TERREMOTOS
-CÓMO LOS PRESAGIAN LOS ANIMALES-
Los intentos de predecir cuándo y dónde se producirán los terremotos
han tenido algunos éxitos notables desde finales del pasado siglo. En la
actualidad, China, Japón,
la antigua unión soviética y EE.
UU son los países que más han amparado estas investigaciones. En 1975,
sismólogos chinos predijeron el seísmo de magnitud 7,3 de Haicheng, y lograron evacuar a 90.000 residentes sólo dos días
antes de que destruyera el 90% de los edificios de la ciudad. Una de las pistas
que llevaron a esta predicción fue una serie de temblores de baja intensidad,
llamados sacudidas precursoras, que empezaron a notarse cinco años antes. A
medida que los días previos se acercaban,
siguieron otras pistas como
la inclinación o el pandeo de superficies de tierra, los cambios en el
campo magnético terrestre, la variación en el nivel
de agua de pozos y
corrientes subterráneas; pero muy especialmente prestaron atención a las
anomalías en el comportamiento de los animales de la zona.
Para que podamos decir que la predicción de un seísmo se ha cumplido,
deben darse los tres parámetros básicos que
son: lugar; tiempo de
ocurrencia; y magnitud, con la suficiente antelación a fin de evitar daños
personales y materiales. Si nos dejamos llevar por esta premisa es comprensible
que geólogos y geofísicos sean los primeros en aceptar que un terremoto es
sumamente complicado de predecir, pues incluso la meteorología, con una
desarrollada técnica de investigación, yerra a menudo en sus pronósticos. No
hemos de desestimar que las consecuencias socio-económicas que conllevaría la
predicción errónea de un terremoto pueden llegar a ser amplias y graves.
En 1981 este tema ocupó las primeras páginas de los periódicos de casi
todo el mundo, con motivo del pronóstico de grandes catástrofes en Perú. El 28 de Junio,
todos los hospitales y servicios de urgencia de Lima
estaban en estado de alerta, pero nada sucedió. Meses antes, un geólogo
norteamericano del U.S. Bureau of Mines,
Brian Brady, predijo temblores de
tierra por encima de ocho grados de la escala de Richter que se repetirían el
10 de Agosto y el 16 de Septiembre. A pesar de que el gobierno peruano no tomó
en serio la alerta , al ser la predicción de dominio público, las
consecuencias negativas tanto sociales como económicas no pudieron evitarse.
Un apunte antes de entrar en materia: muchas de las sacudidas que hemos venido experimentando en frecuencia y aparición durante la segunda mitad del siglo XX pueden ser la respuesta del planeta a las agresiones del hombre. Recientes informes científicos relacionan numerosas pruebas nucleares con la reaparición de terremotos en diversos lugares de la tierra. Estos sismos han sido relacionados con pruebas nucleares, en el interior de pozos petrolíferos agotados. La referencia parece obvia por haberse producido el mismo día o poco después de estas explosiones subterráneas de gran magnitud ... pero este es otro cantar y no el tema que nos ocupa.
Los terremotos suelen iniciarse con ligeras alteraciones del aire y el
magnetismo de la zona. Estas ligeras alteraciones son percibidas por muchos
animales, como ha demostrado repetidas veces la historia.
Pero en Occidente, a pesar de las abundantes pruebas que se han ido
acumulando sobre este tema, la idea del desarrollado instinto animal para estos
menesteres, siempre ha topado con el escepticismo, pues nadie ha sabido muy bien
explicar con exactitud cómo los animales auguran los terremotos. Los hechos están
ahí. De alguna manera los animales
presienten que una importante convulsión va a suceder en breve tiempo, con una
precisión superior con creces a la que alcanzan los métodos geológicos más
avanzados de la actualidad. La sensibilidad de ciertos animales supera en mucho
a la humana y así como existen sonidos y olores que para nosotros son
imperceptibles, en un temblor se producen alteraciones de la ionización atmosférica
y el magnetismo terrestre que algunos animales advierten. Perros, gatos,
caballos y demás animales –como ya iremos viendo- son capaces de prevenir con
sus movimientos agitados la inminencia de un terremoto.
Entre los numerosos ejemplos de conducta animal fuera de lo común antes
de un seísmo tenemos: a las ratas, comadrejas
y roedores que escaparon asustados de sus escondrijos, abandonando la
ciudad griega de Helicea antes de ser
arrasada; las inmensas bandadas de aves marinas que chillaban sin pausa sobre la
ciudad de Concepción (Chile),
precediendo a su destrucción en 1835, y el
aullido lastimoso de perros que auguró el terremoto de San Francisco en 1906. Todo ellos momentos previos a que una fuerte
sacudida golpeara la zona.
