La Colina de los Misterios
Por José Antonio Roldán
El
Nuevo Mundo no sólo aportó a los viejos continentes nuevas culturas, riquezas
minerales agrícolas y humanas, sino también donó un pasado misterioso y
lugares enigmáticos que descifrar aún por la historia ortodoxa.
Tal es el caso de un enclave megalítico
de cuyo origen y función no sé sabe aún nada. Situado a unos 60 kilómetros
de la capital de Boston, en el interior del país, cerca de 40 kilómetros hasta
el Océano Atlántico, un impenetrable enigma toma forma de colina, allí se
erigen desde tiempos inmemoriales unas ruinas que fueron descubiertas de
casualidad hace poco más de un siglo. Nos referimos a lo que podría ser un Stonehenge
norteamericano que ha hecho temblar los cimientos de la arqueología oficial
y los renglones de la historia europea que afirman que América estuvo habitada
únicamente por nativos indios hasta ser descubierta por Cristóbal Colón halla
por el año 1492. Posiblemente tanto los indígenas como los colonos ya se
encontraron con estas construcciones misteriosas o tal vez como por algún extraño
hechizo nunca supieron de su existencia.
Hoy por hoy, Las Colinas de los
Misterios o Cuevas de Pattee son uno de los grandes indescifrados que nos quedan
por resolver. Y si estas piedras manufacturadas de New Hampshire son lo que la
gente se cree y cuentan con una antigüedad superior a los dos mil años estamos
ante la prueba de que hasta América llegaron descubridores de origen
desconocido antes de lo que se creía. Un hecho que por otra parte refuerza lo
que ya decían pensadores, investigadores y exploradores antiguos del viejo
Mediterráneo: Platón, Ptolomeo, Teopompo, Homero defensores de la existencia
de un vasto continente o porción de tierra al otro lado del océano, es decir,
más allá de los límites del mundo -para ellos era la tierra plana y con límites-.
Ponerse a observar el lugar desde la
parte más alta de la colina es todo un reto, difícil de describir en las líneas
que seguirán a este escrito. Es como ubicarse en un punto donde la historia
pierde sentido y al tiempo es encontrarse con una cara real y palpable en la
solidez de la piedra de algo antiguo e inteligente, llamado a ser misterioso, no
porque no sea real en nuestro tiempo, sino porque no sabemos los límites de su
verdad. Y así mientras subidos a esa colina admiramos el paisaje a nuestros
pies, hacia abajo, observamos una extraña y vertical rampa artificial que
amuralla el este de la colina. Más allá un pozo sostiene en su centro circular
una mesa de piedra enorme de más de cuatro toneladas de peso, totalmente
pulido, similar de la mesa acanalada de los forenses y terminada en un canalón
de residuos líquidos. El conducto inferior de acústica que también pudiera
ser de ventilación y todo ello, a nuestros pies, haciéndonos imaginar sus
usos. Si la historia escrita no nos negara lo evidente más de uno hubiera
jurado, como en mi caso, que aquello que tenía todos los requisitos para ser un
centro sanitario de urgencia: Un helipuerto en la colina, una rampa de acceso
para facilitar el transporte de útiles y heridos, una mesa de operaciones, un
canal de ventilación para mantener refrigerados los cuerpos de los fallecidos
en las operaciones y salas para el reposo de los pacientes o momificación en
sal del los fallecidos. Pero esas son respuestas entroncadas en la pura
ciencia-ficción que llevan a muchos a imaginar milenarias batallas cósmicas
entre señores del universo. Y tal vez la respuesta sea mucho más prosaica y
apegada a la Tierra, una que nos habla de unos antiguos moradores del lugar que
no sólo eran grandes constructores para su tiempo, sino que tenían muy claro
la función ritual del lugar de Salem.
