TRANSCOMUNICACIÓN EN ESPAÑA. CONVERSACIONES CON EL OTRO LADO

Por José Manuel García Bautista

 

Son pocos, cuentan con escasos medios y apenas llevan diez años experimentando, pero los parapsicólogos españoles, en su intento de establecer contacto con otros niveles de la realidad, han logrado resultados estremecedores. Voces del más allá, rostros de personas fallecidas, paisajes desconocidos e imágenes simbólicas son algunos de ellos.

Papá, ¿quieres verme?. Al luxemburgués Klaus Schreiber se le hizo un nudo en la garganta, pero supo reaccionar porque al fin  y al cabo estaba acostumbrado a aquellas fuertes emociones desde la pérdida de su joven hija Karin. Aseguraba mantener comunicación con ella a través de las psicofonías, pero aquella sugerencia hecha desde el “otro lado” iba mucho mas lejos. ¡Podría volver a ver su hija!. Ahí comenzó  la aventura. Corría el año 1.985.

El “espíritu” de Karin ofreció a Klaus todo tipo de indicaciones técnicas para obtener no sólo voces de personas fallecidas, sino imágenes de sus rostros. Y el de su hija y los de otras personas ya muertas fueron surgiendo en el monitor de televisión, que emitía en un circuito cerrado lo que una cámara de vídeo captaba sobre la pantalla. Acababan de nacer las psicoimágenes, la frontera de la transcomunicación instrumental, es decir, el intento de establecer contacto con los presuntos espíritus de los muertos no gracias a los legendarios médiums que los canalizaban bajo trance, sino a través de instrumentos tecnológicos. Desde entonces han cambiado muchas cosas. Casi 15 años después, las psicoimágenes captadas por el investigador español Alfonso Galeano están siendo objeto de profundos análisis en las universidades de Princeton (Estados Unidos) y Sao Paulo (Brasil), que han establecido un convenio de colaboración con la Asociación Mundial para la Transcomunicación Instrumental (GAIT), entidad a la que pertenecen algunos investigadores españoles que han logrado convencer a las autoridades científicas internacionales de la necesidad de estudiar el fenómeno. Entre aquellos primeros resultados obtenidos en 1.985 y los más recientes logrados en nuestro país, las investigaciones parapsicológicas en este terreno han avanzado hasta límites insospechados.

 

Belchite, un pueblo fantasma

En las fechas en las que Klaus Schreiber obtenía las primeras psicoimágenes, un equipo de investigación vinculado al programa IV Dimensión  de Radio Heraldo de Aragón se desplazó a Belchite (Zaragoza) con objeto de contrastar lo que muchos ofrecían como una explicación plausible para el primer método de transcomunicación que llegó a España, las psicofonías. La nueva hipótesis consideraba que los sucesos dramáticos que han generado una fuerte carga emotiva quedan “grabados” en el ambiente y bajo ciertas circunstancias los sonidos de aquellos momentos surgen inaudibles, salvo que se disponga del soporte técnico adecuado.

El experto de sonido Ricardo Martínez lo dispuso todo para aquella inolvidable noche de noviembre de 1.985.

Micrófonos de alta sensibilidad, cables de 200 metros completamente aislados y equipos de grabación de indiscutible calidad. A los ojos de los investigadores, Belchite apareció como lo que realmente es: un pueblo fantasma y en ruinas, destrozado por los intensos bombardeos que sufrió durante la Guerra Civil.

Pero ante sus “oídos” se presentó también una realidad sobrecogedora: durante media hora los equipos de grabación registraron un auténtico bombardeo: golpes, gritos, explosiones y el vuelo rasante de bombarderos vaciando sobre aquel pueblo su carga letal. Una escena que se había producido 50 años atrás y que, a través de mecanismos desconocidos, se repitió en 1.985 de forma insospechada cuando aparentemente el silencio reinaba durante la espectacular grabación.

El pasado mes de mayo, un equipo de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) quiso repetir la experiencia en aquel mismo enclave. La tragedia no revivió, pero los investigadores sí lograron captar decenas de psicofonías muy estremecedoras. Campanadas, lamentos y voces de otro mundo quedaron impregnadas en las bandas magnéticas de los equipos sonoros de la SEIP. Voces que incluso respondieron a algunas de las cuestiones que los estudiosos plantearon al “vacío”, como si alguien, al otro lado de la vida, tuviera posibilidad de manifestarse utilizando un soporte tecnológico.

 

Los pioneros españoles

Los resultados de Schreiber en 1.985 dieron lugar al Grupo de Luxemburgo, la primera de las casi 5.000 “estaciones receptoras” de mensajes del “más allá”, como en el argot se denomina a los laboratorios de transcomunicación. Aunque España no está a la cabeza en estas experimentaciones, los resultados obtenidos aquí merecen un hueco en la vanguardia de la parapsicología mundial.