Algunos biólogos y físicos llevan varios años estudiando esta
sensibilidad de los animales, y gracias a sus observaciones la población de dos
ciudades chinas se salvó de
perecer: 1975 –Haicheng- y 1976 –Sangpan-. Los chinos han admitido y
observado desde hace siglos la capacidad de los animales para intuir los
terremotos. Al fin y al cabo, éste ha sido uno de los países más castigados
por esta clase de fenómenos naturales.
En la predicción del terremoto de Haicheng tuvieron un papel destacado
los científicos que trabajaron en la provincia de Liaoning, al nordeste del país.
A causa de potentes movimientos de tierra que afectaron la región durante 1970,
y su repetición más acusada en junio de 1974, los investigadores advirtieron
que un terremoto de intensidad media ( 5 ó 6 grados en la escala Richter) se
produciría en la región en el plazo de dos a tres años. Seis meses después
de estas declaraciones, los animales de la zona comenzaron a dar muestras de
agitación. De repente, en el mes de diciembre, animales salvajes y domésticos
se vieron invadidos por sensaciones de alarma dando
lugar a reacciones de pánico y huida:
las serpientes abandonaban sus refugios
invernales para morir congeladas, las ratas corrían sin dirección alguna por
las calles en pleno día, los pajarillos aleteaban en el fondo de sus jaulas y
los caballos se detenían asustados de forma extraña. Al mismo tiempo una serie
de ligeros preseísmos se produjeron en la zona. Semanas más tarde, a finales
de enero, los gansos empezaron a subirse a los árboles, las vacas rompían sus
cabestros y los perros olfateaban y aullaban incesantemente al aire. La mañana
del 4 de febrero, alarmados por la extraña conducta animal, los oficiales
chinos evacuaron al millón de habitantes de Haicheng.
Para los habitantes de Japón –otro país también muy acostumbrado a
este tipo de desastres naturales- no
ha pasado nunca desapercibido que algunas especies de peces como es el caso de
los peces-gato alertan de la inminencia de movimiento sísmico cuando saltan del
agua un gran número de veces, o como el comportamiento de las carpas doradas o
el bacalao que también presentan conducta alterada antes de movimientos telúricos.
La causa: estos animales son capaces de captar las débiles corrientes telúricas
que circulan por los estratos geológicos. Se trata de intensidades eléctricas
provocadas por el arqueo o flexión de ciertos minerales (propiedad piezoeléctrica).
Ciertas capas de terreno van deformándose por acción de las grandes fuerzas
orogénicas, hasta que sobreviene la ruptura violenta –foco del terremoto-. Es
esa deformación progresiva, premonitoria del seísmo,
la que produce tensiones eléctricas, al parecer captadas por
distintas especies del mundo animal.
Existen cuatro puntos que van íntimamente ligados a los terremotos, fácilmente
detectables por el agudizado sentido animal: la ionización del aire, las ondas
sonoras, el olfato y el magnetismo:
Ionización
del aire - paralelos a los movimientos tectónicos de las placas que forman
la corteza terrestre, se producen enormes liberaciones de electricidad. Estas
fluctuaciones alteran el número de iones (moléculas de gas cargadas eléctricamente)
en la columna de aire que se halla situada sobre las fallas activas. Las
alteraciones psicofisiológicas observadas en los animales y en ciertas personas
en tales circunstancias, se deben a los cambios en el equilibrio bioeléctrico
de la superficie terrestre que preceden al terremoto.
Las interacciones bioelectromagnéticas que producen una respuesta
anticipada en los seres vivos se deben a las alteraciones presísmicas de la
estructura conocida por los geobiólogos como red geo-magnética o red H o
Hartmann. Las investigaciones del Dr. Ernest Hartmann determinaron la existencia
de la red que lleva su nombre estudiando los efectos de las energías telúricas
sobre los seres vivos. Se trata de una malla que cubre todo el planeta,
compuesta por cuadrículas variables de 2´30 a 2’70 metros de lado. Se ha
observado experimentalmente que, en vísperas de un seísmo, las líneas que
forman la Red H, que normalmente tienen unos 20 centímetros de ancho, aumentan
su grosor e intensidad hasta más de 80 centímetros. Este fenómeno energético
sería lo que perciben animales y algunas personas. Es la respuesta al
incremento de la tensión piezoeléctrica de la corteza terrestre.
