Entrevista a Vicente Juan Ballester Olmos

Por Laura Sali

¿Qué sabe el Ejército español sobre los ovnis?

Revelaciones de los archivos desclasificados

            El mito ufológico sobre la existencia de secretos bien guardados por las fuerzas de seguridad de los países más involucrados en avistamientos de ovnis sigue vivo. Puertas adentro del Ejército del Aire español se ha guardado durante décadas información privilegiada que alimentó la imaginación de los más creyentes e hizo dudar, quizás, a los más escépticos.

Vicente-Juan Ballester Olmos, ufólogo valenciano de gran trayectoria a nivel internacional, fue el único investigador civil que ha logrado entrar en Pegaso, el centro de mando y control de la Defensa Aérea española, ubicado en un búnker subterráneo en la base de Torrejón, para despejar el misterio. Durante cientos de horas revisó la totalidad de los archivos ovni oficiales en las instalaciones del Mando Aéreo de Combate (MACOM) y actualmente atesora varias notas técnicas confidenciales emitidas durante el proceso de desclasificación.

En esta entrevista, Ballester Olmos desvela los interrogantes del proceso de apertura de estos archivos y cuenta en detalle el contenido jamás revelado a la opinión pública sobre los secretos que atesoró el Ejército del Aire. Las sombras se evaporan.

 

Pregunta: ¿Qué repercusión tuvo la desclasificación en la sociedad?

Respuesta: La desclasificación de los papeles ovni del Ministerio de Defensa ha hecho correr verdaderos ríos de tinta en los medios de comunicación, tanto los generales como, sobre todo, los especializados. Y no solo al principio, sino durante los ocho años que ha durado el proceso. Fundamentalmente por dos aspectos. Primero, la prensa sensacionalista y los varios propagandistas y oportunistas de la ufología comercial veían como uno de sus argumentos ("el Gobierno oculta información, luego lo que sabe debe ser muy gordo") se les venía abajo, al poner los expedientes ovni en el dominio público y comprobarse que no había en ellos nada del otro mundo, y nunca mejor dicho. Y en segundo lugar porque a medida que iban saliendo los expedientes a la luz, éstos eran comentados y su contenido discutido en los medios especializados. Cientos de artículos, innumerables debates en radio y televisión e incluso varios libros se han publicado sobre esta materia, aunque la obra definitiva está todavía por escribir.

            El halo de misterio sobre los documentos en manos del Ejército del Aire tiene su origen en 1979, cuando la Junta de Jefes de Estado Mayor (JUJEM) determina que los asuntos ovni sean “materia reservada”, es decir, clasificados o secretos. Hasta entonces, el Ejército había respondido con negativas a las demandas de información por parte de los investigadores. Pero en 1990, Ballester Olmos marca un hito en la historia de la ufología. Junto a Joan Plana se propone la ardua tarea de recopilar y analizar los avistamientos ovni por parte de personal militar y de aviación civil.

            Decide entonces dar un salto cualitativo. Sus entrevistas con el comandante jefe de la Oficina de Relaciones Públicas (ORP) del Ejército del Aire, así como con el coronel a cargo de la Sección de Seguridad en Vuelo (SEGVU), responsable directo de los archivos ovni, fueron la clave para que se iniciara, en 1991, el proceso interno que desencadenó que el jefe del Estado mayor transfiriera la totalidad de la documentación al Mando Operativo Aéreo en la base aérea de Torrejón y pidiera un estudio de viabilidad de su posible desclasificación, que terminó concretándose en abril de 1992.

 

            P: ¿Qué influencia tuvo la desclasificación de archivos en la comunidad internacional?

R: El fenómeno de la desclasificación ovni oficial en España ha tenido una amplia difusión internacional y ha provocado fenómenos de transparencia informativa semejante en otros países: Suecia ha liberado sus expedientes de los "cohetes fantasma" de 1946, Portugal ha hecho públicos informes oficiales de observaciones ovni por pilotos de su fuerza aérea, Italia, Filipinas, Rusia y otros países han abierto sus archivos ovni desde entonces. Para mí, la influencia ha sido enorme y positiva.

