LAS DOS CARAS DE LA EXOBIOLOGIA
Miguel Paz Bonells
"Cualquier sociedad que deje de invertir en lo
desconocido, es una sociedad que morirá" (hablando de la conquista del
espacio como negocio). Dan Golding
"La búsqueda de vida extraterrestre es, en opinión
de muchos, el acontecimiento más apasionante, más excitante y más profundo,
no sólo de este siglo sino de todo el movimiento naturalista que ha
caracterizado la historia del pensamiento occidental desde hace tres siglos. Lo
que está en juego es la oportunidad de obtener una nueva perspectiva sobre el
lugar del hombre en la naturaleza, una nueva etapa en la discusión sobre el
sentido y la naturaleza de la vida". Treinta y seis científicos, tres
Nobel entre ellos, interrogados en 1962 por la Academia Americana de la Ciencia.
La exobiología representa la respuesta de la ciencia a
"esa idea cuyo tiempo ha llegado", la idea de que la vida como tal y
su representación más compleja, la inteligencia humana, no debe ni puede ser
un fenómeno aislado en el panorama de este gran universo. A decir verdad ya muy
pocos, a nivel de la ciencia, discuten si existe o no vida, incluso vida
inteligente, en otros mundos: la discusión se centra, más bien, en dónde y cómo
detectarla. El fenómeno vida nos aboca a una gama de posibilidades que va desde
los organismos unicelulares más simples hasta el hombre, pero también podría
conducirnos a manifestaciones y formas diferentes a las conocidas por nosotros,
si consideramos, por ejemplo, químicas y entornos planetarios distintos a los
que hasta ahora hemos estudiado. En esencia vida puede ser todo lo que se
reproduzca, se desarrolle y evolucione a partir de estructuras naturales. A
pesar de las cientos de miles de formas y modos de operar que la vida ostenta en
nuestro propio planeta, pensemos por ejemplo en los insectos, todo puede
reducirse a unas cuantas funciones básicas (metabolismo, sentidos, reproducción,
psiquismo, etc.). El psiquismo, sin embargo, es un aspecto que requiere especial
atención, en lo que respecta a la manifestación de la vida como inteligencia
capaz de generar cultura y evolucionar hacia la tecnología, la espiritualidad y
la autoconciencia, para finalmente expandirese, sin perder individualidad, en
una Conciencia Unitaria, en una Conciencia Cósmica. Podríamos referir incluso
vida adaptada a otras realidades dimensionales, lo cual todavía puede sonarnos
extraño, pero que, seguramente, va a ser considerado, en algún futuro, por la
exobiología y la astrofísica. Hablamos, entonces, de aquella rama de las
ciencias biológicas cuyo objetivo es detectar y estudiar cualquier posible
manifestación o forma de vida existente en otros mundos distintos a la Tierra,
en ese mismo orden: detectar primero y estudiar después. Pero para detectar esa
posible vida la exobiología necesita de otras ciencias, principalmente de la
astrofísica, que es el estudio de la naturaleza física de las estrellas, las
galaxias y el universo. Podríamos enumerar algunos de los medios de que dispone
actualmente la exobiología para detectar, por ejemplo: 1) Los telescopios ópticos
(captación de radiación lumínica). 2) Los radiotelescopios (captación de
radiación electromagnética más amplia). 3) El análisis de la luz para
conocer la composición química o el desplazamiento de los cuerpos en el
espacio (espectroscopía). 4) La búsqueda de posible vida elemental en
meteoritos (objetos procedentes del espacio que caen sobre la Tierra). 5)
Auscultación del espectro electromagnético para detectar posibles emisiones de
comunicación radioeléctrica. 6) Información telemétrica de sondas enviadas
al espacio (fotografías) o material recogido y enviado a la Tierra por dichas
sondas y, 7) La visita a determinados cuerpos celestes por astronautas, quienes,
además de informar, podrían traer material extraido directamente... Estudiar
es otra cosa. Para estudiar es necesario haber captado información o haber
capturado objetos, si hablamos de vida elemental. Para referirse a vida superior
sería conveniente plantear un escenario representable asumiendo, por la ley de
analogías, desarrollos parecidos a los que han resultado de la evolución de la
vida en nuestro propio mundo. En lo que se refiere a especular sobre posible
vida inteligente o a civilizaciones tecnológicas incluso superiores a la
nuestra, se requiere analizar modelos y escenarios especiales, que ya han sido
elaborados y popularizados por científicos como Carl Sagan y Frank Drake en
Occidente y también, ¿por qué no?, transmitido hasta nosotros por ciertos
canales psíquicos y contactados que afirman, algunos dentro de cierto orden de
evidencias, estar en comunicación con seres inteligentes de otros mundos. Pero
veamos un poco cuáles de los medios para detectar enumerados, ofrece más
posibilidades de éxito, en lo que respecta a vida inteligente. Pero, ¿por qué
no vida elemental? Por supuesto que las tres categorías de vida, la elemental,
la superior y la inteligente, son igualmente importantes desde el punto de vista
de la búsqueda, pero es necesario insistir en que cada una de ellas requiere
metodologías diferentes. El deber de un exobiólogo, por otra parte, debería
ser estudiar toda forma de vida, no sólo las manifestaciones elementales. Juan
José Benítez se preguntaba, ya al final de "Materia Reservada", obra
en que expone los casos más serios liberados por la Fuerza Aérea de España,
por qué las autoridades norteamericanas invertían millones de dólares en
buscar vida extraterrestre utilizando radioastronomía, si, según las
evidencias encontradas en los citados documentos abiertos al público por las
autoridades aéreas de su pais, nos estaban visitando naves desconocidas.
