Papá, ¿quieres verme?. Al luxemburgués Klaus
Schreiber se le hizo un nudo en la garganta, pero supo reaccionar porque al
fin y al cabo estaba acostumbrado a
aquellas fuertes emociones desde la pérdida de su joven hija Karin.
Aseguraba mantener comunicación con ella a través de las psicofonías, pero
aquella sugerencia hecha desde el “otro lado” iba mucho mas lejos. ¡Podría
volver a ver su hija!. Ahí comenzó la
aventura. Corría el año 1.985.
El “espíritu” de Karin ofreció a Klaus todo tipo de indicaciones
técnicas para obtener no sólo voces de personas fallecidas, sino imágenes de
sus rostros. Y el de su hija y los de otras personas ya muertas fueron surgiendo
en el monitor de televisión, que emitía en un circuito cerrado lo que una cámara
de vídeo captaba sobre la pantalla. Acababan de nacer las psicoimágenes, la
frontera de la transcomunicación instrumental, es decir, el intento de
establecer contacto con los presuntos espíritus de los muertos no gracias a los
legendarios médiums que los canalizaban bajo trance, sino a través de
instrumentos tecnológicos. Desde entonces han cambiado muchas cosas. Casi 15 años
después, las psicoimágenes captadas por el investigador español Alfonso
Galeano están siendo objeto de profundos análisis en las universidades de
Princeton (Estados Unidos) y Sao Paulo (Brasil), que han establecido un convenio
de colaboración con la Asociación Mundial para la Transcomunicación
Instrumental (GAIT), entidad a la que pertenecen algunos investigadores españoles
que han logrado convencer a las autoridades científicas internacionales de la
necesidad de estudiar el fenómeno. Entre aquellos primeros resultados obtenidos
en 1.985 y los más recientes logrados en nuestro país, las investigaciones
parapsicológicas en este terreno han avanzado hasta límites insospechados.
En las fechas en las que Klaus Schreiber obtenía las primeras psicoimágenes, un equipo de investigación vinculado al programa IV Dimensión de Radio Heraldo de Aragón se desplazó a Belchite (Zaragoza) con objeto de contrastar lo que muchos ofrecían como una explicación plausible para el primer método de transcomunicación que llegó a España, las psicofonías. La nueva hipótesis consideraba que los sucesos dramáticos que han generado una fuerte carga emotiva quedan “grabados” en el ambiente y bajo ciertas circunstancias los sonidos de aquellos momentos surgen inaudibles, salvo que se disponga del soporte técnico adecuado.
El experto de sonido Ricardo
Martínez lo dispuso todo para aquella inolvidable noche de noviembre de
1.985.
Micrófonos de alta sensibilidad, cables de 200 metros completamente
aislados y equipos de grabación de indiscutible calidad. A los ojos de los
investigadores, Belchite apareció como lo que realmente es: un pueblo fantasma
y en ruinas, destrozado por los intensos bombardeos que sufrió durante la
Guerra Civil.
Pero ante sus “oídos” se presentó también una realidad
sobrecogedora: durante media hora los equipos de grabación registraron un auténtico
bombardeo: golpes, gritos, explosiones y el vuelo rasante de bombarderos
vaciando sobre aquel pueblo su carga letal. Una escena que se había producido
50 años atrás y que, a través de mecanismos desconocidos, se repitió en
1.985 de forma insospechada cuando aparentemente el silencio reinaba durante la
espectacular grabación.
El pasado mes de mayo, un equipo de la Sociedad Española de
Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) quiso repetir la experiencia en aquel
mismo enclave. La tragedia no revivió, pero los investigadores sí lograron
captar decenas de psicofonías muy estremecedoras. Campanadas, lamentos y voces
de otro mundo quedaron impregnadas en las bandas magnéticas de los equipos
sonoros de la SEIP. Voces que incluso respondieron a algunas de las cuestiones
que los estudiosos plantearon al “vacío”, como si alguien, al otro lado de
la vida, tuviera posibilidad de manifestarse utilizando un soporte tecnológico.
Los resultados de Schreiber en 1.985 dieron lugar al Grupo
de Luxemburgo, la primera de las casi 5.000 “estaciones receptoras” de
mensajes del “más allá”, como en el argot se denomina a los laboratorios
de transcomunicación. Aunque España no está a la cabeza en estas
experimentaciones, los resultados obtenidos aquí merecen un hueco en la
vanguardia de la parapsicología mundial.
