CRIOGÉNESIS: A LA ESPERA DEL AVANCE CIENTÍFICO
Javi Monllor Miralles
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Desde la antigüedad, la humanidad ha manifestado temor ante la muerte por el
simple hecho de no saber qué pasará cuando los organismos del cuerpo dejen de
funcionar. Está claro. Si no hacemos nada, el cuerpo se descompone y se
desintegra, quedándonos la esperanza de qué va a pasar con el alma.
Posiblemente se reencarnará, irá a otro mundo o dimensión o, simplemente
desaparecerá. No podemos acertar el desenlace de nuestro espíritu, y por el
momento nadie nos ha demostrado cuál será su destino.
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El concepto de muerte varía según las diferentes culturas y épocas. Una
anciana, afirmaba creer firmemente en la existencia de otra vida después de la
muerte. Decía que sería una vida mucho mejor que ésta que nos toca vivir
ahora.
Las personas se pueden estar preguntando el por qué de esta confianza y
seguridad ante la muerte. "Mi muerte -respondía la anciana-, será una
muerte
feliz y alegre esperando encontrarme con algo mejor, posiblemente lo encuentre
o no; por el contrario, quien piensa que con la muerte termina todo va a tener
una muerte infeliz y desgraciada". Aquí se observa la gran necesidad que
tiene
el ser humano por mentalizarse de que después de la muerte hay algo mejor.
En las sociedades occidentales, la muerte se considera como la separación del
alma del cuerpo. En esta creencia, la esencia del ser humano es independiente
de las propiedades físicas. De aquí que, en esta creencia, se ha determinado
el
cese de la respiración como el signo de muerte.
Hasta ahora se creía que la muerte se producía cuando las funciones vitales
-la
respiración y la circulación (expresada por el latido cardiaco)- se detenían.
Sin embargo, este punto de vista parece ser falso, debido a que los
avances
médicos hacen posible que se mantenga la respiración y la función cardiaca
mediante otros métodos artificiales. Según esto, podemos definir el concepto
de
muerte como la pérdida irreversible de la actividad cerebral.
Fases de la Muerte
El profesor soviético Negowski hizo un estudio sobre las diversas fases de la
muerte. La primera la definió como “fase límite”, en la que desaparecen
paulatinamente la respiración y los latidos del corazón, en cambio, el cerebro
todavía sigue funcionando. La segunda fase es la “agonía”, que se
caracteriza
por la desaparición de la conciencia y los dolores; como una lucha contra la
muerte. La tercera fase, la “muerte clínica”, consiste en la destrucción
irreversible de las células ganglionares (pérdida de la actividad cerebral)
por
la falta de oxígeno en la sangre. Incluso, durante los últimos años, este
concepto ha sido puesto en tela de juicio, ya que una persona puede perder toda
capacidad para ejercer su actividad mental superior y sin embargo mantener las
funciones cerebrales inferiores, como la respiración espontánea. Por esta
razón, algunos científicos argumentan que la muerte debe ser considerada como
la pérdida de capacidad para la interacción consciente o social. La muerte
absoluta se podría considerar como la ausencia de actividad en los centros
cerebrales superiores -principalmente el neocórtex.
Ahora sabemos que la muerte del ser humano está programada, mediante una serie
de fases, y llega a su fin con la muerte del cerebro. No obstante, existen
otros científicos que afirman, que la muerte no empieza en la “fase límite”,
sino antes de nacer. Cuando se es embrión, empieza realmente el proceso de la
escorificación y de los fenómenos de desgaste conocidos como vejez.
Científicamente, la muerte aparece con la inactividad cerebral; aún así,
necesitamos creer que habrá algo más. De momento no sabemos qué hay al otro
lado de la muerte y, por temor, nos resistimos a ella.
Momias Congeladas
En febrero y marzo de 1999 el estadounidense John Reinhard realizó una
expedición que terminó con el hallazgo de tres niños incas congelados. Las
tres
momias se hallaban cerca de San Antonio de los Cobres, en el volcán
Llullaillaco (6.739 metros de altura). A pesar de sus 520 años de antigüedad,
presentaban un perfecto estado -los análisis realizados demuestran una perfecta
conservación de los órganos. Parecía como si estuviesen vivas. Actualmente
las
momias, la Doncella (15 años), el Niño (7 años) y la Niña del Rayo (6 años),
se
conservan en la Universidad Católica de Salta.
¿Qué sucedió, hace 520 años en lo alto del volcán Llullaillaco, para que
los
niños murieran en esas condiciones? Antiguamente, los incas realizaban
sacrificios de niños para obtener así la ayuda de sus dioses, lo cual es
bastante probable que pudiera haber sucedido, ya que junto a los cuerpos
también se hallaron collares, estatuillas de oro y plata, y mantas de vicuña.
Pero, ¿por qué estaban congelados? Posiblemente la civilización inca tenía
el
conocimiento de la revitalización de cuerpos congelados o, simplemente, tenía
la confianza de poderlos revivir años más tarde. De momento no sabemos si fue
una simple casualidad la muerte por congelación de los niños, o fue un
premeditado y estudiado proyecto científico. Lo que podemos asegurar es, que la
creencia que pudieron tener los incas, hoy en día es una práctica que cada vez
convence más al ser humano.