El intento de obtener imágenes del “más allá” en nuestro país se remonta a 1.974. Por aquel entonces, el investigador Germán de Argumosa ya había conseguido miles de psicofonías que certificaban la realidad de la transcomunicación instrumental. Más lejos fueron el desaparecido estudioso Julio Roca Muntañola y el químico industrial Sinesio Darnell. “Si la psicofonía es un fenómeno por el cual lo no audible se hace audible, quizá se podría, a través de los medios adecuados, llegar a hacer visible lo no visible”, se plantearon hace 25 años, mucho antes de obtenerse las primeras psicoimágenes.

Fruto de aquella proposición y utilizando como sistema la fotografía, obtuvieron imágenes de pequeños puntos de luz que parecían desplazarse frente al objetivo de la cámara sin que el ojo humano los percibiera. Su estrecha relación posterior con el grupo de Luxemburgo hizo de Sinesio Darnell el primer experimentador científico en el campo de las psicoimágenes  en vídeo de nuestro país. Utilizando lámparas de luz negra, un monitor de televisión no sintonizado para evitar que captara señales de cualquier tipo, un reproductor de vídeo y una cámara que filmaba la pantalla para crear un sistema de retroalimentación. Darnell comenzó a obtener imágenes que parecían surgir de la nada y que mostraban rostros humanos y escenas paisajísticas.

A la par, otros investigadores españoles iniciaron sus experimentos. Hoy, los responsables del GAIT consideran las imágenes obtenidas en España como las más significativas del mundo. Paciencia, espíritu crítico y tenacidad son las armas que esgrimen nuestros transcomunicadores: “Un año trabajando durante cinco minutos de grabación diaria equivale a examinar pacientemente una por una un total de 2.737.500 imágenes. De ellas, sólo un 0,5% son psicoimágenes demostrativas”, asegura Darnell (MÁS ALLÁ, 35).

 

No tan humanos...

“El proyecto de autentificación de nuestras imágenes puede llevarse a cabo antes de finales de este año”, aseguró Alfonso Galeano a MÁS ALLÁ. Científicos de la Universidad de Princeton y Sao Paulo, impresionados por los resultados de este investigador, vendrán a España en breve para estudiar las psicoimágenes. El GAIT cuenta para ello con un presupuesto de dos millones de dólares y abarca las principales “estaciones receptoras” del mundo. El astronauta Edgar Mitchell, la experimentadora brasileña Sonia Rinaldi, de la Universidad de Sao Paulo (Brasil) o Ernst Senkowski, catedrático de Física de la Universidad de Mainz (Alemania) ya han mostrado su interés por este trabajo.

“Las imágenes no tienen su origen, como en una emisión de televisión convencional, a partir del tubo de vacío del cañón de electrones del aparato, sino que parecen formarse sobre el sustrato químico del revestimiento externo de la pantalla del televisor”, razona Galeano al explicar la formación de las imágenes, que adoptan su forma definitiva –cuya duración es muy breve-, moldeándose a partir del granulado y de los efectos luminosos generados por el campo de retroalimentación creado por los experimentadores. “Esos rostros trascienden la tridimensionalidad; parecen la manifestación de una vida inteligente sin soporte físico”, explica Sinesio Darnell.

La hipótesis de Galeano, propuesta también por otros investigadores españoles, explica la formación de las imágenes a través de un campo matemático-fractal. Es decir, la energía que se manifiesta en las psicoimágenes utiliza las fluctuaciones luminosas caóticas del circuito de TV-VÍDEO y las modela hasta formar rostros humanos y... no humanos.

Quizá este es el aspecto más novedoso aportado por los investigadores españoles. Al margen de aquellas que presentan paisajes, la mayoría de las psicoimágenes muestran rostros humanos que a veces han sido identificados con personas fallecidas. Pero Galeano también ha obtenido imágenes arquetípicas de seres legendarios e, incluso, rostros de morfología asociada al fenómeno OVNI.

Si la naturaleza de estas energías tiene orígenes diversos, cabría plantearse que hemos abierto “ventanas” de comunicación con otras formas de realidad no física que han encontrado en la transcomunicación una vía para contactar con nosotros. ¿O acaso es la transcomunicación un sistema para plasmar con imágenes nuestro inconsciente?