 

P: De la desclasificación, ¿qué papel se puede deducir que tuvo el  Ejército del Aire en el avistamiento de ovnis?

R: El de impotencia. Como los ejércitos del aire de otros países. En primer término, la responsabilidad primera de las Fuerzas Aéreas es salvaguardar y defender el espacio aéreo nacional. En consecuencia, cualquier cosa que suponga un peligro o una amenaza cae bajo su área de responsabilidad. Por eso los informes ovni son competencia de Ejército del Aire. Pero los avistamientos no devienen en amenaza constatada. No hay agresión. Además, la evidencia física es escasa, cuando hay registros fotográficos o de película finalmente se trata de globos o de misíles balísticos o de aviones. Cuando hay registro de radar o bien se trata de globos meteorológicos o bien no hay avistamiento visual que se correlacione con la traza desconocida del monitor, o simplemente la información es pobre.

 

P: ¿Cuál fue la actitud del Ejército del Aire ante casos de esas características?

R: A pesar de que en 1968 se dieron unas normas para su investigación, el Ejército del Aire ha tratado de investigar el tema con mejor voluntad que éxito y al ser incapaz de llegar a alguna conclusión material, se ha decidido por la inacción. Igual que la gran mayoría de países de nuestro entorno. Cuando los informes de los encuestadores militares recomendaban (como se ha hecho en dos ocasiones) que se creara una comisión de investigación, las autoridades del Aire no han sido sensibles a dicha recomendación sobre la base de que ello se escapaba de sus responsabilidades directas y que en todo caso sería objetivo de un ministerio de Ciencia, o la Universidad, por ejemplo. Ignorancia es la palabra que mejor define, a mi juicio, el conocimiento que tiene el Ejército del Aire de la cuestión ovni, en patente contradicción con las ideas “conspiranoicas” y ridículas de los defensores del mito de que Defensa y los gobiernos tienen una información privilegiada acerca de los ovnis, que naturalmente ocultan de la vista de público. Basura de prensa amarilla.

 

P: Podríamos decir que su papel ha sido el de asesor informal de la Inteligencia militar: ¿qué le ha reportado estar en esa posición clave?

            R:  La generosa credibilidad personal que me otorgaron los oficiales de Estado Mayor con los que tuve la fortuna de tratar me ha permitido una posición privilegiada, única e irrepetible en todo este proceso.  He vivido experiencias inolvidables y tengo la fortuna de atesorar copias de las varias notas técnicas confidenciales emitidas por el MOA durante la desclasificación y, incluso, dispongo de copia completa del archivo de correspondencia entre civiles y el Ejército del Aire entre 1967 y nuestros días. Y he tenido acceso a diversos informes y oficios elaborados por el Ejército del Aire a resultas de la publicación en revistas de falsos casos de observaciones ovni con implicación militar.

 

P: ¿Nos puede adelantar el contenido de algunos de esos documentos inéditos?

R: El proceso de desclasificación se intentó desbaratar por parte de Juan José Benítez, con una maniobra bastante opaca que trataba de involucrar a Su Majestad la Reina. Por fortuna, la Casa Real entendió que el comportamiento del escritor dejaba bastante que desear y en una carta fechada el 25 de febrero de 1992 al teniente general Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa de SM el Rey, el Marqués de Mondejar, jefe de Gabinete del Rey, escribió al jefe del Estado Mayor del Aire para aguar las pretensiones del citado autor, quien ni más ni menos quería que se abortara la todavía no iniciada desclasificación pública y que los archivos fuesen conocidos... a través de un libro suyo, libro que la gente interesada tendría que comprar, naturalmente. Vergonzoso.

P: ¿Qué hubo de cierto en el avistamiento ovni que involucraba a dos estaciones de radar y un avión de combate, publicado por Bruno Cardeñosa en 1996?

