ANTI-MÚSICA

La Generación del Caos Sonoro

                                                                                  Por Gabriel S. Vargas

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   Si Usted vive en un edificio de apartamentos, o en un barrio donde hay muchos jóvenes, con seguridad tendrá diariamente (o esporádicamente, con suerte) un castigo no buscado: el "bacalao", esa forma sonora de apariencia musical que genera en quien la oye, efectos exactamente contrarios a los de la música.

   Pues si Usted es de los "melómanos" que gustan del PUM...PUM...PUM... electrónico, o si es víctima de estos nuevos drogadictos sonoros, seguramente le interesará saber algunas cosas sobre la anti-música.

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   Un grupo de estudiantes de medicina de la Universidad de São Paulo, hace unos años hicieron un estudio comparativo bastante sencillo -pero muy importante- sobre los efectos psicológicos y fisiológicos de las músicas. Me invitaron a formar parte del equipo porque yo estaba haciendo una investigación sobre psicoantropología.

   Se tomaron ciento cincuenta individuos divididos en tres grupos de cincuenta personas. El grupo "Velho" (viejo), amante de la música clásica, melódica y similares. El grupo "Maduro", con preferencia por las músicas de la "nueva hola" (desde los años sesenta hasta ahora), y el grupo "Neo", conformado por amantes del bacalao o músicas "batidas".

   Las conclusiones fueron las siguientes:

   Las diferencias psicológicas y fisiológicas entre los grupos no sólo son causales para preferir una música determinada, sino que en todos los casos también hay una serie de características psicológicas adquiridas, efectos propios de la música sobre las personas. Los efectos se midieron mediante todo el aparaterío médico disponible (electrocardiógrafo, electroencefalógrafo, análisis biológicos, tomografías, medición sensorial, etc.).

   En general, el grupo "Maduro" no mostró efectos importantes al oír su música predilecta, salvo en el campo emocional, con un leve aumento en la producción de endorfinas. Pero en los grupos extremos las diferencias sí que resultaron importantes. Cabe considerar que cada grupo se conformó con 25 varones y 25 mujeres, siendo más notables los efectos psicológicos en las mujeres que en los varones, pero más importantes los efectos fisiológicos en los varones, en lo inmediato. No es que las mujeres no tengan efectos fisiológicos, ni que no lo haya psicológicos en los varones, sino que estos efectos son más o menos inmediatos durante los experimentos. Pero tanto en unos como otras, hay efectos a largo plazo.

   Entre los "Velhos", los efecto de sus músicas (clásicas y melódicas) son: relajación nerviosa y tonificación muscular, ritmos cardíacos y cerebrales más estables y sincrónicos, mayor producción de ondas alfa, aumento de las capacidades defensivas del organismo, mejor respuesta emocional y tolerancia ante diversos estímulos agresivos, producción equilibrada de endorfinas, disminución de los niveles de azucar y placidez anímica.

   Entre el grupo opuesto, los "Aturdidos-Aturdidores" tuvieron en lo inmediato, efectos exactamente opuestos a los otros, pero con algunos agravantes: el ritmo cardíaco alterado por los "golpes bajos" de la anti-música no vuelve a la normalidad apenas pasada la sesión. Disminuye durante uno o dos minutos de silencio, pero vuelve a aumentar espontáneamente para luego mostrar variaciones rítmicas anormales durante varios minutos y hasta algunas horas, especialmente en los más jóvenes.

   En cuanto a la actividad cerebral, las cosas son peores. En todos los casos se registraron aumentos muy notables en la producción de endorfinas, con importante disminución de la capacidad de atención en medio del silencio o ruido ambiental normal (es decir que necesitan de su "música" para poder concentrarse), menor coordinación motriz y en general, los ritmos cerebrales muestran un acompasamiento hacia la música, bastante fuera de los parámetros normales.

   El daño fisiológico más evidente es la pérdida gradual (o aguda) del oído, aunque en algunos, parece que el balance desequilibrado entre ritmo y melodía, con la casi ausencia de ésta última, produce daños en el nervio óptico, así como graves trastornos del equilibrio. Resulta también alarmante el nivel de hipertensión en los adictos.

   En lo psicológico se aprecia menor autocontrol emocional, lo que se traduce en mayor irritabilidad y agresividad, menor capacidad de adaptación a nuevas situaciones, menor rendimiento intelectual, sueño alterado, mayor índice estadístico de insomnio y somnolencia diurna, etc.. Lo más notable es la dependencia psicológica y fisiológica que el bacalao produce a sus adictos, llegando incluso hasta depresiones agudas cuando les falta la "dosis" de sonido.

En varias oportunidades atendí en mi consultorio a chicos con incapacidad de acción para el estudio, el trabajo o incluso sus actividades preferidas, si no poseen el aparatito que les proporcione los ritmos a los que sus cuerpos y mentes se han acostumbrado. Esto genera en casi todos los casos una estado depresivo, y en varios de ellos, una depresión de fondo, que agrava los conflictos existenciales.

