EL MISTERIO ESOTERICO DE LA IGLESIA DE LA VERA CRUZ

Por Miguel Angel Martínez

 

UN TEMPLO ENCLAVADO EN ZONA TELURICA

UN EDIFICIO FUNDADO POR LOS TEMPLARIOS

¿QUÉ ENIGMA GUARDA ESTA IGLESIA CONSTRUIDA EN UNA ZONA TAN ESPECIAL?

A escasos kilómetros de Segovia, en su zona norte, se encuentra enclavada la iglesia templaria de la Vera Cruz. En ella se han podido constatar extraños fenómenos, protagonizados principalmente por uno de los responsables de su mantenimiento, cuyo testimonio paso a relatar a continuación.  Cerca de Segovia, en  la  subida  al  antiguo arrabal de Miraflores -hoy pueblo de Zamarramala-, la Orden Militar del Temple fundó la iglesia objeto de este estudio, la cual tiene hoy el gran valor histórico de ser la más rica y mejor conservada de las pocas de sus características que aún perduran en Europa.

No se sabe con exactitud cuando se inició su construcción, pero sí que se conoce la fecha de su consagración: el 13 de abril de 1246 de la Era del César, que se corresponde con año 1208 de nuestro Calendario Gregoriano. Este importante dato aparece esculpido en una lápida empotrada en el muro interior situado enfrente de la entrada lateral. Esta iglesia fue conocida hasta el año 125 por la del "Santo Sepulcro", debido a su parecido arquitectónico con la del mismo nombre ubicada en Jerusalén. Sin embargo, el Papa Honorio III recibió en esa fecha un trozo de la Cruz de Nuestro Señor, lo cual determinó que su nombre cambiara por el de iglesia de la VERA CRUZ. Este Lignum Crucis se conserva actualmente en  iglesia parroquial de Zamarramala.

En e 1312 la Orden de los Templarios fué disuelta por la fuerza y la iglesia de la Vera Cruz pasó a poder de la Orden de San Juan de Jerusalén, la cual la retuvo bajo su poder hasta el siglo XVII, aunque dejándola durante muchos años en el mayor abandono.

Ultimamente el arquitecto Javier Cabello ha llevado a cabo importantes obras de reparación en ella, haciéndose cargo por fin del templo -con solemne celebración- la Militar y Soberana Orden de San Juan de Malta.

Los Caballeros de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, titulada de Rodas y de Malta, celebran frecuentemente en ella sus liturgias religiosas a lo largo del año. Son notables los Oficios y la Procesión del Viernes Santo, en la cual los Caballeros -revestidos de sus negros hábitos- suben por el camino de Zamarramala iluminándose con la sola la luz de las velas.

La Orden de Malta es una institución religiosa de confesión católica, que ostenta un carácter militar y hospitalario, y que cuenta con una antiquísima tradición nobiliaria.  Tiene su origen en el año 1104, cuando el beato Gerardo la instituye bajo la advocación de San Juan el Bautista, ubicándola en el Hospital fundado en Jerusalén hacia el año 1088 por unos mercaderes napolitanos, cuyo objetivo era el de socorrer a los numerosos peregrinos cristianos que allí afluían de toda Europa. Sus miembros fueron caballeros con votos religiosos -monjes y soldados al mismo tiempo- que, atendían sus deberes hospitalarios sin descuidar sus obligaciones militares de luchar contra el Islam musulmanes en toda Palestina.

Cuando el Reino de Jerusalén cayó en poder de los musulmanes, tras unas breves estancias en Acre y Chipre, los Caballeros de San Juan se establecieron en la isla de Rodas en el año 1300. Tras la pérdida en 1522 de este enclave, después de experimentar un penoso asedio por parte del ejército turco, se instalaron en la Isla de Malta, aprovechando la donación que de ella les hizo el emperador Carlos V en 1530. Desde ésta, y protegidos por una poderosa escuadra, llevaron a cabo sus labores hospitalarias por toda Europa, y también continuaron su lucha contra el Imperio Otomano, participando en numerosas acciones navales, entre ellas la batalla de Lepanto (1571).

La Orden, gobernada durante aquella etapa por varios de sus más destacados Grandes Maestres, permaneció en Malta hasta que en 1798 -durante el transcurso de las guerras napoleónicas- los franceses se apoderaron de la isla. Posteriormente, los ingleses fueron los que expulsaron definitivamente a los caballeros sanjuanistas de dicho enclave. La Orden se instaló entonces en Roma, donde permanece hasta hoy.

Desde el punto de vista jurídico, cabe destacar que la Soberana Orden Militar de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, constituye el único ente soberano sin territorio que es sujeto de derecho internacional. Actualmente está gobernada por Fray Andrés Berlie, 78 príncipes y su Gran Maestre, estando integrada por unos doce mil miembros en todo el mundo que se dedican a labores hospitalarias y asistenciales, aunque sin olvidar en ningún momento su objetivo de perfeccionamiento espiritual. En España, la Orden tiene unos seiscientos Caballeros y Damas y realiza diversas obras asistenciales, además de contar con cuatro Monasterios de Comendadoras de San Juan.