El intento de obtener imágenes del “más allá” en nuestro país
se remonta a 1.974. Por aquel entonces, el investigador Germán de Argumosa ya había conseguido miles de psicofonías que
certificaban la realidad de la transcomunicación instrumental. Más lejos
fueron el desaparecido estudioso Julio
Roca Muntañola y el químico industrial Sinesio
Darnell. “Si la psicofonía es un
fenómeno por el cual lo no audible se hace audible, quizá se podría, a través
de los medios adecuados, llegar a hacer visible lo no visible”, se
plantearon hace 25 años, mucho antes de obtenerse las primeras psicoimágenes.
Fruto de aquella proposición y utilizando como sistema la fotografía,
obtuvieron imágenes de pequeños puntos de luz que parecían desplazarse frente
al objetivo de la cámara sin que el ojo humano los percibiera. Su estrecha
relación posterior con el grupo de Luxemburgo hizo de Sinesio Darnell el primer
experimentador científico en el campo de las psicoimágenes
en vídeo de nuestro país. Utilizando lámparas de luz negra, un monitor
de televisión no sintonizado para evitar que captara señales de cualquier
tipo, un reproductor de vídeo y una cámara que filmaba la pantalla para crear
un sistema de retroalimentación. Darnell comenzó a obtener imágenes que parecían
surgir de la nada y que mostraban rostros humanos y escenas paisajísticas.
A la par, otros investigadores españoles iniciaron sus experimentos.
Hoy, los responsables del GAIT consideran las imágenes obtenidas en España
como las más significativas del mundo. Paciencia, espíritu crítico y
tenacidad son las armas que esgrimen nuestros transcomunicadores: “Un año trabajando durante cinco minutos de grabación diaria
equivale a examinar pacientemente una por una un total de 2.737.500 imágenes.
De ellas, sólo un 0,5% son psicoimágenes demostrativas”, asegura Darnell
(MÁS ALLÁ, 35).
No tan humanos...
“El proyecto de
autentificación de nuestras imágenes puede llevarse a cabo antes de finales de
este año”, aseguró Alfonso Galeano a MÁS ALLÁ. Científicos
de la Universidad de Princeton y Sao Paulo, impresionados por los resultados de
este investigador, vendrán a España en breve para estudiar las psicoimágenes.
El GAIT cuenta para ello con un presupuesto de dos millones de dólares y abarca
las principales “estaciones receptoras” del mundo. El astronauta Edgar
Mitchell, la experimentadora brasileña Sonia
Rinaldi, de la Universidad de Sao Paulo (Brasil) o Ernst
Senkowski, catedrático de Física de la Universidad de Mainz (Alemania) ya
han mostrado su interés por este trabajo.
“Las imágenes no tienen
su origen, como en una emisión de televisión convencional, a partir del tubo
de vacío del cañón de electrones del aparato, sino que parecen formarse sobre
el sustrato químico del revestimiento externo de la pantalla del televisor”, razona Galeano al explicar la formación de las imágenes, que
adoptan su forma definitiva –cuya duración es muy breve-, moldeándose a
partir del granulado y de los efectos luminosos generados por el campo de
retroalimentación creado por los experimentadores. “Esos rostros trascienden la tridimensionalidad; parecen la
manifestación de una vida inteligente sin soporte físico”, explica
Sinesio Darnell.
La hipótesis de Galeano, propuesta también por otros investigadores
españoles, explica la formación de las imágenes a través de un campo matemático-fractal.
Es decir, la energía que se manifiesta en las psicoimágenes utiliza las
fluctuaciones luminosas caóticas del circuito de TV-VÍDEO y las modela hasta
formar rostros humanos y... no humanos.
Quizá este es el aspecto más novedoso aportado por los investigadores
españoles. Al margen de aquellas que presentan paisajes, la mayoría de las
psicoimágenes muestran rostros humanos que a veces han sido identificados con
personas fallecidas. Pero Galeano también ha obtenido imágenes arquetípicas
de seres legendarios e, incluso, rostros de morfología asociada al fenómeno
OVNI.
Si la naturaleza de estas energías tiene orígenes diversos, cabría
plantearse que hemos abierto “ventanas” de comunicación con otras formas de
realidad no física que han encontrado en la transcomunicación una vía para
contactar con nosotros. ¿O acaso es la transcomunicación un sistema para
plasmar con imágenes nuestro inconsciente?
Deseos que se hacen
realidad
Los investigadores valencianos Francisco
Máñez, José Roselló y Jacques
Fetcher llevan más de una década obteniendo resultados espectaculares.
