MISTERIOS OCULTOS – O NO TANTO - DE EGIPTO
Por Jesús Callejo
En un cuento de Borges –El Aleph- se dice que "los fieles que concurren a la mezquita de Amr, en El Cairo, saben muy bien que el Universo está en el interior de una de las columnas de piedra que rodean al patio central"
No es el único enigma que alberga El Cairo. Prácticamente no hay mes e incluso semana que no nos desayunemos con algún nuevo hallazgo: puede ser una momia, una pequeña pirámide (y eso que ya tiene 114 catalogadas), una pieza de alfarería, un sarcófago, una orientación astronómica de uno de sus principales templos o una puerta secreta que está pendiente de abrir. Todo bajo la supervisión del gran Zahi Hawas, presidente del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, por el que deben pasar –y filtrarse- todas las informaciones que luego son dadas al público en general. Así ocurrió con las momias de Bahariya, en una zona llamada el Valle de las Momias de Oro, una enorme necrópolis de 6 kilómetros cuadrados en cuyas galerías se calcula que pueden descansar más de 10.000 momias de época grecorromana que, aunque se encontraron en la primavera del año 1996, sólo se dio permiso para su divulgación en 1999 coincidiendo con el estreno de la película La Momia. Qué casualidad...
Por lo que barrunto que deben ser muchas más las cosas que se nos ocultan, bien porque aún están produciéndose las investigaciones arqueológicas o bien porque no es la temporada turística ni cinematográfica adecuada para lanzar el bombazo. O, lo que sería peor, porque su contenido "revolucionario" no es el políticamente correcto. Ya saben, de esos que pueden abrir más heridas a los egiptólogos de las que ya están abiertas.
Sea de una forma o de otra, los equipos de investigación que hay ahora en Egipto son tan numerosos, incluidas Fundaciones como la de Edgar Cayce, que los descubrimientos son muy rápidos, aunque todavía queda por encontrar sorpresas en forma de tumbas, cámaras secretas o joyas de los faraones (ver recuadro).
Orígenes insondables
Para ello cuentan con varias herramientas. Una de ellas es la lista de Reyes que aparece en el templo de Abydos, dividida en cinco secciones verticales y tres horizontales: empieza con el reinado del faraón Menes en el 3000 a. C. y finaliza con el de Seti hacia el 1300 a.C. abarcando un periodo de casi 1700 años. ¿Y antes de Menes?
Cualquier manual de egiptología nos dirá que nos hallamos ante un periodo oscuro en el que se encuentran las listas de los reyes predinásticos, un linaje que abarcaría una cantidad de años impensables para cualquier historiador y mucho más si damos crédito a que antes de ellos ya habían gobernado Egipto los dioses, los semidioses y los espíritus de los muertos. Tal cual.
Contamos con tres fuentes históricas diferentes para averiguar quiénes eran estos legendarios gobernantes anteriores a Menes. Estas tres fuentes son Manetón, el Papiro de Turín y la piedra de Palermo, todas ellas de dudosa aceptación por los modernos egiptólogos y ahora sabrán por qué. Y advierto que nos metemos de lleno en una cronología prohibida que hace rechinar los dientes a más de un egiptólogo ortodoxo. Para el escritor André Pochán, egipcios y caldeos llevaron observaciones astronómicas durante más de treinta mil años. El historiador Beroso nos habla de la friolera de 432.000 años y Diodoro de Sicilia de 473.000 años antes de Alejandro Magno. Manetón, sumo sacerdote de Egipto en el siglo III a.C., nos proporciona la siguiente lista, gracias a los fragmentos recogidos por Eusebio:
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DINASTÍAS |
DURACIÓN |
EPOCA |
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De los 9 dioses |
13.900 años |
30.544 a.C. |
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De los semidioses |
1.255 años |
16.644 a.C. |
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Primer linaje de Reyes |
1.817 años |
15.380 a.C. |
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Otros 30 reyes |
1.790 años |
13.572 a.C. |
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Diez reyes de This |
350 años |
11.782 a.C. |
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Espíritus de la Muerte |
5.813 años |
11.432 a.C. |
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I Dinastía (Menes) |
253 años |
5.619 a.C. |
En el papiro o Canon de Turín, después de los dioses, pero mucho antes de Menes, se habla de 9 dinastías de faraones predinásticos entre las que se hallaban: los venerables de Menfis, los venerables del Norte y los misteriosos Shemsu-Hor, los compañeros o seguidores de Horus que le ayudaron a vengar a su padre Osiris, los cuales gobernaron miles de años hasta la época del faraón Menes (nada menos que 13.420 años).
En fin, una lista de gobernantes que la arqueología prefiere silenciar por su propio bien. Robert Bauval cree que el 10500 a.C. -que tienen que ver con la correlación de Orión (Ver Recuadro)- correspondería al mítico Primer Tiempo citado en la tradición egipcia, una época de tanta importancia en la concepción religiosa de los faraones, que fue conmemorada con las edificaciones de la meseta de Gizeh.