Ondas sonoras-
la naturaleza, a pesar de que nuestro oído no sea capaz de
percibirlo, vibra cada segundo en infinidad de ultra e infrasonidos, y cada uno
de ellos tiene un significado
diferente. Los animales emplean parte de esos sonidos para protegerse y
comunicarse. Mientras el hombre es
sensible a las ondas sonoras de 1.000 a 4.000 ciclos por segundo, somos
completamente sordos más allá de los 20.000. En cambio perros, gatos pueden oír
vibraciones de hasta 60.000 cps., mientras ratones, delfines, ballenas ...
pueden recibir y emitir ultrasonidos por encima de los 100.000 cps. Por la misma
razón pueden ser desorientados fácilmente por unos repentinos chirridos de
alta frecuencia provenientes de la roca que se microfractura antes del temblor.
Los infrasonidos son ondas sonoras extremadamente graves, de aproximadamente 100
cps. que pueden originarse por temblores presísmicos o por escapes repentinos
de gas subterráneo. Esto último no puede ser captado por los sismógrafos
convencionales.
Olfato-
diversos gases que circulan bajo la capa terrestre pueden emerger al
exterior con los terremotos (fumarolas del los cráteres). Los gases liberados
que preceden a veces a un temblor de tierra se suelen disipar pronto en la atmósfera,
pero permanecen en el subsuelo. Por ejemplo la concentración del gas inerte Radón
se ha observado, principalmente, en estudios realizados en Rusia y China , que
aumenta durante cierto tiempo antes de un terremoto.
Existe un órgano conocido como “sentido vomeronasal” que constituye
una segunda nariz y que se encuentra muy refinado entre algunos animales
terrestres. Parece ser que si se bloquea artificialmente este sentido, ya sea
artificial o naturalmente –en el caso de emanaciones extrañas- se producen
desorientaciones tales que pueden llevar al caso de suicidios en masa por parte
de determinadas especies animales. Por desgracia hemos visto muchas muestras de
estos suicidios en el caso de ballenas y delfines en varias costas de todo el
mundo.
Magnetismo terrestre- al igual que las brújulas,
las palomas mensajeras pueden ser desorientadas completamente por alteraciones
de treinta gammas en el campo magnético (por regla general los campos
geomagnéticos terrestres alcanzan 60.000 gammas en los polos y 30.000 en el
Ecuador). Terremotos en China, Japón y Turquía, registraron cambios
previos de 10 a 30 gammas en el magnetismo del lugar, acompañados por fenómenos
de desorientación en el vuelo de palomas, gaviotas y abejas.
¿Y si, también, puede influir este súbito cambio geomagnético a
otros niveles? ... en los anales de los accidentes aéreos presuntamente
relacionados con terremotos,
destaca uno muy curioso. El 3 de Julio de 2001 se produjo en Chile un seísmo
con epicentro en la vertical de la ciudad de Irkutsk, muy próximo al lugar
donde un avión civil ruso, Tupolev 154, se estrelló muriendo 145 personas.
Un grupo de sismólogos rusos divulgó una inquietante hipótesis: 20
segundos después de las primeras señales de alarma detectadas en el aparato
siniestrado, tuvo lugar el terremoto. Los simólogos aceptaron el hecho de que
un efecto de rebote, la onda expansiva del terremoto, a través de las placas
tectónicas, pudo alterar los campos magnéticos en esa zona de Siberia. Si
alteraciones magnéticas son capaces de descontrolar los sistemas de navegación
de un avión, qué no podrá ocasionar en el sutil radar animal.
Para Aristóteles las causa de los terremotos eran las exhalaciones o
vapores que originaban los vientos al penetrar en el interior de la tierra y
quedar retenidos en ella, hasta que en un momento dado explosionaban. Para
Tolomeo, estas causas era de orden astrológico, ligadas a una determinada
posición de las estrellas. Estas definiciones se apartan bastante de la idea
central que los científicos tienen sobre lo que puede llegar a desencadenar un
temblor de tierra; pero aún así, no se debería desestimar el hecho de
que la Tierra deba verse como un elemento más de todos los que integran el
Universo; y por tanto, sujeta a las relaciones entre otros astros como
canalizadores de energía sobre nuestro planeta.
Por ejemplo, un caso muy significativo entre esta relación entre la
Tierra y otros astros es la proporcionada por dos investigadores
rusos, Nikolaj Volodichev y Mikhail Panasjuk, del Instituto de Investigación en
Física Nuclear Skobeltsyn de Moscú. Estos investigadores creyeron haber
encontrado una relación entre los seísmos y el aumento de la emisión de
neutrones. El desubrimiento les permitió detectar con suficiente antelación el
riesgo de terremoto. Los científicos comprobaron que éstos se incrementaban en
ciclos de 12 horas, coincidiendo con los momentos en que se producen las
tensiones gravitatorias provocadas por la Luna, como ocurre con las mareas.