Pareciera lógico que si uno sólo de los casos se llegase a comprobar, la búsqueda
debería reorientarse de inmediato, pero oficialmente se sigue buscando.
Entendemos que el problema consiste en la elusividad de estas naves, pero en
ninguna parte está escrito que si una civilización tecnológica descubre,
explora o interviene otro planeta, deba contactar de inmediato y abiertamente a
sus habitantes. Si la evolución es inherente al universo, como parece
desprenderse de las mismas teorías cosmológicas modernas, valdría la pena, a
nuestro juicio, concentrarse principalmente en la búsqueda de vida inteligente,
asumiendo que su hallazgo sería más provechoso para nosotros y que el mismo
supondría, además, la existencia de las otras dos categoríasde vida. Ahora
bien, ¿cuáles son las dos caras de de esta ciencia aplicada del Siglo XX?.
Una, la que presentan, asepticamente hablando a favor de su presunta
objetividad, sus representantes oficiales y la otra, sugerida por la inmensa
casuística (suma de casos estudiados) en relación con la posibilidad de que el
contacto ya haya tenido lugar, aunque veladamente, entre la humanidad y otros
inteligencias. Tal vez para responder al interrogante elemental de "¿hay
alguien ahí afuera con quién hablar?" el astrónomo Frank Drake, de la
Universidad de Cornell, desarrolló una fórmula matemática que permite
calcular, según la ciencia actual, no ya cuántos planetas podrían albergar
vida dentro de los 400.000 millones de estrellas que, según esa misma ciencia
estima, pueblan nuestra galaxia, sino el posible número de civilizaciones
avanzadas tecnologicamente. La fórmula consiste en una serie de factores que
actúan conservadoramente, a manera de filtros, para restringir al máximo dicha
posibilidad. Si llamamos N el número de tales civilizaciones intragalácticas,
la expresión, por demás simple, se escribiría como sigue: N = N* x fp x ne x
fl x fi x fc x fL En la cual: N* = Número de estrellas en la galaxia Vía Láctea.
fp = Fracción de estrellas que tienen sistemas planetarios. ne = Número de
planetas por sistema ecologicamente adecuados. fl = Fracción de planetas
adecuados en los que la vida logra florecer. fi = Fracción de planetas
habitados con inteligencia evolucionante. fc = Fracción de planetas con
inteligencia que han desarrollado una civilización técnica comunicativa (con
radioastronomía, por ej.) fL = Fracción de una vida planetaria con una
civilización técnica. Teniendo todas las efes un valor fraccionario entre 0 y
1, por supuesto, el valor inicial estimado de 400.000 millones de estrellas se
irá reduciendo. Es interesante señalar que no es una tarea fácil la asignación
de peso numérico a cada uno de estos factores, pues se requeriría
practicamente un equipo multidisciplinario para evaluar en profundidad cada uno
de los parámetros planteados, por lo cual vamos a saltar a los resultados, dramáticos
pero concluyentes, a que llega Carl Sagan (véase "Cosmos"): sólo
diez de estas civilizaciones podrían existir teoricamente en nuestra galaxia.