 

Deseos que se hacen realidad

Los investigadores valencianos Francisco Máñez, José Roselló y Jacques Fetcher llevan más de una década obteniendo resultados espectaculares. Lograron imágenes de rostros de apariencia humana que parecían demostrar que al “otro lado” había alguien tratando de comunicarse con nosotros y descubrieron que, efectivamente, la teoría de los fractales era la que mejor explicaba la formación de los rostros. Pero fueron más lejos. “En una ocasión, de modo casual, apareció una estrella de cinco puntas”, explican. A la par que procuraban obtener psicoimágenes, experimentaban con las cartas Zener, empleadas para comprobar las capacidades telepáticas de determinados sujetos. Uno de los símbolos de estas cartas la estrella de cinco puntas, apareció nítidamente reflejado en el monitor cuando los expertos pretendían grabar rostros humanos.

¿Casualidad? Quizá no, porque los estudiosos hallaron similitudes entre las psicoimágenes y las visiones que se generan durante los estados alterados de la conciencia (EAC). Así, el viaje o túnel descrito durante estas visones se asemeja al continuo desplazamiento a través de la luz hacia el fondo de la pantalla, y la reja resulta muy similar a las barras luminosas que acaban formando figuras geométricas descritas en este tipo de visiones. Pues bien, si muchas de estas imágenes, que nacen de lo más profundo de la psique humana, se asemejan a las que aparecen en las psicoimágenes, ¿qué ocurriría si el experimentador proyectara durante un EAC una imagen concreta?

Máñez y su equipo lo intentaron. Y muy pronto los resultados les dieron la razón. En un estado de profunda relajación, proyectaron la imagen de un OVNI sobre el mar y la escena apareció reflejada en el monitor. Repitieron el experimento  con  símbolos y otras imágenes: “Las simples manchas luminosas adoptaron un aspecto similar, aunque no idéntico, al de la figura predeterminada”.

Estadísticamente, aquel experimento fue un éxito y expusieron la tesis sobre la disposición regular de formaciones caóticas –la citada propuesta de los fractales- durante la transcomunicación: “Es posible trasladar los potenciales mentales al televisor, dando como resultado una manifestación de ellos en la pantalla”. Además,  descubrieron  que si durante las sesiones varios sujetos se concentraban en una figura determinada, ésta aparecía reflejada como una psicoimagen en contadas ocasiones. Pero si amén de la concentración mantenían una conversación sobre el particular, los resultados eran más que espectaculares, sobre todo cuando las imágenes proyectadas tenían que ver con el fenómeno OVNI.

 

Un puente tecnológico

Si las conclusiones del grupo valenciano se ajustan a la realidad, esto implicaría que nuestra mente es capaz de moldear esos millones de micropuntos luminosos que forman la superficie de la pantalla. A este fenómeno, en parapsicología, se le denomina psicokinesis. Pero, ¿puede explicar todas las variantes de la transcomunicación?. No olvidemos que muchos especialistas han llegado a establecer una comunicación directa con las voces y rostros que surgen tras las psicofonías y psicoimágenes, dificultando mucho la aplicación de esta hipótesis. En todo caso, aunque la presencia de un experimentador parece asociada a la generación de estas manifestaciones, los expertos albaceteños José Luis Tajada y Fernando Martínez han obtenido significativos resultados en sus experiencias sin estar presentes en las grabaciones.

Manuel Cuenca, especialista en robótica e imagen digital, trabajaba el 16 de abril de 1.998 en su laboratorio alicantino junto a Pedro Amorós, presidente de la SEIP. El primero, escéptico, quería conocer de primera mano las técnicas de trabajo de un transcomunicador nato como Amorós. Durante horas, el “flameado” caótico no dio paso a forma coherente alguna, hasta que una mano surgió sobre la pantalla del ordenador desde el cual se seguía el proceso de retroalimentación usado en este tipo de experiencias.

Posteriores análisis, virando los fondos de color, sirvieron para percibir cómo los millones de pequeños puntos luminosos del resto de la imagen también habían dado lugar a rostros que se superponían, demostrando –tal y como ocurre en manifestaciones paranormales como las caras de Bélmez- el intento de ahorro energético por parte de la energía que se manifiesta.

“Las psicoimágenes son rebotes de emisoras de TV, por lo que ver una cara de algún familiar difunto o famoso conocido entra más en el terreno de la interpretación”,  asegura –pese a su experiencia- Manuel Cuenca, quien admite la posibilidad de que algunos casos sí se correspondan con auténticas manifestaciones paranormales que, como dijo Germán de Argumosa, pueden proceder de entes de “naturaleza psíquico-espiritual que intentan construir un puente entre su esfera y nuestra forma de vida terrenal”. Y es que “algo” o “alguien” ha encontrado en la tecnología una magnífica vía que le conduce hasta nosotros.