Una
forma circular, una colina, ruinas megalíticas de Pattee
En un curioso desorden se distribuyen
pilares gigantescos de piedra, extendidos en forma circular a vista de pájaro
A diferencia de otras construcciones
megalíticas como la de Stonehenge, sus piedras no adquieren elevaciones
gigantescas, ni sus tonelajes sobrepasas las once toneladas -en las piedras más
grandes-. La duda llega cuando se trata de verle relación o no con un lugar
sagrado. Se desconocen el tipo de ceremonias o rituales que vieron las piedras
en sus días de esplendor, cuando sus desconocidos constructores las moraban, si
es que lo hacían, pues tampoco se han aportado pruebas que verifiquen que allí
se asentaba alguna sociedad. Una serie de galerías desembocan en una sala donde
se vislumbra una pieza plana pulida sujeta por cuatro patas a modo de gran mesa
terminada en un canalón o canal, esto indica que pudo ser una pila de
sacrificio y que la sangre de las ofrendas terminaba en los conductos. Pero no
hay rastros analíticos de que esto sucediera así. Debajo de la mesa -Piedra
Expiatoria- hay una cámara de varios metros que termina en un curioso
conducto-sala (la habitación del oráculo). Su capacidad sonora, sus características
acústicas hacen creer que si el oráculo o sacerdote se colocaba en la sala y
hablaba por el canal hacia el pequeño hueco, la voz del hombre se reproducía
para los presentes como sobrenatural y muy elevada, llegando a todos los
rincones del recinto, es decir nos encontramos con una antigua forma de
amplificación de sonido y caja de mezclas sonora, algo increíble para épocas
tan antiguas, en las que recordamos sólo habitaban en el lugar indígenas neolíticos,
poco más.
Los planos de las construcciones
aunque parecen azarosos a nuestros ojos, no debían serlo tanto, sino ser obra
de excelentes arquitectos que incluso contaron con canales de desagüe que
impidieran la inundación del lugar al tiempo que se administraba agua al
recinto, ¿de dónde?...esa es otra incógnita.
¿Quiénes
construyeron las cuevas de Pattee?
Según la tradición local en esas
tierras no había nada hasta que llegó hasta allí Jonathan Pattee, él compró
las tierras y construyó la granja sobre las cuevas. Sin embargo, al ser
descubiertas estas galerías subterráneas a finales del siglo XIX muchos le
atribuyeron a él también su construcción, lo cual hoy sabemos que es
imposible. Por la antigüedad de la obra, por la vejez de las piedras y porque
cuando fue hallada una de las galerías aún permanecía cerrada y encima de
ella había crecido el tocón de un árbol que para cuando Pattee adquirió el
terreno contaba con más de cien años. Un estudio
del árbol en estado de descomposición demostró que había sido un pino
blanco, especie que crece a razón de dos centímetros y medio de diámetro por
año, la semilla del cual posiblemente se germinase allí en 1652 y 1796, aún
no había nacido el granjero Pattee...
Los restos de carbón y cerámicas
fragmentadas encontradas allí, en algunos de sus pozos, estudiados a Carbono-14
han sido datadas en al menos 4.000 años de antigüedad, lo que implica que las
estructuras de piedra podrían ser aun más viejas, ya que estos restos fueron
los últimos utilizados en el sitio, pero no los primeros. Lo que podría ser el
mayor descubrimiento arqueológico del mundo moderno permaneció oculto bajo la
casa de este granjero desde 1835 hasta 1855, tiempo durante el cual tanto
Jonathan como sus cinco hijos moraron el lugar. A ellos pues se les achacó la
construcción de ese acre de tierra resuelta en increíbles galerías, pero era
imposible que seis personas lograran tan megalítica empresa en apenas veinte años.
Aunque nadie entiende porque el excéntrico granjero nunca habló de lo que de
seguro conocía, las ruinas de sus tierras. Un lugar que pese a haber estado
habitado desde 1645 nunca hizo mella en la historia local, tal vez porque los
primeros colonos entendieron que aquellas galerías podrían ser estructuras
geológicas naturales.
Pattee era un ser huraño y aislado
junto a su familia, se dijo mucho de él, desde que era un ex convicto que se
escondía hasta que había utilizado el lugar para liberar a esclavos negros dejándoles
pasar por allí hasta los ferrocarriles subterráneos que se construyeron en los
estados sureños y Canadá. Al
parecer Pattee no era esa mala persona que juzgaron sus convecinos. Era un
simple granjero analfabeto que labró y cuidó sus campos ayudado por vástagos.