Un paciente me decía: "Es que no puedo imaginarme el mundo ni la vida, sin la música que me gusta". Pero tenía ya los oídos atrofiados, y de haber seguido con su costumbre, seguramente hoy estaría completamente sordo.

  No parece que sea sólo el volumen, la causa de los daños, sino el tipo de sonido, completamente ajeno a lo natural. Basta poner a una persona normal mientras duerme, por la mañana demasiado temprano -acostumbrada o no al bacalao- ese ruido de fondo, a muy bajo volumen, para que el sueño se convierta en algo imposible. Si el sujeto está acostumbrado, seguramente se despertará y no se notarán inmediatamente cambios psicológicos, los que luego se producirán a medida que transcurre el día, mostrando ira, confusión y todos los síntomas de una falta prolongada de sueño, aunque se trate de un despertar con una anticipación de sólo media hora.

   Si la persona no está acostumbrada, su despertar será extremadamente desagradable, por lo general con sus ritmos cardíacos y cerebrales alterados y con ganas de hacer pedazos el equipo de sonido.

 

La Diferencia Física y El Factor Psíquico

   La diferencia entre "música" y "antimúsica", desde el punto de vista físico, es bastante grande. Como bien sabemos, la música clásica tiene melodía, compás y ritmo. En ese orden. En la mayoría de los folklores de todo el mundo, la melodía y el ritmo son de igual intensidad y marcación, y en algunos, el ritmo prevalece sobre la melodía (especialmente en las músicas africanas). Pero aún en estos casos, la percusión tiene un compás y una melodía que equilibra las intensidades, por lo tanto también equilibra los efectos en el oído como en los centros magnéticos (Chakras) del cuerpo vital.

   En el bacalao lo que tenemos es un ritmo que golpea, sin melodía y apenas un compás de fondo, casi imperceptible. La armonía parece ser un factor subjetivo, sin embargo es algo que puede medirse bajo diferentes parámetros. Así como en la pintura la armonía de un cuadro está dada por las proporciones de los elementos, los colores, el equilibrio de éstos y las formas en la distribución, etc., también en la música podemos medir el grado de armonía, a pesar de la gran cantidad de factores subjetivos que la componen. En un cuadro, la expresividad está dada por el motivo y factores más subjetivos que en la música, aunque puede determinarse por el grado de similitud con la naturaleza de lo representado.

   Pero en la música, la expresividad está determinada físicamente por las medidas de las notas en función de volumen y de tiempo, las reverberaciones de los instrumentos, que pueden "llorar o reír" o "bailar" como el violín o la guitarra, que pueden "hablar y decir" o "describir" como el piano, y mejor ni hablar de las infinitas posibilidades de expresión de la mayoría de los instrumentos de viento.

   Aunque nada tan completo, tan sublime, tan espiritual y versátil como la voz humana, aún en los limitados registros que pueda brindar.  Con estos elementos físicos (notas y sus variaciones, diferencias de volumen, tiempos, reverberaciones, modalidades éstas de frecuencias e intensidades) el músico y el cantante crean y/o interpretan sensaciones sutiles que comunican al oyente estados de ánimo, tanto del compositor como del intérprete.

   Pero en el bacalao lo que tenemos físicamente es un ritmo, generalmente más rápido que los ritmos biológicos, tanto cardíacos como cerebrales. No hay estados de ánimo que comunicar, sino estados que producir o inducir. No es música para sentir, sino ruido para moverse, física o mentalmente. No hay estados de ánimo  que expresar, sino la imposición en el oyente de un orden matemático de ritmos.     

   Lo más creativo en este tipo de "música" son algunas ligeras variaciones del tono, algunos silencios, con alguna pirueta que amaga a melodía, para romper nuevamente con más de lo mismo: ritmo, golpe constante.

   Estos golpes, si fueran agudos, serían absolutamente insoportables para el oído, pero los creadores de estos ruidos rítmicos generan al mismo volumen, golpes bajos. Un verdadero "golpe bajo" al cuerpo vital. No sufre tanto el oído en lo inmediato, pero el Chakra Cardíaco y el Solar (ubicado éste último entre el estómago y el esternón, con asiento físico en la glándula timo), son los más directamente afectados.

     El ruido medio ambiental diurno de una ciudad oscila entre los 50 y los 80 decibelios. Los adictos al bacalao necesitan escucharlo cada vez más fuerte, tanto por razones psicológicas como fisiológicas. Por un lado la creciente dependencia, ya que actúa exactamente igual que una droga, que el cerebro necesita para producir endorfinas y "sentirse bien", y por otro lado la gradual pérdida de las capacidades auditivas. Así que la media acostumbrada por los "ruidosos" de más de un año de dependencia, oscila entre los 60 y los 95 dB (decibelios). Los de más de dos años, entre 70 y 110 dB y los de cuatro a cinco años se acercan a los 120-130 dB, con lo cual la mayoría tiene daños auditivos notables, sorderas temporales, fatiga auditiva y algunos sufren lesiones irreparables.

