FLAMMARIÓN,  VERDADERO PRECURSOR DEL ESTUDIO DE LAS ANOMALÍAS

                                                  Por V.J. Ballester Olmos

Enero del año 2000 quedará asociado, para siempre, a la crisis de los mal llamados “aerolitos” de agua congelada (aerohidrolitos, según la denominación propuesta por la Fundación Anomalía) que se desarrolló sobre España y que se caracterizó por más de medio centenar de informes de caídas de bloques de hielo en el campo y sobre algunas ciudades, en tiempo atmosférico ausente de tormentas y granizadas. El fenómeno devino en un hecho sociológico de importancia y  causó la suficiente alarma social como para que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tomara cartas en el asunto y creara un comite multidiscliplinario para su estudio.

Este tipo de sucesos anómalos se encuadran en lo que se han dado en llamar  “hechos condenados o forteanos”, así denominados en homenaje a Charles Hoy Fort (Albany, estado de New York, 1874-1932) y a su obra iniciática El libro de los condenados (Boni and Liveright, 1919), que hacía un recorrido intenso a un rosario de fenómenos que parecían desafiar los conocimientos ortodoxos de la Ciencia. A ese libro seguirían New Lands (Boni and Liveright, 1923), Lo! (Claude H. Kendall, New York, 1931) y Wild Talents (Claude H. Kendall, 1932).

Esta breve nota histórica quiere reivindicar, para conocimiento de los estudiosos de las paradojas de la naturaleza, al astrónomo francés Flammarión como verdadero padre de la fenomenología insólita y del pensamiento de vanguardia. Camille Flammarión (Montigny-le-Roi, 1842-1925) desde muy joven cultivó el estudio de la astronomía, siendo calculista en el Observatorio de París de 1858 a 1862 y en la Oficina de Longitudes de 1862 a 1865. Osado investigador, efectuó muchas ascensiones en globo para el estudio de las corrientes aéreas y el estado higrométrico del aire. En 1862 empezó a editar la revista de astronomía  Cosmos, en 1864 el Annuarie Astronomique, en 1882 fundó la publicación L´Astronomie y en 1887 creó la Sociedad Astronómica de Francia.

Entre la abundante producción de divulgación de Flammarión se hallan La Pluralité des mondes habités (1862), donde como su título indica defiende la multiplicidad de posibles astros con vida  inteligente, Les Mondes imaginaires et les Mondes réels (1865), etc. Entre mis propiedades bibliográficas atesoro una edición parisina de Rêves étoilés de 1914, una traducción al español en dos volúmenes en rústica de La pluralidad de mundos habitados (¿años cuarenta?) y una edición impresa en Barcelona en tapa dura de 1902 en dos tomos de La atmósfera.

Es precisamente en este último libro, donde encontramos, en su segundo volumen (Libro Quinto, Capítulo V), un amplio tratado del granizo en el que encontramos ejemplos de granizos gigantescos, que luego citaría Fort en sus libros. Pero, es en el Capítulo VI, titulado “Los prodigios”, en el que encontramos un inventario de relatos de lluvias de sangre, de tierra, de azufre, de plantas, de ranas, de peces, de diferentes animales, y un largo etcétera de extravangancias de la naturaleza. En el Libro Sexto, Capítulo III “Los estragos y fechorías del rayo”, Flammarión nos introduce en el todavía inexplicado fenómeno del rayo en forma de bola. En suma, la literatura científica de Camille Flammarión nos presenta la corte de eventos anormales que años más tarde Charles Fort popularizaría en lengua inglesa.

No sólo eso. El astrónomo galo aún estaría directamente involucrado en una observación OVNI. A las ocho de la mañana del 12 de agosto de 1883, el astrónomo mejicano José Árbol y Bonilla, se hallaba en el observatorio de Zacatecas dibujando las manchas de la cromosfera solar, cuando un pequeño cuerpo cruzó el campo visual de su telescopio para seguidamente atravesar el disco solar, en forma de una sombra negra de forma circular. Este curioso fenómeno se repitió muchas veces, de manera que Bonilla pudo contar 283 objetos en un lapso de dos horas. Una interrupción de 40 minutos por las nubes y, luego, siguió el extraño avistamiento, contabilizando el cruce de otros 48 objetos más. Dice Héctor Escobar en su libro 500 años de OVNIS en México: “Los objetos avanzaban en dirección Oeste a Este. El paso de éstos frente al disco solar era bastante irregular, de modo que en ocasiones pasaban dos en un segundo y en otras, en dos minutos no pasaba absolutamente ningún objeto...Bonilla colocó una máquina fotográfica en el telescopio, con la cual obtuvo varias fotografías. En éstas se pueden ver diversos objetos de tamaño y forma irregular”. Bonilla escribió un artículo sobre este fenómeno que vio la luz en 1885, precisamente, en L´Astronomie, revista de la que era director Camille Flammarion, quien propició la divulgación este hecho astronómico anómalo.