Fe en la ciencia
Los primeros trabajos en la física de bajas temperaturas realizados por los
químicos británicos Humphry Davy y Michael Faraday, entre 1823 y 1845,
allanaron el camino para el desarrollo de la criogenia. En cambio, no fueron
los primeros, ya que la iniciadora de esta rama parece ser que fue Francis
Bacon, quien investigó los efectos causados por las bajas temperaturas allá
por
el año 1626.
La criogenia (“kryos”, del griego “frío”) se encarga del estudio y
utilización
de materiales a temperaturas muy bajas -según el Instituto Nacional de Modelos
y Tecnología de Estados Unidos a temperaturas inferiores a 150 grados
centígrados bajo cero.
La crionización en los seres humanos consiste en mantenerlos congelados después
de su muerte clínica para, en un futuro, descongelarlos y devolverles la vida.
Los cuerpos, o simplemente las cabezas, se conservan en contenedores a 190
grados centígrados bajo cero por medio de nitrógeno líquido -capaz de
proporcionar temperaturas extremadamente bajas. Esta técnica ya se utilizaba
para la conservación de células, órganos, tejidos o, incluso embriones. Sin
embargo, últimamente está creando una gran expectación, por el hecho de tener
la posibilidad de vivir “eternamente”. En todo el mundo sólo hay tres
centros
que se encuentran en Estados Unidos, en los que hay un centenar de cuerpos
humanos y varias decenas de animales, esperando el progreso de la ciencia. Si
te interesa este método puedes dirigirte al Cryonics Institute (en Clinton
Township, Michigan), Alcor Life Extension Foundation (en Scottsdale, Arizona),
American Cryonics Society (en Cupertino, California) o Trans Time Inc. (en San
Leandro, California).
Inhumación De Los Cadáveres Congelados De Un Matrimonio Francés
El médico francés Raymond Martinot, estaba muy interesado en la congelación
de
cuerpos, y dedicó gran parte de su vida a crear un sepulcro-congelador (de dos
metros y medio de largo y un metro y medio de ancho) que permitiera su
conservación después de muerto. En 1974 ya tenía construido el arcón
frigorífico en una cripta de su castillo de Neuil-sur-Layon (Francia), y dejó
todas las instrucciones necesarias para la congelación de cuerpos -entre otras,
inyectar un líquido anticoagulante en el cuerpo y mantenerlo a 60 grados
centígrados bajo cero- en manos de su hijo Remy. Tampoco le faltó pensar en
los
accidentes que se podían producir mientras estaba congelado. Para ello, puso un
generador y un servicio de manutención semanal que prevendrían una posible
falta de suministro eléctrico; y tuvo en cuenta todos los factores en caso de
producirse un terremoto.
Cuando el proyecto ya estaba terminado, se produjo la muerte -en 1984, a los 45
años de edad- de Monique, su mujer, como consecuencia de un tumor cerebral. Un
inesperado hecho que le hizo llevar a cabo todo el proceso de congelación con
el cadáver, sin comunicárselo a las autoridades.
En el mes de febrero le llegó la muerte a Martinot. Su hijo Remy trasladó
rápidamente el cadáver con una ambulancia refrigerada desde el hospital hasta
su castillo. Allí, hizo todos los preparativos, y lo depositó junto a los
restos de Monique a la espera de que, algún día, la ciencia pueda devolverles
la vida.
La historia hubiera podido tener un final feliz, pero esto no termina aquí. El
13 de marzo, la justicia francesa ordenó la inhumación de los cuerpos, que se
encontraban en el castillo con la esperanza de reunirse otra vez en el futuro.
La legislación francesa establece que todo cadáver debe ser inhumado o
incinerado en un plazo máximo de seis días después de su fallecimiento. Sin
embargo, permite la sepultura en terrenos privados, pero alegan que conservar
un cadáver en un congelador no se puede considerar como entierro, sino como
ilegalidad.
¿Qué pasará con los cuerpos de Monique y Martinot, se les permitirá su última
voluntad, o les quitarán la posibilidad de ser “resucitados”? Todo esto está
en
manos de Remy, ya que tiene la posibilidad de trasladar los cadáveres de sus
padres a Estados Unidos donde sí se permite la criogénesis.
Timeship. Arca De La Resurrección
En los próximos años se llevará a cabo en Estados Unidos el proyecto Timeship
(“La Nave del Tiempo”), que se encargará de mantener congelados a diez mil
cadáveres humanos, embriones clonados de especies en peligro de extinción, ADN
de animales vivos y extinguidos, copias de ADN humano y una gran cantidad de
órganos para ser trasplantados. Timeship constará de uno de los edificios -con
hotel, centros de conferencias, hospital, almacenes biológicos y laboratorios
para la investigación de la bio-vitrificación y los métodos para revivir
cadáveres- más seguro del mundo, previsto para ataques terroristas, guerras,
bombas nucleares, tornados, terremotos, inundaciones a causa del aumento del
nivel del mar por el recalentamiento global y deficiencias en el suministro
eléctrico. El proyecto lo llevará a cabo el arquitecto italiano Stephen
Valentine (abarcando 24276 metros cuadrados en el sur de Estados Unidos) y
estará lleno de símbolos relacionados con el renacimiento (pirámides, fénix,
símbolos budistas...).