Hasta aquí llega la crónica de esta histórica y, a la vez, enigmática iglesia, cuyo conocimiento tengo que agradecer al testimonio proporcionado por el encargado de su conservación. Dicho personaje -ya jubilado en la actualidad, que me rogó encarecidamente que omitiéramos su nombre- ha dedicado gran parte de su vida no sólo a cuidar de la iglesia sino también a estudiarla profundamente, e -inclusive- ha tenido la suerte de haber presenciado en su interior diversas experiencias paranormales.

Muchas son las veces que he visitado Segovia y, en especial, la enigmática zona llamada de "La Fuencisla", donde hay ubicada una iglesia dedicada a la advocación de dicha Virgen, que es un lugar de culto y devoción habitual para los segovianos. Pero no todo termina en esta iglesia. A escasos metros de ésta está enclavado el Monasterio de San Juan de la Cruz, llamado también de los Carmelitas, porque es esta orden monástica la que lo regenta.

Dicho monasterio fue fundado por este insigne santo, y no es casual que su cuerpo esté allí enterrado en una tumba situada en una capilla aparte dentro de su iglesia.  Lo curioso del caso es que su cadáver no está descompuesto,  sino  que  -como afirmaban desde siempre los carmelitas que allí moraban-, incluso después de tantos siglos, el cuerpo de San Juan de la Cruz permanece incorrupto. Esto está demostrado científicamente por los documentos forenses que obran en poder del monasterio. Apoyándome en mis frecuentes visitas a este sepulcro, puedo afirmar categóricamente que allí existe una energía muy especial, que proporciona a quien lo visita una gran quietud mental y sosiego.

El enigma de esta zona segoviana se potencia porque tanto este Monasterio de San Juan de la Cruz como la iglesia de la Vera Cruz, objeto de nuestro trabajo, están situados a escasa distancia el uno del otro. ¿Casualidad?

Además, a unos 500 metros de la Vera Cruz, nos encontramos con el Monasterio de El Parral, que es tan antiguo como el anterior, y que también está regentado por monjes que habitualmente rezan allí sus oraciones.

Continuando nuestra búsqueda y a poca distancia de este último monasterio, se encuentra la cueva donde hizo su trabajo espiritual Santo Domingo de Guzmán, lugar que también he visitado en muchas ocasiones y en el que se "mastica igualmente una gran energía".

La pregunta es la siguiente: ¿Cómo en tan pocos kilómetros cuadrados se han concentrado tantas edificaciones religiosas relacionadas directamente con santos y personajes de tan alta espiritualidad?

El poder telúrico de esta zona es enorme, y -de hecho- no es tampoco casualidad que los segovianos vayan todos los domingos a oír Misa a la Iglesia de La Fuencisla, y luego paseen tranquilamente por las praderas que la circundan. ¿Es que acaso ese paseo obedece a un deseo incontenible e inconsciente de cargarse de la energía que subyace en esos parajes? ¿Acaso es causalidad que en tan poco espacio haya tantas edificaciones religiosas? ¿San Juan de la Cruz, sabía, conocía y manejaba estas energías?  ¿Por qué

Santo Domingo de Guzmán eligió esta misma zona para meditar en esa cueva y alcanzar estados místicos? ¿Qué tipo de energías domina esta zona?

¿La misma edificación de la Iglesia de la Vera Cruz es un avatar del destino, simple casualidad, o es que sus constructores sabían exactamente dónde la tenían que erigir? Quizás los Templarios conocieran cómo manejar la energía mejor que nosotros, a pesar de los ingentes avances de nuestra arrogante tecnología y desarrollo. Lo cierto es que cuando uno recorre esa zona se llena de paz y fuerza; es decir, de lo que en sánscrito se denominaría con el término "prana".

Hace 5 años, en un retiro de yoga y meditación al que asistí en el Monasterio de San Juan de la Cruz, nuestro grupo hizo una visita a la Iglesia de la Vera Cruz, aprovechando la cercanía de su ubicación. Lo cierto es que entramos en ella y -sin mediar palabra y de una manera instintiva- todo nuestro grupo se dirigió al templete central, situándonos debajo de éste. Como si una fuerza nos empujara a todos, nos sentamos en el suelo en la posición yóguica de loto y meditamos por espacio de una hora, ante el asombro del resto de los demás visitantes del templo.

Cuando terminamos nuestra meditación, todos nos sentimos en paz, tranquilos, sosegados y llenos de energía. En este momento fue cuando el cuidador de la iglesia nos comentó que se había dado cuenta de que también nosotros "conectábamos" con toda la "energía" que allí había.