Si existiese sólo una, obviamente, no estaríamos solos en el universo y, de
comprobarse esto a nivel de la ciencia oficial, marcaría el comienzo de una
revolución que partiría en dos toda la historia de nuestra humanidad. Pero el
número hallado es tan exiguo que el mismo Sagan, después de verlo como un número
sostenible, afirma que "en cualquier momento dado sólo habría una
reducida cantidad, un puñado, una miseria de civilizaciones técnicas en la
galaxia"... Como contraste nos parece altamente interesante citar el
pensamiento de los antiguos indúes al respecto: "De acuerdo con los Vedas
pueden existir unas 400.000 inteligencias diferentes en el universo. Algunas son
divinas, algunas son multidimensionales, algunas son físicas. Entre estas
inteligencias, muchas desean ayudar la raza humana; otras, sin embargo, son engañosas
y otras desean sacar ventaja de la raza humana, compitiendo entre sí. Pienso
que la evolución humana se acerca cada vez más a una comprensión de su
verdadera ubicación dentro de la vida primitiva que se desarrolla en el entorno
de este gran universo"... -Citado por el Dr. J. J. Hurtak en "UFO
Library", E.U., 1993- De todos los medios referidos, el único propuesto
expresamente por la exobiología para detectar vida inteligente es el 5, es
decir, el de la auscultación del espectro electromagnético mediante conjuntos
de antenas direccionales y sistemas de barrido computarizado, capaces de
analizar automaticamente cada frecuencia encontrada y determinar si se trata de
una emisión natural, de una radiada por nosotros mismos o de una procedente de
otra civilización tecnológica distinta a la terrestre. Este medio asume que la
emisión artificial de radio-ondas significa el comienzo de un estadio de
desarrollo tecnológico y, por supuesto, garantiza la existencia de
inteligencia. Aquí es necesario analizar un poco el problema de la velocidad de
las ondas electromagnéticas en el espacio, que es la misma velocidad de la luz,
para dilucidar si vale la pena emplear este medio de búsqueda para la detección
de inteligencia. En el caso de la tecnología terrestre, nuestras radio-ondas
comenzaron a viajar hacia las estrellas apenas hace unos 70 años, es decir que
el frente de dichas ondas ha recorrido hasta ahora 70 años-luz, unos 700 Mil
Millones de kilómetros, lo cual en términos siderales es insignificante
(nuestro sistema solar tiene solo unas doce horas-luz de diámetro o 12.000
millones de kilómetros). Esto quiere decir, por ejemplo, que si existe
inteligencia tecnológica capaz de detectar estas ondas en Las Pléyades, que
están a unos 500 años-luz, los pleyadinos no podrán saber de nuestra
presencia sino hasta dentro de unos 430 años. Por otra parte deberían habernos
captado inteligencias habitando planetas en ese radio de 70 años-luz, pero
suponiendo que estuvieran en capacidad de respondernos, el primer intercambio de
saludos --"ola, estamos aquí, ¿Cómo están ustedes?" y nuestro
–"Bien gracias ¿y ustedes?" haría esperar a nuestros desconocidos
amigos 140 años terrestres, lo cual, en términos humanos, significa tres
generaciones y, por supuesto, la muerte del interlocutor humano cuando llegue la
contra-respuesta con algo así como –"Bien, ¿podrían enviarnos una
postal?"!. Dicho de otra manera, las ondas radio-eléctricas conocidas y
utilizadas por nosotros no sirven, por demasiado lentas, para la comunicación
espacial, al menos que estemos dentro del radio de nuestro propio sistema solar.
También podemos asumir que en estrellas como la Alfa del Centauro no hay
inteligencia, puesto que nuestro frente de onda debió pasar por sus planetas,
si es que los tiene, aproximadamente en 1935, ya que está ubicada a unos 4,4 años-luz
de nosotros, pero es posible, sin embargo, que se hallan cansado de intentar el
diálogo, pues no fue, más o menos, hasta la década de los sesenta que
nosotros, los terrícolas, decidimos comenzar a auscultar el espacio con este
propósito. Sin duda los extraterrestres, si han alcanzado el nivel tecnológico
para viajar por el espacio y establecer relaciones interestelares, deben poseer
otros medios para comunicarse entre ellos distintos al electromagnético (el
telepático, por decir algo), que dicho sea de paso, es, según el Dr. Albert
Einstein y la ciencia actual, el medio más rápido del universo y, como si
fuera poco, el límite máximo posible de velocidad para cualquier partícula o
vehículo físico. También, por supuesto, deben poseer otros medios para
desplazarse, incluso interdimensionalmente. Carl Sagan fue un teórico de esta búsqueda,
pero alguien que negó tenazmente, incluso en su obra "Contacto",
traducida al cine después de la muerte del brillante astrónomo, donde reduce
el contacto a un espejismo subrealista, a la manera de "2001 Odisea del