Las cuevas no se descubrieron
oficialmente hasta 1930. Entonces empezaron a barajarse muchas conjeturas sobre
lo qué eran y quiénes las habían construido. En las primeras hipótesis
aparecían dos ejes fundamentales: los indios nativos y los monjes irlandeses
que se decían habían llegado a las costas norteamericanas hacia el año 400
d.C en un afán por adquirir tierra para el nuevo cristianismo. También se
barajó con la posibilidad de que los vikingos, excelentes exploradores,
hubieran llegado a esos lares, pero no tendrían sentido que hubieran avanzado
tan adentro del país pues no era su costumbre, como tampoco lo eran la
construcciones megalíticas, aunque en sus países de origen existieran. Si la
teoría de los vikingos o escandinavos estuvieran en lo cierto las
construcciones datarían del año 1.000 de nuestra era y algunas piedras de esas
galerías fueron labradas -lo muestra la erosión- cientos de años antes. Es
decir, incluso anteriormente a que los europeos tuvieran naves y barcos lo
suficientemente resistentes para realizar odiseas trasantlánticas en pos de
explorar el mundo. Los indígenas nativos por otra parte, no empezaron a hacer
construcciones colosales hasta milenios después con el uso del adobo y su
estilo era mucho más labrado y gráfico, mientras que sus obras tenían un
sentido práctico en su sociedad. Aunque nos pueda sorprender a los actuales
humanos, los antiguos eran mucho más realistas y prácticos de lo que
imaginamos. Sus edificaciones así lo dejan ver y se movían en dos sentidos:
construir para defenderse y para habitar o para culto religioso. Las pirámides,
Stonehenge, el Coliseo romano, los templos, etc son ejemplos de la búsqueda de
funcionalidad, aunque a veces sea meramente espiritual. Estas ruinas deben de
tener un sentido, pese a que ahora desconozcamos cuál en concreto. Quién se
dedicó a la construcción de aquella colina en Salem, de veintidós cabañas de
piedra o cuevas, a los innumerables pasadizos que unifican la estructura, a la
mesa expiatoria y las salas acústicas sin uso de cemento, artificios de
apuntalamiento ni asomo de vigas de madera, tenía un fin. Ahora sólo nos queda
averiguar cuál.
Sin duda, la estructura muestra que
los constructores usaron las astucias más viejas de los constructores, es
decir, erigían por amontonamiento de piedra y encaje de las piezas (bloques de
piedra), no usaban argamasa u otro tipo de ligamiento. Pero al mismo tiempo que
usaban este arcaico método sorprende la capacidad arquitectónica que les llevó
a construir voladizos y bóvedas e incluso arcos, que los indios no utilizaban,
pero si los tenían otros habitantes de la Tierra años después: árabes,
griegos y romanos. Y antes que ellos los arquitectos de las culturas minoica y
micénica del Mediterráneo oriental, que cientos de años después usaron los
constructores pre-americanos en el sur (Península de Yucatán en México,
Honduras). Pero hablamos de una diferencia de años muy notable, sin contar con
la distancia kilométrica entre unas culturas y otras. En realidad, la presencia
del oráculo y la distribución de sus muros son como una extraña mezcla entre
las arcaicas civilizaciones griegas encontradas en templos como los más
antiguos de Malta y Grecia, pero con similitudes de templos rituales preincaicos
de Sudamérica, donde era utilizada la piedra ritual de sacrificio y las cabañas
de momificación de los sacrificados. Tal vez el día en que las piedras hablen
para la ciencia nos llevaremos la gran sorpresa que nos haga entender el nexo de
unión entre las antiguas civilizaciones, pero en el caso de la colina de los
misterios será muy difícil llegar a conclusiones, pues los ladrones, vándalos
y colonos fueron despojando al lugar de algunas de sus piedras primitivas, donde
tal vez se guardaba la clave de su secreto, escrito en un idioma que no aparece
inscrito en ninguna de las que se mantienen todavía en Salem.