La existencia de algunas pruebas astroarqueológicas pueden retrasar la cronología del antiguo Egipto a momentos que muchos investigadores calificarían de míticos. A la teoría de Orión de Robert Bauval y la nueva cronología de la Esfinge habría que añadir el zodíaco del templo de la diosa Hathor en Dendera, cuyos 2,5 m de diámetro decoraban el techo del pórtico de una de las capillas dedicadas a Osiris, en el lado oriental del templo. Conservado en la actualidad en el museo del Louvre, en él se puede comprobar cómo la colocación de los signos zodiacales está desarrollada de tal manera que el signo correspondiente a la constelación de Leo es el primero en aparecer, grupo de estrellas que primaba en el horizonte de Egipto precisamente en el año 10000 a.C.
Pero hay más. En la llamada Piedra de Palermo se establece un reinado de 120 reyes que gobernaron el Alto y Bajo Egipto durante el último periodo predinástico: los siglos anteriores a la unificación del país en el 3.100 a.C. con Menes. Y algo debió pasar en ese tiempo porque el orden se convirtió en caos y la unidad en desunión.
No todo se puede explicar
Los orígenes son confusos y el resto de su historia aún más. En la actualidad hay un sinfín de misterios históricos que no tienen explicación alguna. Es un país contagiado por su pasado. Aún no sabemos cómo se construyeron las pirámides de la meseta de Gizeh, cómo se hizo el traslado de los grandes bloques de piedra, la orientación astronómica tan precisa que se dio a los monumentos, el vaciado de los vasos panzudos, la finalidad del Serapeum de Sakkara con sus cíclópeos sarcófagos a la memoria de los bueyes Apis o cómo pretendían llevar el obelisco inacabado de Aswan, que pesa 1267 toneladas, a su posible ubicación en el templo de Karnak.
Los nuevos hallazgos nos confirman que la historia de la egiptología hay que rescribirla porque, entre otros aspectos que se van sabiendo, la Esfinge es muy anterior a lo que nos han dicho. Casi seguro que de épocas predinásticas aunque luego fuera reutilizada por los faraones. En 1991 un equipo de la Universidad de Boston, dirigido por el geólogo Robert Schoch, dio a conocer un estudio que retrasaba la construcción de la esfinge en varios miles de años. Mediante la utilización de sondas y micrófonos especiales, los geólogos norteamericanos llegaron a la conclusión de que la zona delantera del monumento y parte de las paredes del foso que la rodea presentan una erosión de dos metros de profundidad, provocada por las lluvias. En la época de Kefrén, supuesto constructor de la esfinge, la región era un desierto. La única explicación hay que buscarla en un clima especialmente húmedo entre el año 5000 y el 7000 antes de Cristo. En su obra Escrito en las Rocas (2002) dice que la esfinge fue construida en dos secuencias: primero fue esculpida en la roca pero no terminada, y luego se remodeló y remató en tiempos de Kefrén. Fue esta "protoesfinge" la que se erosionó por las grandes precipitaciones de esa época que, según cálculos de Schoch, debió ser en el 5000 a.C. o quizá anterior.
¿Dónde están las momias?
Al lado de estos desconcertantes hallazgos que hacen albergar la esperanza de una civilización tecnológica anterior a la cultura egipcia oficial, hay errores de bulto que se siguen diciendo sin tener ningún rigor ni apoyo documental. Por ejemplo, eso de que "nunca" se ha encontrado ninguna momia en una pirámide. Uno lo dijo y cuarenta lo repitieron. Pues, sencillamente, no es verdad. En 1881 el egiptólogo Gaston Maspero encontró la momia entera de Merenre en su pirámide y, por citar un caso más actual, en 1997 el checo Miroslav Verner sacó del sarcófago de su pirámide la momia de Ranefered, en Abusir.
Hasta se han encontrado los restos de la momia del faraón Zoser de la III Dinastía. En 1926 Gunn, en los trabajos de desescombro de la pirámide escalonada de Zoser, en Sakkara, encontró en la cámara funeraria seis vértebras de una columna vertebral y parte de la cadera derecha de una momia. En 1934, Lauer y Quibell encuentran la parte superior del húmero derecho, fragmentos de costilla y el pie izquierdo vendado con lino bañado en resinas. El estudio antropológico realizado entonces confirmó que realmente se trataba de la momia del faraón. Eso, sumado a que la técnica de momificación del pie se ajusta a la III Dinastía, no dejaba lugar a dudas sobre que la pirámide fuese la tumba del rey Zoser (Dyeser) y esos deberían ser los restos de su momia.