espacio" de de Arthur C. Clark, otro fundamentalista de la ciencia. Estamos
hablando de posibles visitas a la Tierra por parte de habitantes de otros mundos
En ningún momento, a lo largo de los ríos de tinta que han hecho correr esta
clase de negadores teóricos de la posibilidad de que existan otras humanidades
altamente científicas y de que ya hayan estado aquí, se preguntan si una
evolución tecnológica paralela, con miles o tal vez millones de años de
desarrollo por encima del nuestro y generada por inteligencias con grados de
conciencia y psiquismo seguramente más profundo, podría compartir nuestros
criterios científicos y nuestra lógica. Algunos de los argumentos más
populares en contra pueden sintetizarse de la siguiente manera; (1) No existe
ninguna evidencia de primer orden, excepto -posiblemente- unas cuantas bacterias
fosilizadas, extraidas de un meteorito presuntamente procedente de Marte, de que
haya tan siquiera vida elemental en otros planetas; (2) las distancias son
demasiado grandes, asumiendo que existan las referidas civilizaciones tecnológicas,
como para que puedan ser cubiertas por vehículos, aunque su velocidad sea próxima
a la de la luz; (3) si han llegado cómo es posible que se oculten y prefieran
comunicarse con campesinos y gente sin educación, en lugar de hacerlo con la
Casa Blanca, el Papa o Stephen Hawking; (4) las experiencias vividas por humanos
que dicen haber sido llevados a las naves pueden explicarse por traumas
perinatales: según estas hipótesis de científicos, las tales naves podrían
ser sólo imágenes simbólicas del útero femenino, etc; otros afirman que los
ovnis son efectos de la energía que se produce en el interior de la Tierra
cuando se presionan las capas geológicas unas con otras (alguna vez fueron
"el gas de los pantanos"); un sacerdote español de apellido Quevedo
sostuvo en una ocasión que los ovnis podrían ser zamuros y, según la revista
"Muy Interesante" de Colombia, quienes ven esos objetos no explicados
suelen ser trasnochadores confundidos por "cantos de sapos en el
cielo" (sic). Ante esta clase de argumentos es mejor guardar respetuoso
silencio, lo cual parece ser la actitud de muchos científicos de verdad. La
negación a priori del viaje interestelar basándose principalmente en la
velocidad de la luz como límite excluido por la física relativística, que es
uno de los argumentos importantes en contra de la posibilidad de que nos hayan
visitado o nos estén visitando actualmente seres extraterrestres, no deja de
ser dogmática, dado que estamos simplimente transfiriendo nuestras propias
limitaciones a seres cuya capacidad de respuesta frente a esta clase de
problemas nos es desconocida. El argumento, por otra parte, de que se desplacen
desde distancias tan grandes para venir hasta aquí sólo a ocultarse, que hemos
denominado analíticamente "principio de elusividad estratégica e
invisibilidad táctica", no deja de ser igualmente ingenuo, ya que
presupone que estos seres comparten, como ya lo mencionamos, nuestra lógica y
nuestros criterios que, si bien funcionan para nosotros, no tienen por qué
hacerlo en relación con otros desarrollos evolutivos. Pensamos, también, que
el término extraterrestre no puede ser utilizado indiscriminadamente, sin una
serie de aclaraciones previas. Tenemos la tendencia, dentro del mismo orden de
ideas, a suponer que se trata de un astronauta convencional, desplazándose con
pesados trajes especiales a través de grandes distancias en plan de
descubrimiento y estudio de mundos nuevos, lo cual habla una vez más de nuestra
ingenuidad. Al considerar la inmensa casuística, ya filtrada por los
estudiosos, uno se da perfecta cuenta de que estemos confrontando algo más
complejo de lo que sugiere la teoría del astronauta. En general el asunto está
de tal manera desinformado, desprestigiado y cargado de prejuicios, que en la
mayoría de las librerías "serias" los temas sobre contactación y
ovnis generalmente se hallan en estantes clasificados como "ciencia ficción".
El mismo Carl sagan pone en el índice alfabético de su magnífica obra de
divulgación ya citada el calificativo de "ciencia ficción",
cuidadosamente encerrado entre paréntesis, después de la palabra
extraterrestres, como para que no quede la menor duda al respecto. Las
posiciones oficiales sobre este asunto, tanto en Occidente como en la ex-Unión
Soviética, si no desinforman reflejan una gran falta de apertura mental e
indiferencia temerosa que es urgente y necesario superar. Quisiéramos,
finalmente, reconocer el papel jugado hasta ahora por cierta investigación
civil, que ha contribuido grandemente a favor de esta búsqueda y hasta
soportado con valentía el desprecio público para esclarecer la verdad.