La empresa garantizará la conservación de las cabezas o cuerpos clínicamente
muertos para, en un futuro, descongelarlos y devolverles la vida mediante la
clonación o mediante micromáquinas capaces de reparar las células.
El proyecto tiene un presupuesto de 180 millones de dólares (216 millones de
euros), de los que ya hay recaudados 20 millones (24 millones de euros); y se
estima que su construcción empezará en el 2005. El dinero restante se obtendrá
de las suscripciones de futuros clientes; siendo el precio de congelación de un
cuerpo de 150.000 dólares (180.000 euros) y 50.000 dólares (60.000 euros) de
una cabeza. Si podemos vivir eternamente, el precio puede parecer bastante
asequible pero, después de ser devueltos a la vida, ¿tendremos que pagar el
método empleado para realizar el “milagro”? Si es así, ¿de dónde vamos a
obtener el dinero?
¿Fantasia o Realidad?
El método de la criogénesis parece todavía una fantasía, pero la experiencia
dice que lo consolidado como fantasía pasa a ser una realidad. Hace poco, la
clonación parecía sacada de una película de ciencia ficción, y ahora es una
realidad que ha dado un vuelco en el pensamiento de las personas. La mayor
parte de los científicos piensa que la resurrección de un cuerpo clínicamente
muerto es imposible, y nos afirman que todavía no son capaces de revivir un
corazón o un riñón congelados. Los creyentes de esta técnica dicen que la
ciencia del presente está aquí pero, ¿quién sabe dónde estará la ciencia
del
futuro?
Suponiendo que un cuerpo pueda ser resucitado, ¿cuál será su reacción al
encontrarse con una vida completamente diferente a la que tenía? Posiblemente,
esto llegaría a causar un trauma psicológico que podría acabar con la especie
humana. ¡Estamos hablando del fin de la existencia humana!
FUNDACIÓN ALCOR (Arizona)
La fundación Alcor mantiene la posibilidad de poder devolver la vida a
pacientes muertos, y posteriormente congelados, en un plazo de unos 100 años.
Para ello utilizan la vitrificación, que consiste en poner el cuerpo en una
sustancia, evitando así que queden muy dañados los tejidos por la formación
de
cristales de hielo. Las personas que creen en este método llevan un brazalete,
una cadena y una credencial, en las que se indica que, en caso de
fallecimiento, deben ser congelados y no embalsamados o sometidos a autopsias.
LOS INVENTORES DEL EMBALSAMIENTO
Se cree que los antiguos egipcios fueron los primeros que practicaron el
embalsamamiento, mediante el cual, un cuerpo muerto se preserva de forma
artificial para retardar el proceso de descomposición. Los egipcios creían que
era necesario preservar el cuerpo para permitir la supervivencia del alma. Los
métodos antiguos de embalsamamiento incluían inmersiones del cadáver en
carbonato de sodio e inyecciones de sustancias naturales, tales como hierbas
balsámicas, en sus cavidades. Después envolvían al cadáver con vendas
creando
una momia.
Los objetivos esenciales del embalsamamiento moderno son la conservación de los
cuerpos para retrasar el enterramiento y evitar la transmisión de infecciones
tanto antes como después de éste. Se utiliza la cosmética para disimular
heridas faciales o por razones estéticas. En la actualidad, los métodos de
embalsamamiento consisten en extraer toda la sangre y los gases del cuerpo, e
inyectar un líquido desinfectante; se extraen las vísceras, se tratan con un
líquido embalsamador y después se vuelven a insertar en el cuerpo, en donde se
rocían con un polvo conservante. Esta práctica es muy común en muchos países.
WALT DISNEY
El 15 de Diciembre se celebra el 35 aniversario de la muerte de Walt Disney; el
gran dibujante, productor, y director de dibujos animados que nació en Chicago
(Estados Unidos) el 5 de diciembre de 1901.
Fue quien inventó el primer dibujo animado con sonido, el primero en colores,
la primera película animada hablada y la primera con sonido estereofónico.
Desde su muerte se ha extendido el rumor de que fue uno de los primeros en
probar el sistema de la criogénesis, permaneciendo congelado desde 1966. Pero
la verdad es otra. Walt Disney murió como consecuencia de un cáncer de pulmón
y
fue incinerado, en un funeral muy íntimo. Ahora bien; el mismo día de su
muerte, la Crionycs Society de California ofreció su primera conferencia. De
aquí, y del interés mostrado por Walt Disney en la criogénesis, salió toda
la
historia que alguna vez en nuestras vidas hemos escuchado.