Detectaron que la presencia de neutrones en los momentos de Luna nueva o llena,
eran 12 veces superiores a la media. Esta influencia de nuestro satélite es
debida a su atracción gravitatoria sobre la corteza terrestre, que provoca unas
tensiones que llevan a la liberalización de gases radiactivos a través de
grietas y hendiduras. Los investigadores se percataron de que en los últimos 28
años los terremotos más fuertes que se han registrado en la zona del Pacífico
coincidieron con estas fases lunares.
Los programas internacionales insisten cada vez más en que el
problema de la predicción de terremotos se incluya en un programa unificado de
prevención de daños. El desarrollo tecnológico actual permite el diseño y
construcción de estructuras resistentes a las sacudidas producidas por los
terremotos. Aunque no se pueda impedir que los edificios sufran daños, si
podemos evitar su ruina total, evitando un gran número de víctimas. Mientras
tanto seguiremos observando mucho más de cerca el mundo animal.
Dentro
de zonas sísmicas activas se dan ciertas áreas en las que durante un largo
tiempo, no se produce ningún terremoto de magnitud grande. A estas áreas se
las denomina “lagunas sísmicas” y se las considera como el candidato más
probable para el futuro terremoto de esa región. La base de esta afirmación
consiste en que los esfuerzos acumulados en una región se relajan por la
ocurrencia de un terremoto, el área donde no se produce ningún temblor sigue
acumulando estos esfuerzos y, por lo tanto, se convierte en un área
potencialmente peligrosa. Esa teoría de las “lagunas sísmicas” ha sido
confirmada por bastantes terremotos recientes, aunque esto sólo no nos permite
determinar cuándo va a suceder el terremoto.
Cataluña
Gracias
a diversas fuentes literarias y documentos como el “llibre de consells de
Cervera”, la carta de la Reina María de Castilla (mujer de Alfonso el magnánimo)
dirigida a Eduardo de Vallseca el 12 de mayo de 1427,
las cartas de los jurados de Girona , y una crónica hebrea hallada en la
biblioteca estatal de Baviera ... han llegado hasta nosotros testimonios muy próximos
a los terremotos que tuvieron lugar en Cataluña –concretamente en el área de
Gerona- en el año 1427.
De
manos de un hebreo gerundense desconocido nos llegó una crónica manuscrita que
documenta fielmente los comienzos de la actividad telúrica (finales de febrero
de 1427 hasta el 18de junio). El autor delimita con toda precisión el área del
seísmo, practicamente toda Cataluña y el sur de Francia (Desde Montpellier y
Perpignan hasta el río la Cénia que separa Valencia de Cataluña, pero las
zonas más afectadas fueron las de Gerona. Llegó a destruir Olot, Catellfollit,
Santa Pau, Mallol, Sant Esteve, Lloret.
Andalucía
Finales
del 84: “A las 21:30 del 25 de diciembre en Arenas del Rey – Granada- se
sintió el primer temblor de tierra, empezando por un violentísimo movimiento
de trepidación al que casi instantáneamente sucedió una serie de violentísimas
ondulaciones. La superficie afectada abarcaba gran parte de la meseta central y
los cárpatos. La zona comprendida entre la serranía de Ronda y Sierra Nevada
fue donde más violentamente se hizo sentir. Las comarcas más afectadas fueron
las que se extienden paralelamente a ambos lados de la Sierra de Tejeda y los
pueblos situados al pie de Sierra Nevada.
En
la provincia de Málaga se encuentra una formación geológica semenjante a la
de Sierra Tejeda, una formación secundaria que aún no ha encontrado asiento
estable, pues es cada siglo teatro de sacudidas más o menos fuertes
(1581-1689-1755-1804-1884
Programas
de predicción sísmica
Los
primeros programas científicos de predicción de terremotos se establecieron en
la Unión Soviética hacia 1949. Estas investigaciones se centran en las
regiones de Asia central, Garm y Tashkent, y en la zona de Kamchatka. El
terremoto destructor, de Abril de 1966, en Taskhent, influyó mucho en el
impulso que se dio a estos estudios. En Estados Unidos, las investigaciones
comenzaron después del gran terremoto de Alaska, en 1964, pero únicamente
después del terremoto de San Fernando, California, en 1973, se inició un
programa específico. En 1972, se establecieron programas de colaboración sobre
este tema con la URSS y Japón. En Japón los trabajos comenzaron en 1965. La
alta sismicidad de esta región justifica los esfuerzos puestos en estas
investigaciones, en las que se sigue un enfoque multidisciplinar. En China, se
emprendió en 1966. En el 74, más de 10.000 científicos y personal técnico ya
trabajaban asiduamente en las observaciones de futuros terremotos. A nivel
internacional, el primer grupo de trabajo se estableció en el seno de la
Asociación Internacional de Sismología y Física del Interior de la Tierra,
agrupando a científicos de varios países hasta que en 1971 se constituyó la
Comisión para la Predicción de Terremotos.