LA HIPERDIMENSIONALIDAD DEL ESPACIO
Miguel Paz Bonells
"Las respuestas a los impenetrables misterios de la
vida y del universo debemos encontrarlas en los arcanos de lo invisible"...
A través de sus diversas expresiones culturales,
especialmente en el ámbito de la religiosidad, la humanidad siempre ha
insistido, abierta o veladamente, en la existencia de “otros mundos”,
expresiones que hallan eco en las mitologías, las creencias y, particularmente,
en la noción de un cielo donde moran las divinidades y -en última instancia-
Dios, el Ser Supremo. Durante el Siglo XIX y a principios del XX. Escritores
como Edwin Abbott y Gustav Theodor Fechner asociaron esos mundos posibles con la
idea de una “Cuarta Dimensión”, sugiriendo teorías manejables desde el
punto de vista científico. Si la Cuarta Dimensión Espacial no tuviese
realidad, nuestro espacio sería, de todas maneras, multidimensional, pues de
hecho la ciencia reconoce por lo menos tres dimensiones, a saber: largo, ancho y
alto. A partir de las llamadas “Geometrías no Euclidianas”, desarrolladas
principalmente durante el Siglo IXX por matemáticos como Gauss, Rieman,
Lovachebsky, Boliay, etc., se llegó a manejar, al menos teóricamente, no sólo
cuatro dimensiones, sino otras dimensiones superiores... autores modernos como
Pedro Ouspensky, Rudy Rucker, etc., han escrito libros enteros sobre el tema,
que pueden ser adquiridos y analizados por cualquier persona que desee indagar
sobre el tema. La reciente obra de Schabbath van Nes Ziegler, titulada Teoría
del Universo Multidimensional (C.S.Z.-Editor/Barcelona), "nos aporta una
visión del cosmos y de la vida que aturde los cimientos sobre los que
fundamentamos nuestra existencia, tanto por su pedagógica exposición científica
como por su profundo misticismo”. El espacio en sí mismo, es decir el espacio
abstractamente considerado, es lo que podríamos llamar “una matriz de creación”,
capaz de contener infinitas dimensiones. No se ha determinado si las dimensiones
resultan, como los mundos, exclusivamente de la interacción entre un psiquismo
y su entorno, concretando lo que algunos psicólogos denominan “nivel de
realidad”... De no ser así, cada cada ser existente en una dimensión dada
existiría simultaneamente en todas las dimensiones posibles, pudiendo ser
percibido seccionalmente desde cada mundo dimensional. En este punto es
conveniente distinguir el uso del término “Cuarta Dimensión” con respecto
a la Física Relativística de Einstein y la Geometría del espacio. Einsten
definió el tiempo como una Dimensión más porque se dio cuenta que no se podía
prescindir de él para determinar la situación de un cuerpo en el espacio
ordinario; tal vez si empleamos la palabra evento en lugar de cuerpo la noción
se haga más fácil de entender, debido a que todo cuerpo posee una historia, es
decir, tiene comienzo. Si alguien lleva, por ejemplo, un escritorio al tercer
piso de un edificio, para encontrarlo hay que referir las tres dimensiones clásicas
y la hora en que estará allí, de manera que el tiempo, al ser considerado como
una cuarta coordenada, representa de hecho la famosa Cuarta Dimensión, sin que
por ello hayamos salido del espacio convencional. Para Newton el tiempo y el
espacio podían tratarse separadamente pero Einstein comprendió que el tiempo
realmente era una coordenada más, justamente la Cuarta Coordenada, tan
inseparable de las otras tres (largura, anchura y altura) que formaba, junto con
ellas, lo que él llamó un continuo (inseparable), es decir, una continuidad de
4 dimensiones, en lo que respecta al espacio. Con esto queremos significar que,
estrictamente hablando, la denominada por la ciencia “Cuarta Dimensión”, es
decir el tiempo (t), está “aquí” mismo y determina, junto con las tres
dimensiones clásicas , largo, ancho y alto (x, y, z en el lenguaje de las matemáticas)
lo que Einstein denominó, tomando el término del matemático lituano Herman
Minkowsky, “Continuo Espacio-temporal Tetradimensional” o simplemente
espacio-tiempo. La Cuarta Dimensión Espacial, empero, es algo que nos lleva a
concebir otra realidad paralela o alterna. Por supuesto que en la física pre-relativística
(newtoniana), como lo afirmamos arriba, se pensaba que nuestro espacio era
tridimensional (el tiempo se consideraba independiente del espacio), por lo cual
el término “Cuarta Dimensión” realmente no se refería al tiempo como
cuarta coordenada, sino a un universo paralelo posible, que ya ha sido tratado
teóricamente desde el punto de vista matemático, es decir, a un espacio-tiempo
diferente al nuestro pero inmediato o coexistente, donde el problema de las
dimensiones debe ser reconsiderado y el tiempo (t’) no se correspondería con
nuestro tiempo ordinario. Con esto afirmamos que la “Cuarta Dimensión
Espacial o Geométrica” nos refiere, insistimos, a otro espacio-tiempo, dentro