Los propios investigadores se sumaron
a la desafortunada perdida de pruebas. Un anticuario llamado William Goodwyn
estaba empeñado en demostrar que los monjes irlandeses eran los artífices del
enclave y por consiguiente los verdaderos descubridores de América. Se dedicó
a excavar despreocupadamente cuando adquirió la propiedad en 1936. Durante
ochenta años había estado en manos de los curiosos arquitectos y otros como
ladrones de antigüedades. El señor Goodwyn tenía claro que todo lo que no
apoyaba su hipótesis le estorbaba,
así que no dudo en eliminar algunas “cosillas” que creyó sobrantes y que
no le cuadraban en su rompecabezas, se desconoce qué es exactamente lo que
eliminó, pero él mismo se culpó de ello años después.
Por fin aquellas ruinas parecieron
preocupar a la ciencia histórica. En 1955 se hizo cargo de ellas la Early Site
Foundation, patrocinando algunas de las excavaciones en el lugar llevadas a cabo
por diversos estudiosos y expertos, además de promover su interés turístico.
Hasta allí llegaron estudiosos en la década de los sesenta. Uno de ellos,
Vicent Fagan, profesor asistente de arquitectura de la Universidad de Notre
Dame, cree que tras sus sencillas obras de piedra (sencilla si la comparamos con
el colosal Stonehenge) hay una gran edificación con complicado sentido
arquitectónico, de ella dijo: "Las cosas grandes son demasiadas pequeñas
y las pequeñas son grandes". También según Fagan, allí en aquellas
ruinas existe "una gigantesca confusión y un desorden casi infantil, una
profunda sutileza y una tosca ingenuidad". Pero no cree que tengan una
utilidad conocida pues indica que "hay un explosivo desorden". Pero no
todos los investigadores que las han observado de cerca opinan de igual manera.
El historiador inglés Geoffrey Ashe viajó a Salem en 1960. El buscador de
misterios en este caso deja correr mucho más su imaginación esculpida en sus
otras aventuras en pos la búsqueda de la Atlántida, civilizaciones pérdidas y
el mundo artúrico. Habla de que las colinas de Pattee pudieran datar de
milenios y estar registradas en la historia escrita, al menos en la griega.
Tienen cabida en el destierro de Cronos, en los tiempos de los trabajos de Hércules,
cuando Odiseo vivía sus aventuras y los britanos comenzaban a ver viajar a sus
héroes por los mares llenos de aventuras con dioses poderosos. Ashe nos
recuerda que según Homero, Cronos fue desterrado a un lugar donde nunca se ponía
el Sol al noroeste del Mediterráneo. Odiseo cruzó el Atlántico llegando a una
tierra habitada por una civilización estructurada y avanzada...la de los
crimeos. Y Hércules que viajo más allá de las Columnas del Mundo (Mediterráneo,
posiblemente Cádiz) llegó a una tierra llena de aborígenes. Otros
historiadores resaltan que los fenicios también viajaron mucho. Para el año
500 a.C ya habían circunvalado África. El ejemplo de su rey Hanno que habría
llegado a Camerún sirve para apoyar esta actividad exploradora. Pero pese a los
distintos investigadores y curiosos que han ido Pattee’s Hill no hay claves ni
siquiera para hacernos una idea de lo que son en realidad y mucho menos
hipotetizar sobre quiénes las hicieron. Los únicos indicios que tenemos nos
hacen presuponer que las galerías fueron un centro ritual precolombino. También
nos queda claro que se tratan de unas construcciones megalíticas monumentales
distribuidas en la tierra con un fin estructurado...pero, ¿cuál?. La propia
erosión de las piedras, el abandono de las ruinas, la naturaleza circundante
que ha crecido en el lugar han ido robándole no sólo forma sino también
sentido.
Pitágoras afirmó (su escuela) en
530 a.C que el mundo tenía forma esférica y muchos eran los que así pensaban
en la antigüedad, salvado los siglos oscuros de la edad medieval.
En
los mapas de navegación aparecían lugares e islas que sólo podrían haber
sido dibujadas tras la observación directa de estos lugares. El cartaginés
Himilco relató sus historias de navegación más allá del "mar
encrespado", posiblemente el Mar de los Sargazos, donde por otro lado se
encontraron restos y monedas de la cultura cartaginesa en 1749. La propia
tradición helena habla de las incursiones de sus marinos más allá del Atlántico.