R: Ese plumilla de la ufología comercial que es Cardeñosa publicó un largo artículo que pretendidamente implicaba al Ejército del Aire. En un ejercicio de desfachatez periodística, publicó la información sin encomendarse a Dios ni al diablo. A raíz de la publicación hice mis deberes y logré que hubiera una investigación interna, que culminó en un informe de varias páginas en el que se descalificaba la información, que era a todas luces falsa. Y es que esa gente atropella uno de los más elementales derechos del público: el derecho a recibir una información veraz.

         P: ¿Algún otro documento inédito que sea de especial interés?

         R: Varios. Por ejemplo, también es desconocida la monografía sobre el fenómeno ovni escrita en 1998 por el teniente coronel Enrique Rocamora para el curso de acceso a General y cuyas cerca de 300 páginas versaron sobre el fenómeno ovni en su relación con el Ejército del Aire. Es especialmente lúcido el análisis de la historia de la desclasificación y la (des)calificación de ciertos individuos que han intentado por todos los medios torpedearla, tergiversarla y ensuciar su transparencia, por mor del sensacionalismo y de sus absurdas creencias. El informe es todavía secreto.

 

P: La desclasificación formalmente terminó en 1999. Pero sé que usted ha proseguido sus acciones en esa área encaminadas a la búsqueda de más información, con resultados sorprendentes.

R: El último expediente se desclasificó en abril de 1999 y no estaba previsto. Fue, como varios otras eventos de la desclasificación, resultado directo de mis gestiones. Consideré que la mejor demostración de que la liberalización de la documentación ovni militar había sido íntegra sería que todo el mundo conociera las varias listas de casos ovni en poder del Ejército del Aire que se han creado desde 1991, en suma, el índice de los archivos oficiales de información ovni. Porque es evidente que la totalidad de los expedientes de casuística del Ejército del Aire han sido entregados a la "voracidad pública", en término acuñado en el entorno militar. Dicho esto, sé mejor que nadie que el paso de los años, el desinterés, errores de comunicación, informes traspapelados, etc. ha hecho que diversos incidentes ovni en el seno del EA se hallan perdido indefectiblemente. Yo dispongo de una larga lista de tales casos, que en su momento ya usé para que el MOA hurgase en todos los rincones de la estructura logística del Ejército del Aire en una vigorosa búsqueda de informes missing, por cierto con resultados espléndidos.  De hecho, gracias a mi intervención ante las instancias militares se ha recuperado más de una treintena de los 122 casos finalmente desclasificados.

 Pues bien, acabada ya la desclasificación, el azar hizo que el coronel Ángel Bastida, primer responsable de la desclasificación y gran amigo mío, fuese destinado a la jefatura del GRUCEMAC (Grupo Central de Mando y Control), que es la unidad que coordina todos los radares del sistema defensivo nacional. Recientemente he girado muchas visitas a la base área de Torrejón con el objetivo de localizar datos de radar de algunos de aquellos casos inexistentes en forma de expedientes. Bastida se tomó la molestia de buscar en los libros de control referencias a avistamientos extraños o detecciones anómalas en las diversas fechas para las que yo tenía registrados incidentes ovni, con la fortuna de que encontramos bastantes anotaciones de interés, que complementan y se suman a la documentación ya conocida. Mi próximo paso será informar de la existencia de todas esas anotaciones de los libros de servicio a la máxima autoridad del EA y solicitar se transcriban y desclasifiquen, ya que por su antigüedad y por su naturaleza no se pueden considerar en modo algunos elementos que afecten a la seguridad nacional.

 

La vuelta de página que protagonizó Ballester Olmos en la historia de la ufología, sin embargo, provocó que sus detractores salieran a la palestra para criticar su actuación en la desclasificación de archivos. Lo han acusado de ser un asesor a sueldo del Ejército del Aire, de manipular la información obtenida, y de actuar como una especie de filtro para que lo realmente jugoso de la documentación continuara entre sombras.

 

P: En algunos medios ufológicos se han llegado a decir que usted estaba a sueldo de los militares para manipular la desclasificación: ¿que hay de ello?