del cual la materia se volvería INVISIBLE e INPERCEPTIBLE para nuestros
sentidos comunes. En nuestro espacio convencional -repetimos- La Cuarta Dimensión
propuesta por Einstein, es decir el tiempo, sólo podría implicar alteraciones
al considerar distancias siderales, como en el caso de la luz procedente de
estrellas lejanas, cuya imagen no representa el presente sino el pasado de
dichas estrellas, determinado por su distancia en años-luz de nosotros. Una
reflexión muy interesante en relación con este hecho es la de que, de alguna
manera, el pasado está en el presente debido a la velocidad de la luz en el ámbito
galáctico, pues las imágenes de las estrellas que podemos contemplar en una
noche clara son, en realidad, imágenes que se corresponden con diferentes
momentos del pasado. Cuando vemos Las Pléyades, por ejemplo, estamos
percibiendo la imagen que este grupo estelar presentaba hace quinientos años,
es decir que si hace cien años hubiese habido una gigantesca explosión en
Alcione, su estrella principal, apenas podríamos enterarnos dentro de
cuatrocientos años. Ahora bien, ¿cómo explicar el comportamiento especial de
la materia al pasar a ese otro espacio-tiempo que es la Cuarta Dimensión
Espacial?. Para arrojar alguna luz sobre este punto es necesario hablar un poco
de lo que significa el mundo fenoménico, es decir la representación compartida
que nuestros sentidos permiten que nos hagamos de la realidad en la cual estamos
inmersos y de la cual somos parte. Los llamados fenómenos no existen por sí
mismos, sino que resultan para un sujeto cuando el mismo percibe, es decir,
cuando sus sentidos captan algo, generalmente a través de una imagen. Si
consideramos por una parte que los rangos de captación de nuestros sentidos son
limitados (sólo vemos en longitudes de onda de 4 a 7 Mil Unidades Amstrong y no
oímos sonidos por encima de los 20 Kilohertz) y por otra que la naturaleza de
la materia/energía es determinante en lo que respecta a su perceptividad (no
vemos ciertos cristales que nos son transparentes ni percibimos en absoluto las
radiaciones electromagnéticas), comprenderemos que sería suficiente un cambio
de parámetros en el ámbito atómico para que un objeto material deje de ser
aprehendido por nuestro aparato perceptor, que incluye de hecho el sentido del
tacto, porque el verdadero problema no radica en la invisibilidad sino en la
intangibilidad del objeto que experimenta, sea por causas psíquicas o tecnológicas,
el paso a la referida realidad hiperdimensional. Aparentemente la materia en
general puede experimentar cambios en su naturaleza mediante la aplicación de
campos de energía de orden físico o psíquico, como ha sido presenciado por el
autor en relación con ciertas demostraciones, en las cuales un sujeto produce
teleportaciones a voluntad mediante facultades psíquicas especiales... la
influencia normal de la mente sobre la materia, por otra parte, está
absolutamente reconocida por la ciencia bajo la denominación de “efectos
psico-somáticos”, al menos en lo que respecta a la materia viviente, ya que
la telequinesia, es decir, los movimientos que ciertos psiquismos pueden
imprimir a objetos inertes, es tan extraña que su estudio, de hecho, se sitúa
dentro de lo paranormal.. Con lo expuesto queremos dejar planteada la
posibilidad de que la elusividad del llamado "fenómeno OVNI", bien
puede estar relacionada, como ya lo insinuara el Dr. J. A. Hynek (1910-1986),
con la existencia de uno o más espacio-tiempos o realidades alternas que
albergarían mundos como el nuestro, o tal vez superiores, con sus humanidades,
tecnologías, etc., lo cual no representa nada nuevo como planteamiento en la
historia del conocimiento. Recientemente la prestigiosa revista de divulgación
científica, "Conozca Más" (Año 9 #5) cita, en un artículo
denominado precisamente "Mundos Paralelos", al científico húngaro
Ervin Laszio, investigador y docente de las universidades de Yale y de La
Sorbona, quien en su obra "La Gran Bifurcación" dice, refiriéndose a
los nuevos paradigmas de la ciencia: "El hombre ya no puede predecir lo
impredecible ni tampoco intentar explicar lo inexplicable. Sabe demasiadas cosas
sobre sí mismo y sobre el mundo donde habita como para poder hacerlo. Solamente
se aproximará a la verdad si deja de lado las viejas herramientas que acabaron
por encarcelar su pensamiento en los estrechos límites de lo palpable y lo
mensurable"... Es decir, que el ser humano está alcanzando ya al límite
de su poder explicativo y predictivo en lo que respecta a la física y al mundo
viviente, desde la tridimensionalidad euclidiana y los rígidos esquemas de
pensamiento que se ha impuesto desde Aristóteles... Ha llegado la hora, como lo
señala finalmente el autor del trabajo citado, de que las respuestas a los
impenetrables misterios de la vida y el universo deban ser encontrados en los
arcanos de lo invisible.