El mítico semi-dios, Hércules, en su décimo trabajo llegó a ese continente
al que llamo rojo, tal vez por las tierras de ese color o porque en él encontró
nativos "indios norteamericanos". Teopompo en 380 a.C afirmó que el
planeta estaba dividido en cuatro grandes continentes rodeados de agua: La
esfera de Crates estaba más allá del Atlántico. Pero el secreto de esas
inspecciones en nuevas posesiones quedó guardado por los antiguos por miedo a
que se les cortaran las rutas comerciales. Lo curioso es que del mismo modo que
los habitantes del mundo conocido examinaban el otro resto del orbe terrestre,
también se pudo dar el caso de que los moradores de ese lado oculto en los
confines pudiera hacer lo mismo hacia Europa. Historias que le pudieron llegar
al propio Colón, cuando recogía información para estableces sus rutas de
navegación. Una de las que pudo caer en sus manos de experto desencriptador de
mapas eran las leyendas del monje irlandés Brendan. El sacerdote que hablaba
varias lenguas como el latín y el griego había heredado informaciones de esas
culturas sobre el continente perdido al occidente de Irlanda. Y según el
confesor de vez en cuando se habían dado pruebas de la existencia de esos
lugares, al llegar por mar hasta Europa norte (Irlanda) restos flotantes de
objetos extraños y extranjeros de difícil significado, trozos de naufragios de
embarcaciones desconocidas que no eran trabajadas como las de los europeos:
canoas, piraguas y puede que incluso restos de esos habitantes desconocidos, sus
cadáveres que flotando hinchados habrían llegado a la costa. Se dice que Colón
pudo haber visto realmente los restos momificados de un hombre y una mujer
llegados de esa sorprendente manera marítima durante su visita a Galway,
Irlanda. Los primeros manuscritos de San Brendan eran anteriores al siglo IX,
siglo en el que seguramente la historia ya estaba engalanada con datos
superfluos de los imaginarios relatos marinos. Otro mito de los navegantes se
refiere al marino vikingo Ari Marson, que cruzó los mares en 983 a.C llegando a
la "tierra del hombre blanco", a la que llamaban "Gran
Irlanda", que pudo ser la propia costa de Connetticutt.
A
todo esto no nos cabe duda de que antes que Colón otros aventurares dieron con
América, ¿eran estos, o algunos de estos grupos de navegantes, los
constructores de las ruinas de Salem?. Si bien es cierto que por encontrarse
ellos en conocimiento de las ruinas de Stonehenge y conocer las funciones
rituales y astronómicas de este centro de poder, pudieron haber transportado a
estas ruinas la idea básica de las construcciones megalíticas, no tiene
sentido el hecho de que sean contemporáneas en tiempo. Y si bien es cierto que
los pueblos de navegantes avanzados, como los noruegos e irlandeses, conocían a
la perfección las bases de la astronomía no se conoce en la antigüedad que
estos pueblos fuesen expertos arquitectos ni edificadores de monumentos pétreos,
eso lo hicieron otros pueblos anteriores. De nuevo el enigma sigue servido.