Una momia que se ha buscado sin descanso es la de Nefertiti, la esposa de Akenatón, el faraón hereje. El 9 de junio de 2003, el arqueólogo Joann Fletcher, especialista en el análisis capilar de la University of York en el Reino Unido, anunció que había encontrado su momia en la tumba KV35 del Valle de los Reyes (no en el de las Reinas que sería lo suyo). Se organizó una expedición para verificar estas suposiciones. La hipótesis era que Nefertiti y Smenkaré, el sucesor de Akenatón, eran la misma persona. Tres días después, Zahi Hawas ante la falta de pruebas para sostener esta hipótesis, desmintió públicamente que esa momia fuera la de Nefertiti. Todo puede tener su explicación. Tras el periodo de herejía de Akenatón se adueñó del país una fiebre destructiva por parte de los sucesores que quiso borrar de la historia a este faraón. Alguien pudo recuperar los restos de Akenatón y Nefertiti (de la Dinastía XVIII) y trató de ocultarlos en un lugar seguro para que no fueran destruidos. Según algunas hipótesis, la momia de Akenatón acabaría en la tumba KV55 y la de su esposa en la KV35, ambas en el Valle de los Reyes. En esta misma tumba también se encontraron las momias de tres faraones: Amenhotep III, Tutmosis IV y Merenptah trasladadas durante la XXI dinastía en un acto de salvar las momias de estos monarcas mientras el Valle era saqueado de manera inmisericorde.
CINCO MISTERIOS DESVELADOS
Un misterio surge cada día y otro se desvela. Es la vida misma. En Egipto empieza a ser frecuente que se vayan dando explicaciones plausibles a ciertos enigmas clásicos y recurrentes que van dejando de serlo. Veamos algunos de ellos.
1.- Las llamadas "máquinas del templo de Abydos" (dibujos de helicópteros, tanques y aviones) son el fruto de la superposición de dos cartuchos faraónicos: el de Seti I el de su hijo Ramsés II.
2.- La causante de la "maldición de los faraones" ha resultado ser la bacteria aspergillus flavius, un microorganismo detectado en 1962 por el Dr. Ezz Taha en la tumba de Tutankamon. Explicaría la muerte de 13 de las 20 personas que asistieron a la apertura oficial de la cámara del sarcófago pocos meses después. Recordemos que muchas de ellas se dieron en personas que ya padecían dificultades respiratorias, como era el caso de lord Carnarvon, Mace, Bénédite, Reed, etcétera. Parece que sólo pudieron salvar la vida todos aquellos que no padecían enfermedades de este tipo, en especial Howard Carter.
3.- Un escáner tridimensional de rayos X de la momia de Tutankamón realizado en enero del 2005 no halló pruebas que apoyen las teorías de que fue asesinado, pero tampoco consiguió resolver el misterio de 3.000 años de antigüedad sobre cómo murió el joven faraón egipcio a los 19 años de edad. Según indican los expertos, el monarca pudo haber fallecido como consecuencia de una complicación en una pierna fracturada y no por un golpe en la cabeza, como se había sospechado tiempo atrás.
4.- El Papiro Tulli estudiado, traducido y publicado por el egiptólogo Boris de Rachewiltz, consiste en un pequeño fragmento datado en la XVIII dinastía durante el reinado del faraón. En él se hacía alusión a la aparición en el cielo de un extraño "círculo de fuego Tutmosis III" identificado por muchos como un ovni. Resulta muy sospechoso que el papiro Tulli haya desaparecido. De hecho, el 25 de julio de 1968, Cianfranco Molli, inspector del museo egipcio del Vaticano, declaró que desconocía la existencia del papiro. Apoyaría sus palabras el conservador de microfilmes del Vaticano, Carlo J. Ermatinger, quien añadiría que en el Vaticano jamás hubo constancia de la existencia de este papiro. Por otra parte, el propio Boris de Rachewiltz protestó enérgicamente por la tergiversación que se había hecho de su traducción, lo cual parece indicar que este documento es un auténtico fraude, toda vez que nadie ha podido ver nunca el original, ni siquiera el propio de Rachewiltz.
5.- Disco del Príncipe de Sabu: En la primera planta del Museo Egipcio de El Cairo se puede ver un objeto solitario parecido a una rueda o disco de esquisto. Este extraño objeto ha desconcertado a algunos egiptólogos que han tenido ocasión de estudiarlo. El primero de ellos fue su descubridor, Brian Walter Emery, en 1936, en la zona arqueológica de Sakkara, en el interior de la Tumba del Príncipe Sabu, hijo del faraón Adjuib, gobernante de la I Dinastía (3.000 a.C.). Para Zecharia Sitchin se trata de una pieza de una nave extraterrestre. Para otros investigadores, como Nacho Ares, hay que pensar en la hipótesis más lógica, basada en los paralelismos existentes y es que se trata en realidad de la base de una lámpara.
INFORMACIÓN
EGIPTO: en busca de sus Misterios |
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