¿LOS MOAI LEVITABAN EN RAPA NUI?

             Por  RAUL NÚÑEZ.

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Uno de los misterios de la Isla de Pascua, entre otros, es la forma en que fueron transportados los moai desde sus canteras naturales hasta la orilla misma de la playa. Considerando que el peso de las estatuas oscila entre 30 y 80 mil kilos, las teorías se han disparado en todas las direcciones posibles para dar una explicación a este enigma.

Haciendo un análisis racional de ciertos elementos del entorno,  las diferentes corrientes de opinión siguen en controversia.

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Muchas son las teorías que existen al respecto en que forma fueron transportados los moai desde el volcán Rano Raraku hasta la costa, distancia de unas cuantas decenas de kilómetros.

La tradición oral existente entre los habitantes de la Isla de Pascua que viene ya del siglo XIX, nos habla que los moai "se ponían a andar" y el recuerdo popular generalizó esta idea. El último rey de la isla el pequeño Gregorio  explicaba ingenuamente a los misioneros que las estatuas se desplazaban "andando" y lo explicaba plenamente convencido ya que esa afirmación les había escuchado a sus antecesores igualmente que a otros reyes y gobernantes del lugar.

Para entender el problema del desplazamiento de estas gigantescas moles de piedra es importante distinguir tres clases de estatuas: las que, no provienen del volcán fueron esculpidas a proximidad del emplazamiento donde se levantaron. Las que, proceden de la parte superior del volcán serían fijadas al pie de la montaña. Y finalmente, las que después de haber sido talladas en la cantera volcánica, irían a coronar los lejanos "ahús".

 

¿Desplazamiento sin madera?

Muchos estudiosos pensaron que las gigantescas estatuas debieron haber sido desplazadas sobre un sistema de rodillos hechos con troncos de árboles, pero esta hipótesis choca con una gran realidad casi inamovible que en la Isla de Pascua nunca han existido árboles y menos con la consistencia para soportar un peso como el de los moai.

El único árbol existente (según la tesis oficial) en los últimos tiempos es el llamado "tolomiro" y es de una madera muy frágil y su utilidad práctica no pasa de los dos metros. (ver dibujo 1)

Al respecto de la falta de madera en la Isla de Pascua se ha tenido siempre la idea preconcebida que "nunca ha existido árboles en la isla", pero últimamente estudios en el ámbito de Palinología han determinado que árboles de regular tamaño existieron en tiempos pasados, y solo la idea ya arraigada que Pascua ha sido siempre una isla casi desértica y pedregosa, han predispuesto a muchas personas a dar todo tipo de soluciones en relación con el transporte de los moai, pero siempre anteponiendo la idea que en la isla "nunca han existido árboles o vegetación diferente a la que hoy en día conocemos", lo cual nos hace entrar en un pasillo muy estrecho para solucionar el problema básico que tenían los antiguos habitantes de Pascua, y que era mover miles de kilos de piedra de una forma medianamente fácil.

Recientemente, entre la tribu de los Poitú, un grupo de arqueólogos ayudados por la población indígena, experimentó la técnica del "sendero de madera" para trasladar un megalito artificial (de cemento), que pesaba 32 toneladas. El ensayo constituye un rotundo éxito. Se supone que los antiguos habitantes de la Isla de Pascua podrían haber procedido como los modernos Poitú, solo que la pregunta es ¿Cómo, si carecían de madera?

Otra hipótesis  supone un transporte sobre una suerte de trineos pero choca de inmediato con el terreno donde tiene que operar. ¿Cómo sortearon pedregales, accidentes topográficos, y zanjas en el terreno, etc?

 

Simulaciones de transportes

Thor Heyerdahl en su expedición de 1955 intentó aportar una idea global respecto al traslado de los moai. Durante dieciocho días con ayuda de palancas y piedras; las cuales  fueron amontonadas bajo la parte delantera de un moai lograron por fin colocarlo en forma vertical. Para este trabajo se usaron cuerdas que eran tiradas en forma uniforme por los trabajadores. El esfuerzo  de la expedición noruega no demostró gran cosa ya que el moai levantado pesaba 25 toneladas y media 4,80 mts, y el terreno seleccionado no tenía grandes problemas. Precisamente en ese momento Heyerdahl escuchó el terminó Mana, una especie de cualidad mágica y fuente de poder sobrenatural. Este terminó aportado por el entonces alcalde de la isla Don Juan Rapahongo, fue considerado por Heyerdahl como una más de las tantas supersticiones que conviven con los habitantes de la Isla.