R: Los propagandistas y los vendedores de misterios han sido patéticos con esto. En primer lugar, nadie ha obligado al Ejército del Aire a facilitar a los ciudadanos los expedientes ovni que ha tenido archivados desde 1962. Podían haberse mantenido en secreto otros 30 años. No tiene el menor sentido que el EA se auto imponga una desclasificación de documentos para, a renglón seguido, enmendar un dato horario para que un caso pueda ser explicado como una errónea observación del planeta Venus. Memeces. Pues hay un libro por ahí que dedica sesenta páginas a defender esa tesis indefendible. Sobre todo cuando hay informes, por ejemplo de los casos canarios de los años setenta (que recientemente hemos descubierto que se debieron al lanzamiento de mísiles Poseidón de la marina de los EEUU), en que el juez informador simpatizaba con la idea de una nave extraterrestre como origen de los fenómenos. ¿Por qué manipular los de menor trascendencia? Ridículo. Pues bien, en mi capacidad de director de investigaciones del CEI de Barcelona y arropado por un buen número de experimentados ufólogos, ingenieros, físicos, astrónomos, etc., propuse al Ejército del Aire poner a su disposición esa fuerza de análisis para el estudio de los diversos expedientes. Mi propuesta fue elevada al más alto escalón y considerada por el departamento jurídico del EA, quien llegó a establecer un preacuerdo formal de colaboración entre el CEI y el EA. Naturalmente, tanto el general jefe del Mando Operativo Aéreo, mi buen amigo Alfredo Chamorro, como yo mismo, coincidimos que lo deseable era la fórmula de una colaboración informal entre ambas partes, o como el laureado general lo denominó en una afortunada expresión, un "acuerdo entre caballeros". Acuerdo que propició mi fructífera relación con el MOA y mi seguimiento de cerca del proceso de desclasificación. Como es natural, nuestra colaboración se realizó sin ninguna contraprestación. Sin embargo, los intoxicadores profesionales de lo insólito han faltado a la verdad indicando que yo había firmado un "contrato laboral" con el EA para ejercer determinadas demoníacas funciones.

 

P: ¿Por qué el Ejército del Aire no revoca o contradice tantos artículos que hablan de apariciones en instalaciones castrenses o de sucesos ovni por parte de militares y que luego resulta que son inciertos?

R: Bueno, la Administración no suele ir corrigiendo informaciones o noticias falsas, a menos que tengan gran trascendencia, y menos el Ministerio de Defensa. Se cuenta con que el periodista responsable verificará primero lo que le han contado sus fuentes y no se precipitará al vacío de la noticia sensacionalista. Y en cuanto al periodista irresponsable, nadie le impedirá que sea portavoz de sandeces. Y de esos en ufología tenemos muchos. Mi experiencia en consultas al estamento militar con el propósito de contrastar informaciones de corte sensacionalista me dice que cuando preguntas por ciertos hechos que sí han ocurrido, o no obtienes respuesta, o se escudan en su clasificación de materia reservada para no confirmártelos, o la respuesta es deliberadamente ambigua. Pero si, por el contrario, los hechos son ficticios, normalmente se comprometen por escrito (ya que nada tienen que ocultar) y entonces recibes una carta argumentando incluso en detalle la inexistencia de los hechos consultados. Esa carta, en papel membrete de una institución militar y firmada con el puño y letra de un Oficial, es una afirmación de corte profesional que deviene en cuasi carácter notarial porque procede de la administración militar, que es parte del Estado.

Yo tengo muchos ejemplos de ambas situaciones. De la segunda, me referiré al artículo infumable que publicó uno de las personas que más está desacreditando la ufología, Bruno Cardeñosa, sobre unos hechos acaecidos en abril de 1991 en la playa del Diablito, al sur de Gran Canaria. Allí, supuestamente unos soldados se habían liado a tiros contra unas sombras en la oscuridad. El excelente investigador tinerfeño Ricardo Campo movió Roma con Santiago para descubrir que todo parecía una invención. Entre otras cosas, cartas de mandos militares le expusieron lo absurdo del hipotético procedimiento empleado. Pues bien, realizada una consulta formal a la Oficina de Relaciones Públicas del EA, Campo recibió una respuesta oficial del comandante jefe de la ORP que refutaba la realidad de los pretendidos hechos y reducía sarcásticamente el artículo de Cardeñosa a la categoría de "ameno guión cinematográfico". Por desgracia, ejemplos así abundan y en su momento se harán públicos para escarnio de la fauna de pseudo ufólogos que pueblan este mundillo.