En la actualidad, la colina de los
misterios es más que un centro destinado a la investigación arqueológica y
antropológica de nuestro pasado humano, un lugar de interés claramente turístico
y las entradas al recinto tienen precios elevados. Dicen que para protegerlo y
mantenerlo. Los alrededores son igualmente fruto de curiosidad, pues se han
hallado cientos de losas desacostumbrado señaladas
con inscripciones que nada tienen que ver ni con la atávica simbología
india ni con la griega. En principio se creían que eran señales de aradas, que
habían pasado año tras año encima de ella. Luego se creyeron producto de la
erosión, pero finalmente se cree que pudieran ser grafismos. En otras partes de
Nueva Inglaterra se habían encontrado losas similares, algunas cerca de las
costas como las que halló el sacerdote puritano Cotton Mather en 1712, cerca de
Massachusetts, bajo el río Tauton, donde difícilmente podrían haber sido
aradas por los colonos. El clérigo creyó ver en ellas un arcaico y desconocido
alfabeto, escribiendo de inmediato con sus hipótesis a la Sociedad Real en
Londres. En sus cartas hacía constar que en distintos puntos podrían haber
varios alfabetos estancos lo que indicaría la existencia de diferentes culturas
en una pequeña zona. Rocas que parecían tener algo de gaélico e irlandés
arcaico, pero sus hallazgos no interesaron a la sociedad científica. En las
piedras de la colina de Salem no se descubrieron inscripciones semánticas, sólo
representaciones de algún animal como el ciervo. Lo que no indica que no
pudieran existir en antaño o aún estén por descubrir, ya que se desconoce el
alcance de las construcciones más allá de la propia loma. Para avanzar un poco
más en el estudio de la estructura o planos de las cuevas de Pattee sería
necesario un empleo exhaustivo de radar subterráneo, ya que sólo las galerías
superficiales son visibles, desconociéndose la verdadera envergadura de todo el
complejo arquitectónico y siempre teniendo en cuenta que durante más de 50 años
el monumento fue expoliado por los
contratistas, menguando su piedra en al menos un 40%, por lo que muchas de las
iglesias de piedra y casas construidas en las cercanías pudieran tener datos
sobre el paraje al estar hechas con piedras robadas de ella. Otras de las
piedras sustraídas fueron empleadas en la construcción de la calle y la
construcción de Lorenzo Dam.
Otros de los que se acercaron a investigar las galerías fue en 1893 el profesor Hugo Morrisson, presidente del Departamento de Arquitectura del colegio Dartmouth y un historiador interesado en ellas Daniel Fiske, ambos llegaron a la conclusión de que era imposible adjudicar su obra a los nativos amerindios ni a los colonos. Desde entonces poco más se ha avanzado en encontrar respuestas por lo que el lugar sigue siendo un centro de polémicas y debate de "oficiales" de la ciencia arqueológica, que siguen perplejos ante la monumental obra perdida en la soledad de aquellos campos.
Más de doscientas alineaciones planetarias en aquellas paredes de miles de años de antigüedad, regidas por la Luna y los solsticios, igual que ocurre en la inglesa Stonehenge y en otros monolitos distribuidos por el globo terráqueo. El uno de noviembre a la salida del sol y a la puesta es visible la alineación en las pulidas paredes. Sucede igual en el solsticio de verano y en el de primavera, lo que indica que el azar no está programado en las distribuciones de los monolitos de Pattee. En concreto se alinean como estaban hace cuatro mil años la estrella de Thuban y la Estrella Polar, lo que coincide con la antigüedad observada por el Carbono-14 en los restos extraídos del lugar. Allí mismo se encuentran señaladas 45 estrellas diferentes y puntos geográficos importantes que coinciden con esas doscientas alineaciones astronómicas. Una pared mural colosal coincide con el norte de las brújulas (sentido direccional), mientras otra similar indica el sur de la obra. Una de las paredes donde se dan las alineaciones muestra la parada meridional de la Luna 18.61, que es el ciclo en que este satélite natural tarda en dibujar la órbita elíptica imperfecta alrededor de nuestro planeta. Alguien sabía no sólo de la órbita lunar, sino que lo tenía en cuenta todo en ella, incluido los 5 grados de desviación al norte o al sur que va dibujando respecto al Sol en cada una de sus órbitas. Y ese alguien lo dejó patente en esa colina, mucho antes que "oficialmente" lo descubriera el astrónomo griego Metón. La rampa, uno de los puntos más enigmáticos Pattee, permanece iluminada el uno de mayo a la salida del Sol, iluminándose un camino imaginario hacia la mesa-ceremonial del centro del pozo. No sólo coincide en ser una construcción con base astronómica con otras ubicadas en Europa, sino que además comparte con ella el “volver locas” a las marcas registradoras de los medidores electromagnéticos de algunos investigadores que se acercan al lugar, lo que indica lo allí erigido fue hecho en un lugar predeterminado y seleccionado para ello, con un alto contenido en energía telúrica o electromagnética, o tal vez las dos. Lo que no encuadra para nada o tal vez si, es que la estructura está desplegada justo sobre una falla natural, siendo por ese motivo y los seísmos que las piedras originales fueran dañadas. Lo que si resulta curioso es que al contrario de otras construcciones megalíticas estructuradas en planos llanos, en esta ocasión los anónimos arquitectos eligieran una colina o punto elevado. En este caso quizás mostrando un avance hacia las posteriores construcciones precolombinas cuya característica las hacía edificarse en puntos estratégicos elevados. Como si además de ser un puesto religioso sagrado y un lugar astronómico, hubiera un intento de hacer de estos lugares una especie de torre de observación, no sólo de la zona colindante a ras de suelo, sino también para la observación de la bóveda celeste. Objetos como una piedra moladora de metales (afiladora), un canal para abastecer de agua dulce y potable el lugar y un cristal de cuarzo puro son algunos de los artefactos que vuelven, si cabe, más enrevesado lo insólito del lugar.