Este mismo autor en el año 1986 en su último viaje a Isla de Pascua ratificó que el traslado de los moai era en posición vertical y aludió que se basa en decir esto luego de un intenso análisis de "antiguos escritos". En este último punto podemos decir que fue un añadido de su cosecha ya que la teoría del desplazamiento vertical de los moai ya estaba totalmente aceptada por la mayoría de los estudiosos.

En este apartado debemos mencionar a uno de los miembros de la

expedición de Thor Heyerdahl, llamado William Mulloy quien realizó un intento de trasladación a base de cuerdas y cabrías oscilantes. Para este experimento utilizó la estatua llamada Hanga One One, este moai mide 2,65 m de altura y un peso aproximado de 6 toneladas. Mulloy utilizó madera de Amberes (Francia), pero la madera cedió quebrándose. Lógicamente que con un moai de peso superior el experimento es más ineficaz. (ver dibujo 2)

Otro estudioso de este problema, de origen francés, el médico Jean Marie Schwartz, tomando en cuenta la leyenda que por generaciones ha permanecido que "los moai avanzaron de pie". Llegó a unas conclusiones coincidentes con este pensamiento popular. Para demostrar su teoría se fijó en el movimiento que realiza una persona con poca fuerza al mover las pesadas bombonas de butano para trasladarlas a ras de suelo.  Aquel  movimiento de derecha a izquierda, una vez amarrado el moai en la parte superior del cuello y en la parte inferior del cuerpo de la estatua podía hacer avanzar esta mole gigantesca lentamente. Ese movimiento alternado de rotación basado en fuerzas opuestas de derecha a izquierda hacia cambiar al moai su centro de gravedad, pero una fuerza pequeña basta para hacer girar un cuarto de vuelta la mole de piedra si se sabe alternar las inclinaciones en su justa medida.

Un elemento esencial  para confirmar esta teoría es saber si los pascuenses en aquellos tiempos conocían los cordeles o cuerdas. Definitivamente sí, ya que el holandés Roggeveen que descubrió esta isla en el año 1722, destaca en sus memorias que el primer indígena que subió a bordo se interesó mucho por "el grueso de las maromas". Otro navegante, James Cook, dejó escrito que las piraguas de los isleños estaban hechas de trozos de maderas "amarrados con cordeles" lo cual indica que de alguna forma el concepto de soga o cordel ya lo utilizaban en su diario vivir. 

Los cálculos de Schwartz hacen ver que en cuatro o cinco grupos, cada uno tirando por turno, y bastando 16 cuerdas tiradas a la vez por unos 10 hombres cada una, se imprime el movimiento de bamboleo a las estatuas y su consiguiente avance.

 

El problema del "roce" y la "fricción"

¿Esta técnica es suficiente para hacer avanzar estos miles de kilos de piedra?

Sin duda quedan incógnitas sobre dos puntos esenciales: los obstáculos y el roce.

Iván Verheyden, autor de un magistral estudio sobre la Isla de Pascua, nos dice que esta teoría exige una "superficie perfectamente lisa además que horizontal". Si analizamos los pormenores del desplazamiento del moai, se puede pensar que la horizontalidad no es imprescindible, pero el esfuerzo de tracción deberá ser más intenso cuando se presente alguna rampa o pendiente en el trayecto. En cuanto a la superficie lisa tampoco es necesariamente obligatoria ya que la investigadora Katherine Routledge descubrió "algún tipo de calzada" que podrían estar relacionadas con el desplazamiento de los moai, y de no ser posible esto último, se podría haber recurrido a despejar el camino delante de la estatua, a medida que esta fuera avanzando.

El mayor problema de la teoría del francés Schwartz, viene dado por el roce o frotamiento. Las fuerzas de frotamiento que han de vencerse son enormes al tener sujeta una mole de varios miles de kilos y la sincronicidad debe ser perfecta, más aún, si se piensa en la irregularidad del terreno. (ver dibujo 3)

Por otra parte, Thomas Barthel, científico alemán que permaneció en la Isla de Pascua un año estudiando diferentes aspectos de este peculiar sitio, descubrió en lo alto del borde del cráter del volcán Rano Raraku, justamente encima de la cantera, unos curiosos agujeros de forma rectangular que tienen forma de U, estos orificios se ven desgastados por el roce de la fricción de "algo", quizás sogas. Barthel formula la hipótesis que estas sogas eran pasadas por estos agujeros para arrollarse en torno a dos peñascos situados convenientemente, todo esto constituían un excelente sistema de poleas por donde eran bajados al llano los gigantes de piedra. Este sistema de agujeros sería aplicado también en la base de la cantera donde se preparaban los moai para facilitar su traslado.