 

            P: ¿Cuál fue el objetivo último del Ejército del Aire para efectuar la desclasificación? ¿Qué conclusión sacó Ud. de la información obtenida?

R: En realidad el EA no desclasificó para explicar nada, no hizo investigación, se limitaba a facilitar al público el contenido integro de sus archivos. Lo que ocurre es que al mandarles yo informes de análisis de los diversos casos (yo tenía acceso a la información antes de divulgarse), en unas pocas ocasiones los expedientes desclasificados se hicieron eco de los resultados de nuestras investigaciones. Pero hay muchos casos que no se explicaron, simplemente porque los jueces militares encargados de las encuestas eran muy limitados, hicieron una labor de mero trámite o, por el contrario, creían tanto en los ET que pensaron que los mísiles de Canarias podían ser naves extraterrestres, o sea que de todo hubo. Ha sido mi equipo y yo quien ha estudiado al completo los 122 casos desclasificados y hemos llegado a la conclusión de que la mayoría son cosas normales y solo unos pocos son extraños.

 

P: En resumidas cuentas, ¿qué han aportado los casos ovni de Defensa al conocimiento del misterio de los objetos volantes no identificados?

R: La ufología española es un puzzle al que faltaba una pieza importante, la formada por los avistamientos guardados en secreto por el Ejército del Aire. Aunque pocos en número, cualitativamente son 122 casos importantes. Y en cuanto a su naturaleza, el magnífico equipo de especialistas que he liderado estos años para el estudio de la casuística ha llegado a una conclusión genérica que cumple una de las leyes ufológicas más universales, y es que la mayoría de las observaciones pueden resolverse sin apelar a misterio alguno, una vez que han sido suficientemente analizadas. En efecto, hemos comprobado que el 80 por ciento de los casos militares tiene una explicación convencional, un 13 por ciento dispone de una información tan escasa que es imposible su evaluación técnica y, por último, un 7 por ciento, concretamente nueve casos en nuestra muestra, no tienen una explicación a primera vista, por lo que podemos llamarles ovnis genuinos. Lo cual no significa que tengan todos ellos un alto nivel de extrañeza que les haga intrínsecamente inexplicables. De hecho, para siete de ellos hay un escenario razonable que les haría explicables, esto es, hay posibles causas que podrían solucionarlos. Dos de los casos, ambos ocurridos en 1978, presentan elementos que se resisten a ser explicados y aunque la documentación no es excesiva, se merecen la etiqueta de "anomalía aeroespacial".

 

P: ¿Con qué se confunde la gente para ver tantos falsos ovnis?           

R: Hay cinco grupos principales de razones de confusión. Destaca el grupo de explicaciones aeroespaciales, con el 39 por ciento del total, que incluye aviones, globos meteorológicos de tamaño gigantesco, cohetes o mísiles y reentradas atmosféricas. Un 35 por ciento de los avistamientos se explican por estímulos astronómicos, con el planeta Venus a la cabeza, así como meteoros o bólidos, otros planetas y estrellas y hasta la Luna. Causas psicológicas tienen la culpa en el 14 por ciento, como fraudes e invenciones puras y duras, falta de fiabilidad, alucinaciones, etc. Las explicaciones de tipo meteorológico suman un 8 por ciento y finalmente hay un apartado de varios que cubre el 4 por ciento de los errores de observación, entre los que se cuentan los falsos ecos de radar, por ejemplo.

 

P: Si mañana se da un avistamiento ovni, ¿cómo lo investigará la Fuerza Aérea española?