Lograron imágenes de rostros de apariencia humana que parecían demostrar que
al “otro lado” había alguien tratando de comunicarse con nosotros y
descubrieron que, efectivamente, la teoría de los fractales era la que mejor
explicaba la formación de los rostros. Pero fueron más lejos. “En una ocasión, de modo casual, apareció una estrella de cinco
puntas”, explican. A la par que procuraban obtener psicoimágenes,
experimentaban con las cartas Zener, empleadas para comprobar las capacidades
telepáticas de determinados sujetos. Uno de los símbolos de estas cartas la
estrella de cinco puntas, apareció nítidamente reflejado en el monitor cuando
los expertos pretendían grabar rostros humanos.
¿Casualidad? Quizá no, porque los estudiosos hallaron similitudes
entre las psicoimágenes y las visiones que se generan durante los estados
alterados de la conciencia (EAC). Así, el viaje o túnel descrito durante estas
visones se asemeja al continuo desplazamiento a través de la luz hacia el fondo
de la pantalla, y la reja resulta muy similar a las barras luminosas que acaban
formando figuras geométricas descritas en este tipo de visiones. Pues bien, si
muchas de estas imágenes, que nacen de lo más profundo de la psique humana, se
asemejan a las que aparecen en las psicoimágenes, ¿qué ocurriría si el
experimentador proyectara durante un EAC una imagen concreta?
Máñez y su equipo lo intentaron. Y muy pronto los resultados les
dieron la razón. En un estado de profunda relajación, proyectaron la imagen de
un OVNI sobre el mar y la escena apareció reflejada en el monitor. Repitieron
el experimento con
símbolos y otras imágenes: “Las
simples manchas luminosas adoptaron un aspecto similar, aunque no idéntico, al
de la figura predeterminada”.
Estadísticamente, aquel experimento fue un éxito y expusieron la
tesis sobre la disposición regular de formaciones caóticas –la citada
propuesta de los fractales- durante la transcomunicación: “Es posible trasladar los potenciales mentales al televisor, dando
como resultado una manifestación de ellos en la pantalla”. Además,
descubrieron que si durante las sesiones varios sujetos se concentraban en
una figura determinada, ésta aparecía reflejada como una psicoimagen en
contadas ocasiones. Pero si amén de la concentración mantenían una conversación
sobre el particular, los resultados eran más que espectaculares, sobre todo
cuando las imágenes proyectadas tenían que ver con el fenómeno OVNI.
Si las conclusiones del grupo valenciano se ajustan a la realidad, esto
implicaría que nuestra mente es capaz de moldear esos millones de micropuntos
luminosos que forman la superficie de la pantalla. A este fenómeno, en
parapsicología, se le denomina psicokinesis. Pero, ¿puede explicar todas las
variantes de la transcomunicación?. No olvidemos que muchos especialistas han
llegado a establecer una comunicación directa con las voces y rostros que
surgen tras las psicofonías y psicoimágenes, dificultando mucho la aplicación
de esta hipótesis. En todo caso, aunque la presencia de un experimentador
parece asociada a la generación de estas manifestaciones, los expertos albaceteños
José Luis Tajada y Fernando
Martínez han obtenido significativos resultados en sus experiencias sin
estar presentes en las grabaciones.
Manuel Cuenca, especialista en robótica e imagen digital, trabajaba el 16 de abril
de 1.998 en su laboratorio alicantino junto a Pedro Amorós, presidente de la SEIP. El primero, escéptico, quería
conocer de primera mano las técnicas de trabajo de un transcomunicador nato
como Amorós. Durante horas, el “flameado” caótico no dio paso a forma
coherente alguna, hasta que una mano surgió sobre la pantalla del ordenador
desde el cual se seguía el proceso de retroalimentación usado en este tipo de
experiencias.
Posteriores análisis, virando los fondos de color, sirvieron para
percibir cómo los millones de pequeños puntos luminosos del resto de la imagen
también habían dado lugar a rostros que se superponían, demostrando –tal y
como ocurre en manifestaciones paranormales como las caras de Bélmez- el
intento de ahorro energético por parte de la energía que se manifiesta.
“Las psicoimágenes son rebotes de emisoras de TV, por lo que ver una cara de algún familiar difunto o famoso conocido entra más en el terreno de la interpretación”, asegura –pese a su experiencia- Manuel Cuenca, quien admite la posibilidad de que algunos casos sí se correspondan con auténticas manifestaciones paranormales que, como dijo Germán de Argumosa, pueden proceder de entes de “naturaleza psíquico-espiritual que intentan construir un puente entre su esfera y nuestra forma de vida terrenal”. Y es que “algo” o “alguien” ha encontrado en la tecnología una magnífica vía que le conduce hasta nosotros.