 

El Rostro Oculto De La Música Sin Músicos

   Desde hace bastante tiempo estoy buscando datos sobre los recitales que todo músico debe dar para poder mantenerse en el éxito. Veo a Luciano Pavaroti, Plácido Domingo, José Carreras, etc., llenar teatros y agotarse las entradas un mes antes de cada presentación. Veo a grupos "Heavy" (escalón intermedio entre la música y el ruido) hacer unas campañas costosas para poder llenar estadios que muchas veces "hacen sapo" y no recuperan los costes.

   Veo a cantantes populares (generalmente románticos o folklóricos) llenando teatros, estadios y cuanto espacio les pongan... Pero no veo a los grupos "bacalaeros" dando sus recitales en ninguna parte. Conozco a un par de "creativos" que venden sus productos hechos en ordenador, a unos señores que ni conocen, que luego los editan y venden sin que figure rostro alguno.

   En algún momento pensé que mis investigaciones estarían sobreexigiendo mi mente, y quizá me estuviera volviendo paranoico... ¿Cómo es posible que se venda música sin músicos?. Pero por suerte y descanso para mi ansiedad wagneriana, encontré un par de discos con nombres y apellidos reales de sus autores. No obstante, nadie pone la cara... sólo el nombre, y de presentarse en público, ni hablar. Hasta ahora no he visto ningún anuncio de un recital o una gran presentación de algún grupo de bacalao.

   Me surge una lógica pregunta: ¿Quiénes son estos señores que venden discos de pseudomúsica, droga en forma de sonido, tortura para la gente normal y flagelo para la salud de los adictos?. He mandado un par de correos, pero parece que ya saben lo que quiero averiguar y no contestan. Todo es legal, claro... Pero sólo porque aún no hay dictamen académico oficial sobre el asunto, o mejor dicho, definición política.

   Así que aunque nadie puede suicidarse ni practicar la autanasia, tenemos otras alternativas para destruirnos lentamente. También podemos arruinar la vida de los vecinos con sólo hacernos adictos al bacalao y sin necesidad de ponerlo demasiado fuerte. Una medición de decibelios demostrará, aunque hasta las plantas se marchitan en el entorno, que estamos dentro de los márgenes permitidos.

PUM...PUM...PUM...PUM...PUM...PUM...PUM...PUM...PUM...PUM...PUM...PUM...pum...pum...pum...

 

Estadísticas en Sao Paulo

   Cabe destacar que fue bastante más difícil conseguir mujeres adictas al bacalao, que varones, mientras que en los otros grupos no hubo dificultad alguna. Así que luego hicimos una encuesta callejera para confirmar una sospecha, y resultó que entre el grupo "Neo", más del noventa por ciento son varones.

   Es posible que las mujeres, siendo estadísticamente más propensas a la búsqueda de la estética y la armonía, así como al desarrollo espiritual, tengan mejor instinto defensivo contra la agresión psicofísica que causa el bacalao. Esto también se basa en que la encuesta arrojó como resultado aleatorio un alto índice de aversión, por parte de las mujeres, a este tipo de ruidos pseudomusicales. En los varones que no gustan del bacalao, para la mayoría les es innocuo o indiferente, siempre que no tengan que soportar a un vecino "bacalaero" cuando necesitan dormir.

   La totalidad de los encuentados, así como los voluntarios de laboratorio, eran habitantes de São Paulo, que es una ciudad gigantesca y bastante ruidosa, donde no hay o no se aplican jamás normativas sobre sonido. Así que en una región demográficamente más dispersa (y por lo tanto, silenciosa), los niveles de tolerancia hacia los adictos del bacalao resulta sensiblemente inferior, y bastante mayor los niveles de sufrimiento entre los afectados por vecinos "bacalaeros".

 

El Efecto "Caja"

   Una de las peores costumbres de estos adictos al "bacalao", es la de escuchar el golpeteo en sus coches, a un volumen que sus vecinos más pacientes no llegan a tolerar. Así que al volumen se le agrega el "efecto caja", en el que la escasa dispersión del sonido, y el rebote en las paredes del vehículo, produce sucesivos ecos, que van perdiendo intensidad gradualmente, pero las ondas penetran más profundamente en el cerebro y en todas las células del cuerpo. Aún no hay estudios (publicados) profundos sobre lo que el efecto caja puede producir a nivel celular, pero el ingeniero ucraniano Nicolai Asimov ya denunció en 1995, que los ingenieros bélicos estaban probando cañones sónicos capaces de matar poblaciones enteras, no por intensidad y volúmen -ya que ésto requeriría grandes cantidades de energía- sino por secuencias rítmicas en orden creciente, cercanas en frecuencia al infrasonido (por debajo de los 15 ciclos/segundos), y los efectos serían ataques cardíacos masivos. Una ciudad sitiada podría ser sometida con escasísimo costo económico, a una tortura sónica tal que los habitantes se rendirían o morirían por ataques cardíacos, psicosis por falta de sueño que los llevarían a matarse entre ellos, etc..