R: Uno de los cometidos de la sección de Inteligencia del MOA, a cargo del teniente coronel Ángel Bastida, fue preparar una nueva normativa a seguir por el Ejército del Aire cuando se les notifique la aparición de un fenómeno del tipo ovni en el espacio aéreo nacional. Dicha normativa fue elaborada sobre la base de los cuestionarios de la USAF y del CEI que yo les había hecho llegar tiempo atrás y, como supe luego con gran satisfacción personal, tomando como libro de texto la obra "Los ovnis y la Ciencia", de la que soy autor junto con el físico valenciano Miguel Guasp. La Instrucción General número 40-5 establece los cometidos de los oficiales informadores (encuestadores), el formulario a cumplimentar por los testigos, los métodos de investigación y el procedimiento para clasificar o desclasificar la información. Esta IG-40-5 se distribuyó en junio de 1992 a todas las unidades del EA para su conocimiento y es de obligado cumplimiento. De hecho, ya ha sido aplicada con éxito en los pocos casos que desde entonces se han reportado directamente a las autoridades aéreas militares y cabe decir que los informes resultantes han sido desclasificados inmediatamente en toda su integridad.

 

La desclasificación española en cifras

AÑO

EXPEDIENTES

PAGINAS

NUMERO DE CASOS

1992

6

86

9

1993

29

385

35

1994

8

499

12

1995

15

476

26

1996

17

426

15

1997

6

52

21

1998

2

11

4

1999

1

18

0

TOTAL

84

1953

122

 

El expediente Manises: una historia desvelada

            Desesperación, miedo, inseguridad ante  lo desconocido. Quizás estos fueron los sentimientos del comandante Lerdo de Tejada aquella noche del 11 de noviembre de 1979. A bordo de un Supercaravelle de la compañía aérea TAE había despegado de Mallorca y sobrevolaba el Mediterráneo con rumbo a Tenerife. Vio dos luces extrañas en el firmamento que en ocasiones parecía que se acercaban a la aeronave. Llegó a creer que se hallaban a pocos cientos de metros del aparato y decidió hacer un aterrizaje no previsto en el aeropuerto de Manises (Valencia),  ganándose las críticas del numeroso pasaje, la mayoría de nacionalidad alemana. Como a raíz de la anormal toma de tierra, otras luces fueron divisadas por el personal de tierra del aeropuerto, las autoridades de Pegaso decidieron mandar el despegue de un Mirage F-1 desde las base aérea de Los Llanos (Albacete), cuyo piloto también tuvo en observación a luces extrañas, aquí y allá. Durante años, este caso se conoció como el “ovni de Manises”.

            La más conocida de las observaciones ovni en España hoy ya está resuelta gracias a la desclasificación en 1994 del informe del Ejército del Aire, recogida minuciosamente en el libro “El Expediente Manises” de Juan Antonio Fernández Peris que desveló la clave de lo ocurrido.

            Las luces rojas que obligaron al desvío del vuelo comercial no fueron otra cosa que la luminosidad de enormes llamaradas de combustión de la refinería de Escombreras (Murcia), en una noche de inigualable transparencia atmosférica y con una importante inversión térmica ambiental. Las luces que el piloto militar avistó, en diferentes y contradictorias direcciones, fueron, en realidad, resplandores del complejo argelino de Arzew, en la costa africana. Al variar el rumbo, advirtió otra luz, que podría ser la estrella Vega. Poco después, y en distinta dirección, divisa en esta ocasión una nueva luz blanca y grande, que no era otra cosa que el planeta Júpiter, aunque el piloto no pudo identificarla. Por si fuera poco todo este despliegue nocturno de luces misteriosas, el avión sufrió blocajes y graves interferencias en los sistemas de seguridad y navegación, causados por las contramedidas electrónicas emitidas por el porta helicópteros Iwo-Jima, de la VI Flota americana, en estado de alerta por la crisis de los rehenes en Irán, que se encontraba muy cerca de la costa valenciana. Toda una conjunción de circunstancias que dieron nacimiento al mito de presencia extraterreste en Manises, ya desacreditado.