Los mencionados agujeros tienen el nombre en lengua pascuense de Pu Maari, lo cual significa orificios para cabrestantes o cordeles. Estos agujeros fueron comprobados y estudiados posteriormente por otras expediciones, como la del español Antonio Ribera llamada Operación Rapa-Nui, y también por la de otro español que permaneció largo tiempo en la isla, Antonio Pujador, este último amplio los análisis de estos agujeros, e incluso descubrió otras cavidades cilíndricas en acantilados de la isla. Estas verdaderas "perforaciones" eran tan perfectas que llevaban a volar la imaginación del más centrado de los análisis científicos, demostrándose una vez más que sabemos muy poco de esta Isla perdida en el Océano Pacífico.

 

"Kohau Rongo-Rongo"

¿Se debe ignorar la leyenda de la tradición oral que nos habla que los moai marchan de pie?

Por lógica, siempre existe parte de verdad en las fábulas de los hombres; sobre todo cuando se han realizado experimentaciones de todo tipo respecto al traslado de los moai. Por ejemplo algunos monumentos pétreos hubieran alcanzado en su mejor momento altura hasta de 20 metros y la gran media supera los 10 metros (tomando en cuenta que parte del cuerpo permanece enterrada en el suelo) Los ahús por el contrario, son de medidas más pequeñas. La mayor conocida como "El Paro" se encontró sobre un altar próximo a la bahía de Le Perrouse a una distancia de 7 kilómetros de su cantera y mide 9,80 metros y su peso debe aproximarse a las 80 toneladas.

No existe ninguna fuente escrita o descriptiva en cuanto a como se las ingeniaron los antiguos habitantes de la isla para instalar sus estatuas pétreas y mucho menos de su traslado por la isla. Los "kohau rongo-rongo", única documentación gráfica de la isla, están repartidos en varios países, la mayoría de ellos en mal estado y con un dudoso origen. Cada cierto tiempo salen nuevas interpretaciones de estas misteriosas tablillas, la última del etnólogo americano Steven Fisher nos habla de "cosmogonía", lo que podríamos interpretar como cánticos o letanías dibujadas por guías espirituales de la isla a mediado de los siglos XVIII. La escritura rongo-rongo se basa en 120 pictogramas de criaturas y objetos que, una vez combinados forman de 1500 a 2000 glifos o inscripciones huecograbados. En los años 1950 el investigador alemán Thomás Bartheel de la Universidad de Tubinga, había identificado algunos signos y califica al rongo-rongo como un lenguaje primitivo no constitutivo de un verdadero alfabeto. Por otra parte el etnólogo americano Fisher trabajo durante casi seis años y llegó a la conclusión que el rongo-rongo esta formado por una compleja combinación de jeroglíficos en grupo de tres, en los que una figura de un pené estabilizado es utilizado a menudo como elemento de conjunción. Los textos indican que la casta sacerdotal de la isla, seguramente a los inicios del siglo XVII tenían una verdadera obsesión por la creación, ya que al menos el 85% de las incisiones sobre madera que se conservan hasta nuestros días tienen contenidos cosmológicos. Esto nos lleva a pensar que la escritura se habría inventado en la Isla de Pascua después del contacto con los españoles, hacia el año 1770, aunque en este punto hay que recordar que en el mapa trazado por Agüera en 1770, miembro de la expedición española del Comandante González de Haedo, mapa que actualmente se guarda en el Archivo de Indias de Sevilla, se puede apreciar claramente que al lado de las tres cruces que señalan las tres colinas de Poike, existen unos signos realizados por algunos arikis (reyes) o notables de la isla en aquellos tiempos, con signos usados en las famosas tablillas rongo-rongo. Por ello, las tablas se habrían grabado algunos siglos después de las estatuas megalíticas que fueron erigidas según fechas aceptadas por la mayoría de los científicos entre los años 1100 y el 1500 DC.

Una historia no muy conocida respecto a estas tablillas que contienen signografías de antepasados pascuenses es que John Brander y Tati Salmón administradores de finales del siglo pasado de la isla advirtieron el interés de las visitas foráneas por estas tablillas y lograron que varios pascuenses fabricaran ejemplares de Kohau rongo-rongo, ya que vieron un negocio lucrativo a su favor. En el libro ×"Te Pito Te Henua" del año 1889 y cuyo autor es Willians J. Thompson, narra que pagó un precio abusivo por los rongo-rongo y que entró en sospecha de que el "experto traductor" lo estaba haciendo víctima de un engaño. El "experto" descubierto confesó que ya nadie sabia leer las escrituras de estas tablillas y que él había olvidado el significado de cada figura, pero que recordaba los textos en forma general.