El cuarzo debió ser utilizado para incrustar en las piedras de tal forma que el Sol incidiese en el produciendo efectos ópticos en ciertos momentos de alineación planetaria. Aunque hay quien aseguran que el cuarzo antiguamente fue solo empleado por su simbolismo místico y espiritual, se sabe que en estado puro es un gran acumulador energético. Dado que no es común este cuarzo en las cercanías se cree que fue transportado por fines ceremoniales. La mesa de los sacrificios o tabla expiatoria, según palabras de el arqueólogo y conservador de la colina de los misterios, creen que fue “usada para sacrificios, pero no hay pruebas que lo corroboren”.La cámara de los oráculos unida por tubos a la mesa de sacrificio puede tener relación con las empleadas por los druidas o los cultos megalíticos. Sin embargo, mientras que en sus versiones monolíticas europeas se habrían encontrados restos de los sacrificios humanos, allí brillan por su ausencia.
La piedra de las construcciones procedían de canteras de Nueva Inglaterra, era puro granito, pero las más cercanas estaban a cientos de kilómetros...cómo habían traído los monolitos tierra a dentro hasta colocarlas en la colina. En el llano de Salisbury, muy cerca de Salem se habían encontrado martillos y cinceles, lo que indicaban que las piedras se podían haber trabajado allí. Las herramientas de más de mil años antes de cristo indicaban que el lugar pudo haber sido un taller, pero no daban pistas para encontrar las canteras, que además pudieron no tener nada que ver con los monolitos de la colina de Jonathan Pattee. Sin embargo, la presencia de dólmenes en la colina hace que personas como el arqueólogo James Whittall piensen que los constructores neolíticos de Stonehenge y los estadounidenses compartieran una cultura común: la Celta. Las escrituras en piedra podrían ser del tipo Ogham y algunos de los graffitis petroglifos podrían representar al dios Baal. La cámara del oráculo o sala oculta bajo la mesa, los tubos de aire y el tubo que habla, por donde una voz humana sale multiplicada con una asombrosa acústica es la prueba de que esos misteriosos arquitectos de Salem no solo dominaban la astronomía, la construcción, la cantera, sino que además tenían conocimiento de otras ciencias tanto energéticas (cuarzo) como las sonoras, es decir en ambos casos conocían la forma de propagación de las ondas hertzianas y de las luminosas.
Uno de los últimos misterios descubiertos para que la ciencia lo estudie, eso es lo que termina siendo esa extraña colina fabricada en piedra. Y allí de pie junto a las toneladas de granito, donde el tiempo se detiene uno puede terminar por escuchar la respiración de los sacerdotes-constructores a través de los conductos creados para multiplicar sus voces y para perpetuar el recuerdo de que existieron en nuestro pasado remoto. Uno tiene la extraña sensación de que en un momento u otro algo terminará bajando de los cielos aterrizando en la colina y abriéndose de él "caerán cosas por la rampa de la ladera" hasta ser depositadas en la mesa, donde cosas que desconocemos serán operadas o sacrificadas para terminar perdidas en el recuerdo...o tal vez en los alrededores de las cuevas de Pattee...embalsamadas para que alguien logre encontrar respuestas a su origen.