde por
los romanos con el nombre de Saturno), atacó al padre, encadenándolo después
de haberlo vencido y mutilado. Desde aquel momento, Cronos comenzó a reinar en
el lugar de su padre, pero el Hado había establecido que, al igual que éste
había encadenado a su padre, un hijo de Cronos debía hacer lo mismo. Al
saberlo, éste decidió devorar uno por uno a sus hijos, desapareciendo entre
ellos Deméter, Hades y Poseidón. Pero su madre, al dar a luz a un niño
precioso y maravilloso, y al no tener las fuerzas suficientes para dárselo a su
esposo, enrolló una piedra del tamaño del bebé con un pañal, y se lo dio a
comer a Cronos. La astucia surtió efecto, y decidió llevar a su retoño al
monte Ida, para que lo cuidaran los coribantes, un colegio de sacerdotes, que
disimulaban el fuerte llanto del niño con el tronar de los tambores y choques
de escudo.
Así, Zeus, que así se llamaba la criatura, vivió con los religiosos
hasta adquirir poder, enfrentándose contra su padre y, después de haberle
hecho vomitar a sus hermanos, lo desterró del cielo, cumpliéndose la profecía.
Desde aquel preciso momento, Zeus reinó sobre el universo, terminando así
la fase que los griegos, creadores de mitos, definieron como la edad de los
dioses antiguos, y se inició la de los dioses nuevos.
Zeus había conseguido el poder necesario, y ordenó el universo,
apartando en el Tártaro a los dioses antiguos que habían ayudado a Cronos,
desposando a las grandes potencia, mediante las cuales se rige la suerte del
Universo, y dividiendo éste en tres grandes reinos: reservó para él el cielo
y la tierra, confiando así el mar y la ultratumba para Poseidón y Hades,
respectivamente.
Aunque éstos dioses eran sumamente importantes, los más poderosos, los
otros, de menor poderío, lo fueron también: Hera (Juno), por ejemplo, fue la
reina del Olimpo, Palas Atenea (Minerva), la divinidad encargada de proteger
Atenas; Afrodita (Venus), Hefesto (Vulcano), dios del fuego; Ares (Marte), dios
de la guerra; Apolo (Febo), dios solar; Artemisa (Diana), diosa de la Luna y
también de la caza; y Hermes (Mercurio).
Todos ellos y, en especial, algún que otro héroe, conformarán el
objetivo de estos primeros cuatro reportajes dedicados a las leyendas de Grecia,
con el propósito de acercar al lector los diversos y más importantes mitos de
esta gran cultura en un viaje casi mágico que, esperamos, sean de buen gusto y
que aprendan mucho más sobre ello... Abróchense los cinturones y, sobre todo,
sean bienvenidos...
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Los principales dioses griegos |
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-Zeus:
padre de todos los dioses. -Hera:
esposa de Zeus. -Artemisa:
diosa de la caza y de los bosques. -Hermes:
dios del comercio y la elocuencia. -Apolo:
dios de la medicina, las artes y la poesía. -Afrodita:
diosa del amor y la belleza. -Hefesto:
dios del fuego. -Hestia:
diosa del hogar. -Atenea:
diosa de la ciencia y la sabiduría. -Deméter:
diosa de la tierra y la agricultura. -Poseidón:
dios del mar. -Hades:
dios de los infiernos. -Ares:
dios de la guerra. |