Ante esta inexactitud de datos, el desplazamiento de los moai permanece aún en controversia, ya que la única fuente escrita de los antepasados pascuenses permanece en la incógnita más absoluta, pese que cada cierto tiempo aparecen interpretaciones nuevas de su historia.

El Maná, energia misteriosa

La historia de la Isla de Pascua no es una historia tradicional ni concreta, es simplemente un conglomerado de leyendas sazonadas con todo tipo de ingredientes y en este punto han colaborado quizás inconscientemente muchos europeos que llegaron en primera instancia al lugar. El padre Sebastián  Englert, que llegó a la isla en el año 1917 y permaneció hasta su muerte en 1968, entre muchos otros, al tratar de dar explicaciones a una serie de lagunas y misterios de la isla sola sirvió para dar mayor cobertura y reafirmar los cientos de historias respecto al origen del pueblo pascuense; historias que se han ido copiando y traspasando de escrito a escrito, creando el mayor desbarajuste respecto a la isla.

Uno de los temas que ha permanecido inalterable es respecto "al caminar de los moai" y la fuerza misteriosa que los movería según la tradición antigua. El mana.

El Padre Sebastián no dudaba en mencionar al mana, como una energía espiritual cuya utilización estaba en manos de los brujos y algunos elegidos de la isla, en respuesta trascendente a las consultas de cómo se trasladaban los moai. ¿Se movían los moai milagrosamente?

Ciertamente la mayoría de los científicos convencionales no admiten este tipo de acontecimiento, aunque ante esta explicación tan trascendente respecto al mana, no cabe duda que los moai adquieren un sentido casi religioso e irracional.

Según algunas leyendas pascuenses los arikis (reyes), a igual que los faraones egipcios, eran descendientes directos de Dios, por lo tanto compartían su poder divino. Cada ariki era capaz de fertilizar los campos con su mente, acercar los peces a la costa, y  hacer que las rocas fueran más livianas. Todas estas leyendas han motivado que la palabra levitación, más de alguna vez presente, acompañe especulaciones al respecto del traslado de los moai. 

Francis Mazière, autor francés no duda en hacerse preguntas respecto a este enigma del desplazamiento de los moai. Según Maziére el tolomiro, es una madera totalmente ineficaz para soportar el peso de los moai. No le falta razón. Más aún cuando el mismo clima de la Isla debilitó enormemente la forestación de este arbusto, y la estadía de Jean-Baptiste Onésime Dutrou-Bornier (1834-1876) con rebaños de corderos hicieron que la poca vegetación de Pascua casi terminará definitivamente. El tolomiro ha sido replantado solo hace unos cuatro años atrás luego que fueron traídas semillas desde Europa, donde habían sido trasladados algunos ejemplares de tolomiro.

Este autor francés quizás sea el primero que observa el termino "mana" bajo otros prismas de análisis, expresa: "La parapsicología hallará tal vez su vibración en esta isla de tan confuso magnetismo". Además Francis Maziére escribió: "Los moai vigilan las fuerzas de los vientos de la Antártica y transmiten esos poderes a una gran piedra volcánica roja que limita el triángulo de las islas del Pacífico."

Según la tradición, la cual debemos interpretar con mucho cuidado en la Isla de Pascua, el mana era poseído por dos hombres, seguramente el Rey y un Jefe Espiritual quien repartía esta fuerza entre las estatuas para que estas se desplazaran de sus lugares de orígenes.

Quizás las teorías de fuerzas electromagnéticas o de fuerzas antigravitacionales nos resulten casi de ciencia-ficción, pero más de un estudioso no ha desestimado este apartado, ya que en famoso Rito del Hombre Pájaro también se utilizaba esta "fuerza misteriosa" y al parecer cuando se preparaba el moai colocando el rodete de piedra caliza sobre su cabeza (en pascuense Pukao), y se cubría con coral blanco los ojos de las estatuas, estos enormes monumentos pétreos adquirían un significado mágico, una especie de ídolo "cargado" que repartía el fluido del mana sobre la isla y sus habitantes, (no hay que olvidar que los moai eran colocados mirando hacia dentro de la isla según algunos estudios arqueológicos).

