ANIMALES IMPOSIBLES

Por José Gregorio González

 

LA CRIPTOZOOLOGÌA ES UNA SUBDISCIPLINA CIENTÍFICA QUE INVESTIGA LA EXISTENCIA DE ANIMALES “DESCONOCIDOS”, CRIATURAS QUE TEÓRICAMENTE NO DEBERÍAN EXISTIR, TANTO POR SUS INUSUALES CARACTERÍSTICAS COMO POR EL HECHO DE CONSIDERÁRSELAS EXTINGUIDAS HACE DECENAS, E INCLUSO EN OCASIONES MILLONES DE AÑOS. CRIATURAS BÍPEDAS COMO EL ORANG PENDEK O EL YETI VISTAS COMO POSIBLES ANTEPASADOS DEL HOMBRE; ANIMALES ACUÁTICOS DE CUERPOS SERPENTIFORMES COMO NESSIE; O PRESUNTOS DINOSAURIOS COMO EL MOKELE MBEMBE SON ALGUNOS DE LOS OBJETOS DE ESTUDIO DE LA CRIPTOZOOLOGÍA.

La criptozoología ha experimentado en los últimos años un importante resurgir, enbuena medida motivado por la divulgación masiva de numerosos descubrimientos de nuevas especies animales, algunas de gran tamaño, que se han producido por todo el planeta. No obstante, esta corriente de estudio considerada en algunos países como una subdisciplina de la zoología es, en líneas generales bastante desconocida, y apenas se la vincula con figuras como la del popular Yeti, el Monstruo del Lago Ness o los calamares gigantes. Y aunque son los más conocidos, no son ni mucho menos los únicos.

En el mismo grupo del Yeti, por ejemplo, hay bastantes criaturas menos conocidas con un patrón similar distribuidas por todo el planeta, como el Yowie australiano, el Orang Pendek de Sumatra o el semi-legendario Sisemite guatemalteco. Con los monstruos lacustres ocurre lo mismo, ya que Nessie apenas es uno de los más de 500 animales acuáticos similares que parecen existir o haberlo hecho hasta épocas recientes, de acuerdo con las estimaciones de Bernard Heuvelmans, el zoólogo belga que acuñó el término criptozoología y que es considerado el padre de esta disciplina.

En cuanto al tercero en discordia, los calamares gigantes, la ciencia acepta su existencia aunque no los casos de gigantismo que aún se describen, cercanos incluso a los 20 metros de longitud. Es destacable incluso que en poco más de un año se descubrieran varias nuevas especies de cefalópodos de dimensiones colosales, alguna incluso como el Magnapinnidae de formas sobrecogedoras por su aire fantasmagórico, lo que mantiene abierta para muchos criptozoólogos la puerta a nuevos y sorprendentes hallazgos.

PIEZAS DE CAZA MAYOR

La criptozoología cuenta con un moderado reconocimiento oficial a nivel mundial, y no son pocas las expediciones que a lo largo del último siglo se han organizado para dar caza a algunas de estas criaturas auspiciadas por organismos o instituciones oficiales. La Academia Rusa de las Ciencias impulsó la búsqueda del Alma u hombre de las nieves Siberiano, mientras que su homóloga en China hizo lo propio con el Yemen. Las universidades de Oxford y Cambridge han buscado infructuosamente a Nessie en el Lago Ness, mientras que el National Geographic ha ido tras la pista del Mapinguary en el Amazonas, mientras que la BBC ha rastreado criptidos como el presunto dinosaurio africano Mokele Mbembe o el homínido de Sumatra Orang Pendek.

La lista sería tan larga como la de las criaturas candidatas a formar parte de los anales de la zoología, mucho más incluso sí incluimos en ella a todos aquellos que de forma individual han arriesgado su patrimonio y su vida para arrojar algo de luz sobre estos enigmas animales. Sin embargo los resultados de tales esfuerzos no han sido todo lo buenos que sería de esperar, y tras décadas de esfuerzos se mantienen las mismas incógnitas, ocasionalmente estimuladas con el esperanzador anuncio de nuevas huellas o restos capilares de algunos de estos críptidos.

La argumentación científica de la criptozoología se sustenta básicamente en la posibilidad de que en regiones del planeta poco conocidas o exploradas, puedan existir animales que la ciencia desconoce, o que por el contrario, que considera extinguidos. En el primero de los supuestos no suele existir confrontación científica alguna, lo que sí ocurre y con mucha frecuencia cuando se plantea la supervivencia de animales oficialmente extinguidos. Y esta situación se agrava en la medida en la que aumenta el número de años estimado desde la extinción de las especies zoológicas que se presupone siguen existiendo.

No en vano la ciencia cuenta con diversos ejemplos que demuestran como animales que se creían extinguidos hace décadas, e incluso siglos, pueden seguir entre nosotros habitando en zonas muy concretas. Sin embargo, no ocurre lo mismo con otras criaturas cuya extinción se sitúa hace millones de años y sin embargo desde la criptozoología se apunta su supervivencia hoy en día. Este choque frontal contra los principios de la paleontología y las reglas de la evolución, presente a la hora de interpretar al monstruo del Lago Ness como un plesiosaurio, al Yowie o al Bigfoot como un Gigantopithecus, o asegurando que hoy en día existen aves prehistóricas como los pterodáctilos o tiburones como el Megalodón, constituye uno de los argumentos más polémicos de los criptozoólogos. Lo cierto es que en algunos casos no parece existir ningún impedimento para que algunas de estas criaturas pudieran haber logrado sobrevivir en zonas muy definidas y con hábitat muy concretos, aunque no exista una sola prueba lo suficientemente sólida de ello.

El otro gran problema de la criptozoología para alcanzar el status científico que merece es su inusitado interés por las piezas de caza mayor, es decir, la búsqueda de animales de grandes dimensiones y características poco usuales, frente al interés más amplio y con menos prejuicios de la zoología convencional por todo tipo de especies.

CRIPTOZOOLOGÍA DE SEGUNDA

Finalmente otro de los problemas a los que se ha enfrentado esta disciplina –al margen de fraude de cueros cabelludos de yetis, falsas sirenas disecadas o todo un álbum de fotos trucadas- es la presencia como objeto de estudio de fenómenos o criaturas con formas animales y semihumanas que parecen entrar más de lleno en los campos de lo paranormal y la ufología, que en las fronteras de la zoología. Sus características hiper extrañas han llevado a agruparlos en una nueva clasificación, acuñándose el término de parazoología para referirse a ellos.

Muchos de estos críptidos, como el Mothman u Hombre Polilla, el Demonio de Dover o el Diablo de Jersey, parecen tener más relación con el mundo de la ufología que con el de la zoología. Estas últimas criaturas, o el propio Chupacabras, tienen un componente de extrañeza que los aleja bastante de la zoología y los supuestos anteriores, y los acerca más al mundo de lo anómalo. Sus observaciones van acompañadas muchas veces de fenómenos paranormales y ovnis, respondiendo más al patrón de una leyenda urbana que al comportamiento esquivo de un animal.

A pesar de todo lo dicho, son muchos los que ven en la criptozoología a una de las ramas de estudio vinculadas a lo misterioso con más futuro. El tiempo nos dará la respuesta, ya sea bajo la espectacular forma de animales extinguidos que siguen entre nosotros, o bajo la del esperanzador hallazgo de nuevas especies que nos recuerde la magia de la biodiversidad.