Mi olfato de periodista me hizo volver a las pocas horas para hablar con aquel hombre, el cual aseguró tener contacto con los espíritus de los templarios y me comentó que cuando la iglesia se cerraba al público, él se quedaba dentro de ella y se ponía en contacto con "los caballeros", como él los llamaba. En cierta forma, este hecho me causó asombro y curiosidad y le pedí permiso para pernoctar en la iglesia y así experimentar directamente, pero desgraciadamente me fue denegado. Era como si un alto secreto, que él guardaba celosamente, no pudiera ser desvelado. De hecho, se trataba de un hombre hermético, parco en palabras, aunque sabía que yo también había conectado con aquel misterio y que estaba tratando de desentrañarlo.

Según me confesó, muchas noches en las que él pernoctaba allí, los caballeros templarios se hacían presentes y rendían culto al santo lugar, como ya lo hicieran siglos atrás. Yo, por mi parte, quise averiguar más sobre sus contactos con ellos, pero cuanto más insistía, aquel hombre se encerraba en un hermetismo aún mayor. De todas formas, en los años sucesivos volví en numerosas ocasiones a ese lugar y cada vez he seguido notando esa fuerza, esa energía desconocida, en la que yo personalmente siempre he hallado mucha paz y tranquilidad.

Allí también he practicado la meditación yoga y puedo asegurar que ese lugar es un paraíso para tal actividad, ya que en su interior hay la misma fuerza que puede percibirse en un templo hindú. De hecho, nuestro personaje me aseguró que en la iglesia de la Vera Cruz existe una energía con poder curativo, la cual han podido experimentar algunas personas que allí han rezado (meditado). Además, me comentó que -cuando él mismo se sentía enfermo- se sentaba debajo del templete y la dolencia cedía.

El ambiente que se respira en la Vera Cruz es misterioso y a veces, en las largas horas que allí he permanecido, he notado -quizás por sugestión- que allí había alguien más, como si los "caballeros" guardaran celosamente el santo lugar y miraran con aprecio a los que sinceramente buscamos la Verdad, emulando a Madame Blavatsky.

Puedo asegurar que en la iglesia de la Vera Cruz es muy fácil entrar en un estado de meditación yóguica. En algunas ocasiones, he llegado incluso a no sentir mi cuerpo, a tener la impresión de estar flotando y a notar como si entrara en "otra dimensión". Otras veces, también he percibido una pronunciada -aunque agradable- opresión en el entrecejo, hecho éste tantas veces constatado por mis compañeros de meditación. Además, en aquella mi primera visita en grupo, muchos de nosotros tuvimos sensaciones súbitas de intenso frío o calor, acompañadas de una pérdida de conciencia espacio-temporal, de tal manera que transcurrieron incluso dos o tres horas desde que comenzó nuestra meditación y no fuimos capaces de tener ninguna referencia de tiempo durante ese período.

A la luz de estos hechos, una Pregunta fundamental que cabe hacerse es la siguiente: ¿Qué tipo de energía existe allí para alcanzar esos estados modificados de conciencia?, que –a su vez- se complementa con otra: ¿La conocían ya los Templarios?

Mi última visita a Segovia se produjo cuando el cuidador de la iglesia ya se había jubilado; por eso, intenté recabar de él la máxima información. Sin embargo, cuando quise volver a entrevistar a nuestro personaje, su hermetismo fue casi total; era como si su misión en la Vera Cruz hubiese terminado. Yo le rogué que me comunicara todo lo que le fuera posible sobre sus experiencias a lo largo de tantos años en tan fantástico lugar, pero todo se redujo a un silencio y a un "no puedo hacer declaración alguna"; era como si su ciclo de formación e información con y sobre los Caballeros Templarios hubiera alcanzado su fin.

Por mi parte, lo poco que he conseguido averiguar en mis múltiples visitas es que por la noche se oían ruidos en la iglesia, voces, campanas, rezos; pero, desgraciadamente, no he podido constatar ninguno de estos fenómenos personalmente, tal y como  hubiera sido mi intención.

Además, nuestro personaje me aseguró que en la Vera Cruz no sólo están los espíritus vivos de los Caballeros Templarios, sino que –al estar convencido de que en España siguen existiendo Sociedades Templarias- también cree firmemente que el espíritu templario sigue vivo y que sus "caballeros siguen estando en cuerpo y alma al servicio de la Humanidad".

También en otra ocasión me comentó que en el subsuelo de toda la zona hay fuertes corrientes de agua y que la energía que allí existe es superior a todo el armamento atómico existente en nuestro planeta.

San Juan de la Cruz incorrupto, Santo Domingo de Guzmán, monjes, iglesias, monasterios. ¿Cuál es el misterio? ¿Dónde se oculta la verdad? ¿Por qué Juan Pablo II fue a visitar la tumba de San  Juan de la Cruz? ¿Por qué otros Pontífices también lo han hecho? ¿Qué tiene ese lugar de oculto y de misterioso para la Humanidad?

Lo cierto es que el enigma está ahí y posiblemente nunca conozcamos la verdad, porque los que lo saben, callan.

Si el lector quiere experimentar esa sensación de paz y tranquilidad -o si el estrés ya ha hecho mella en sus cansados cuerpos- les invito a que un fin de semana lo pasen en aquel mágico lugar, sin más pretensiones que vivir en la unidad con el Todo.