 

Sonidos e Infrasonidos. El origen de los Pascuenses

En este punto es aconsejable mencionar al quizás asombrado lector que en algunas culturas antiguas como la tibetana se le atribuye especial importancia a los sonidos. El sonido encierra una fuerza oculta y más aún los infrasonidos según estudios recientes se sabe que influyen en la voluntad y el estado de ánimos de  las personas, incluso algunos científicos han experimentado con fortísimos ultrasonidos capaces de alterar el comportamiento del átomo. Una de las propiedades mágicas atribuidas al sonido es que puedan mover objetos y hacerlos levitar. En el año 1939 el Dr. Jarl, de origen sueco aseguró haber sido testigo cómo monjes tibetanos hacían levitar enormes piedras y las cambiaban de lugar utilizando tambores y trompas. Esta operación vetada para los occidentales la pudo observar ya que tenía amistad con uno de los monjes que había conocido en Oxford. Este privilegiado doctor pudo determinar que las notas de los instrumentos, las distancias, y la movilidad de las piedras y su lugar de deposito estaban cuidadosamente determinados. Incluso en el año 1992 la revista Electric Spacecraft, aseguraba que un músico con una simple guitarra eléctrica y su amplificador había conseguido levitar un objeto por unos cinco segundos. Quizás sonidos y armonías en frecuencias por debajo de los 30 Hz fueran capaces de provocar ondas de presión de propulsasen a un objeto situado a una distancia determinada. ¿Ciencia-ficción al borde de la realidad?

Esta idea queda como curiosidad y para ser tomada en cuenta como otra aportación “mágica” respecto al movimiento de estas enormes estatuas pétreas de la Isla de Pascua.

La clave de muchos de los enigmas que aún perduran en la Isla de Pascua seguramente será aclarado poco a poco, a medidas que el origen de sus primeros habitantes sea identificado.

La teoría oficial proveniente de los años 1886 enunciada por J.L.Gardnier y que nos habla del origen polinesio de los antiguos habitantes de la isla ha sido avalada por antropólogos modernos, pero también existe la teoría del origen americano de la población de Polinesia.

Thor Heyerdahl, el antropólogo noruego ya mencionado en este trabajo, en el año 1987 descubrió una muralla de mampostería que avalaría esta teoría. Esta expedición en la cual se incorporaron los españoles Antoni Pujador y Francesc Amorós, quienes conjuntamente con el ingeniero chileno Pablo Teutsch declararon que, esta base de una gran muralla de mampostería tenía encajes perfectos, lo que demuestra que la teoría de una emigración procedente de los altiplanos latinoamericanos podría ser factible ya que, los polinesios jamás trabajaron tan perfectamente la piedra. Aunque nada es definitivo las teorías del origen de los pascuenses también se añaden al traslado de sus estatuas.

 

Rampas de Lanzamiento

Últimamente estudios realizados en la Universidad de Los Ángeles por la arqueóloga Anne van Tilburg, quien ingresó los datos en un ordenador y elaboró un "software" simulando todas las posibilidades técnicas de transporte, eliminó la posibilidad que el traslado de los moai fueran arrastrados por sogas.

La explicación más verosímil, según los resultados de la prueba, es que los colosos se colocaron sobre dos troncos de palmera dispuestos en ángulo agudo. Bajo ese soporte se ponían transversalmente otros troncos, que rodaban bajo el peso de la piedra. Repitiendo muchas veces la operación, la estatua se desplazaba con razonable velocidad. Cuando llegaban a destino, las esculturas se alzaban colocando tierra y piedra bajo su torso. Los troncos usados para el transporte servían como palanca, hasta, que el coloso se apoyaba en una especie de rampa y entonces se lo empujaba hacia la posición vertical. La arqueóloga americana dio un nombre a su teoría, que denominó "rampas de lanzamiento".

El estudio por ordenador dio algunas sorpresas, pues al estudiar los huesos de los antiguos pobladores de la isla, las dimensiones de sus cuerpos, su fuerza y la cantidad de calorías necesarias para un trabajo duro, se dio como resultado que se necesitaron un promedio de 63 personas que trabajaran cinco horas por jornada durante seis días. Para ponerlo en pie, las mismas personas debían trabajar otros seis días. Esta teoría explicaría la guerra que estalló en la isla, ya que el culto de los pobladores a los moai restaba brazos a la agricultura y la pesca, y el deterioro ambiental fue consecuencia de talar indiscriminadamente a los árboles. Lógicamente hubo entonces carestía, lo que generó el conflicto.

A pesar que estos estudios hechos por la arqueóloga de California, Anne Van Tilburg de mucho prestigio, no pasa de ser una hipótesis más respecto al traslado de los moai, aunque la tradición y la leyenda de la Isla de Pascua nos sigan hablando de una fuerza vital llamada mana, que hace caminar a los moai, y los hace desplazarse a sus puestos de observación al infinito.

Nota final: Para proteger la lengua pascuense es indispensable escribir bien los nombres. La palabra Moai, no acepta plural como en lengua castellana, o sea es indistintamente “el moai” y “los moai”